Este martes recibí en Lima al presidente de Ecuador, Daniel Noboa, para el Encuentro Presidencial y XVII Gabinete Binacional, el primero de mi gobierno. Desde el 2007, este mecanismo es mucho más que una cita protocolar. Cada año reúne a los ministros de ambos países alrededor de una agenda concreta, que va del comercio a la integración fronteriza y que hoy tiene una prioridad clara, la lucha contra el crimen organizado.
Pocos vecinos en la región tienen una herramienta de trabajo conjunto tan completa, y pocos pueden mostrar lo que el Perú y Ecuador han logrado desde 1998. Los Acuerdos de Paz de Brasilia, que suscribieron ese año los presidentes Alberto Fujimori y Jamil Mahuad, pusieron fin a décadas de enfrentamiento. Ambos apostaron por algo que entonces parecía difícil, una relación de paz e integración. Y hemos avanzado mucho en la dirección que ellos nos legaron. Desde entonces, el comercio entre nuestros países se ha incrementado de US$300 millones en 1998 a US$2.600 millones en el 2025, casi nueve veces más, y las cifras de este año muestran que la tendencia continúa.
Detrás de esas cifras hay empresas y empleos. Cada exportación a Ecuador es trabajo para un productor de Piura, un pequeño exportador de Lima o un comerciante de Tumbes. Las cadenas productivas que cruzan nuestros países se han consolidado y funcionan en muchos casos como una sola. La agroindustria peruana, por ejemplo, provee el alimento balanceado de la industria camaronera ecuatoriana, líder mundial. La inversión también va en ambas direcciones. Hay capitales ecuatorianos por US$161 millones en el Perú, e inversión peruana por US$101 millones en Ecuador.
Pero la integración no se mide solo en dólares, se mide también en personas. El año pasado nos visitaron cerca de 350 mil ecuatorianos, siendo la tercera fuente de turistas extranjeros luego de Chile y Estados Unidos. En la frontera, la relación bilateral se refleja en el uso compartido de servicios públicos. Es así que en setiembre una acción social binacional en Aguas Verdes llevó atención médica a más de cinco mil personas de ambos países, poniendo en evidencia que la paz tiene un valor tangible cuando se traduce en bienestar para nuestros ciudadanos.
Luego de casi tres décadas de cooperación, estamos convencidos de que nuestra relación con Ecuador tiene mucho más potencial por ofrecer. Por eso acordamos con el presidente Noboa abrir, junto con el sector privado de ambos países, un espacio de diálogo empresarial binacional que ponga en valor el potencial productivo que ofrecen nuestros territorios. Este espacio es clave también para continuar promoviendo inversiones, tal como se viene haciendo en el ámbito energético, con un proyecto de interconexión eléctrica que desde el lado peruano supone inversiones por más de US$230 millones.
Para que nuestra relación continúe siendo próspera, la seguridad de nuestras fronteras tiene que ser prioridad, y aquí estamos dando el paso más significativo. Durante décadas, nuestras Fuerzas Armadas se miraron con desconfianza. Hoy, junto con nuestras fuerzas policiales, trabajan coordinadas contra un enemigo común: el crimen organizado. Por eso los acuerdos que firmamos ponen esa lucha en primer lugar. Acordamos reanudar las operaciones coordinadas de nuestras Fuerzas Armadas, ampliar el trabajo de inteligencia de nuestras fuerzas policiales y crear un mecanismo binacional contra el tráfico de armas. La minería ilegal, el narcotráfico y la trata de personas no reconocen límites, y ningún país puede enfrentar solo a estas mafias. Lo mismo ocurre con la migración irregular, detrás de la cual suelen operar redes de tráfico de personas. Por eso reforzaremos el control en nuestra frontera común y los procedimientos migratorios solo por los pasos autorizados.
La minería formal genera progreso, oportunidades y empleo en zonas remotas. Y, además, importantes ingresos para nuestros respectivos Estados, con los que financiamos la salud, la educación y la infraestructura que demandan nuestros pueblos. Debemos asegurar que se desarrolle de manera ambiental y socialmente responsable, especialmente en las zonas de frontera y sin afectar las cuencas hídricas que compartimos. Por ello trabajamos conjuntamente para recuperar la calidad de las aguas del Puyango Tumbes y del Catamayo Chira, y combatimos decididamente la minería ilegal en las cuencas de los ríos amazónicos que discurren entre nuestros territorios. Frente al fenómeno de El Niño, coordinaremos las acciones entre nuestras entidades de Defensa Civil, porque la lluvia no distingue entre un lado y otro de la frontera.
Esta jornada tuvo, además, un sentido regional. Al asumir el gobierno me comprometí a relanzar la Comunidad Andina junto con nuestros hermanos países andinos. Hoy empezamos a cumplir. El Perú recibió de Ecuador la presidencia pro tempore de la Comunidad Andina para el período 2026-2027. En 57 años, la CAN se ha consolidado como uno de los procesos de integración más sólidos de América Latina, con libre comercio y reglas comunes. Desde la presidencia impulsaremos una agenda centrada en el ciudadano, que enfrente el crimen organizado transnacional, brinde mayor resiliencia a la región frente a desastres naturales y amplíe el comercio, las inversiones y la conectividad entre los países miembros.
Hace 28 años nuestros países demostraron que la paz era posible. Pasamos del enfrentamiento a la integración. Hoy buscamos dar un paso más, que es enfrentar juntos al crimen organizado. Nos toca ahora demostrar que esa paz puede convertirse en bienestar, en más empleo, más seguridad y más oportunidades para quienes viven a ambos lados de la frontera. Nos corresponde entregar a la próxima generación una frontera próspera y segura. Ese es el compromiso que asumo, convencida de que completaremos la tarea que nuestras diplomacias acordaron en 1998, fortaleciendo nuestra relación de hermandad en beneficio del desarrollo de nuestros pueblos.
Ha sido un honor recibir al presidente Noboa, con quien compartimos una misma visión de futuro, así como la defensa irrestricta de los valores democráticos. Agradezco su visita al Perú.

