Dos décadas después, Carlos Alcántara vuelve a ponerse en la piel de El Dragón en un momento de renovación personal. A los 61 años, el actor retoma a uno de los personajes más recordados de “La gran sangre” mientras atraviesa un proceso de cambio físico y emocional que le ha permitido recuperar salud, energía y vitalidad. Su regreso no solo marca la vuelta de un personaje emblemático, sino también el inicio de una etapa de transformación.
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Esa transformación emocional vino acompañada, además, de una exigencia física. Alcántara admite que, aunque siempre había hecho deporte, el rodaje lo encontró lejos del estado que requería una película de acción.
“El mayor reto ha sido el físico, porque no estaba preparado. Pensaba que estaba en forma, pero no lo estaba. Estar en forma supone entrenar y descansar con disciplina, como lo hago ahora. Ojalá esto les sirva a muchos hombres de mi edad para ponerse las pilas y cambiar el chip. Más allá de los chips que me haya puesto”, aclara sonriente.
El actor, que en marzo de este año contó que se colocó el llamado “chip de la juventud” o pellet de testosterona, vincula también ese proceso con los cambios que hoy percibe en su vida.
“Me colocaron cuatro chips, cada uno para distintas cosas. Esto forma parte de una tecnología aplicada al bienestar físico que muchas veces se desconoce y, por ignorancia, algunos asocian de inmediato con la idea de querer convertirse en un ‘viejo verde’, y no tiene nada que ver con eso”, enfatiza. “Se trata de compensar lo que el cuerpo ya no produce naturalmente. En el caso de los hombres, la testosterona influye en muchísimos aspectos, no solo en la virilidad. Yo la tenía por los suelos. Por eso era necesario iniciar el tratamiento. Ahora duermo bien, me despierto temprano, tengo ganas de mantenerme activo, tengo deseos y un montón de cosas que se pierden con los años”, remarca.
Las locaciones también cumplen un papel decisivo en esta nueva entrega. Fiel al universo de “La gran sangre”, la película recorre distintos puntos de Lima y vuelve a apoyarse en esa estética urbana, áspera y realista que marcó a la serie desde sus inicios. El Rímac, el Morro Solar, el Callao, La Victoria y Chorrillos no son escenarios que refuerzan el tono crudo de una historia que busca conservar su identidad.
“El estilo de Jorge y, en general, de las ficciones que ha hecho siempre ha sido bastante urbano, rudo, realista”, explica Alcántara. “Aquí los personajes tienen esa fuerza; incluso la gente que aparece dentro de la cárcel impone, da miedo. Y eso es parte de lo interesante”.
A esa continuidad estética se suma la del equipo humano. Buena parte del grupo técnico que hizo posible la serie original vuelve a encontrarse dos décadas después, esta vez con más experiencia y oficio, pero con el mismo vínculo emocional con la historia.
“La dirección de arte de esta película está a cargo del mismo director de arte de la serie. Y gran parte del equipo técnico también ha trabajado antes en este universo. Entonces todo esto tiene un sentido emocional muy bonito”, señala.
Para Alcántara, sin embargo, el verdadero regreso de El Dragón no ocurrió cuando aceptó el proyecto ni cuando empezó a prepararse físicamente. El personaje apareció de verdad recién en el set, frente a la cámara, en el momento concreto en que volvió a habitarlo.
“Fue el primer día de rodaje. Una cosa es pensarlo o prepararlo en casa, pero el personaje apareció de verdad cuando me caracterizaron, me cortaron el pelo, la barba, y me tocó hacer una escena, decir un texto y actuar como El Dragón”, recuerda. “Ahí empecé a disfrutar otra vez de esta profesión que amo tanto y que empecé hace 40 años”.
Ese reencuentro con el público no solo vino de la mano de “La gran sangre”. En esta etapa, Alcántara también regresó a la televisión como jurado de “Yo soy”, un espacio que, según dice, le ha devuelto algo que creía perdido: el entusiasmo por ese formato y la conexión cotidiana con la gente.
“La televisión me ha devuelto la vida”, “Yo juré que nunca más iba a hacer televisión, o al menos eso creí en algún momento. Pero apareció esta propuesta y sentí que podía disfrutarla”, cuenta.
“La química, dice, apareció de manera natural. Ricardo, Jely, Franco y yo venimos de la misma escuela, que es Patacláun. Todos hemos pasado por ahí, así que nos entendemos muy bien. Y Diana Sánchez se ha acoplado al grupo de una manera fantástica: es muy divertida, muy creativa”, reconoce.
Su etapa de renovación, sin embargo, ha coincidido también con un momento personal delicado: el fin de su relación de pareja. Alcántara aclara que no se trata de un quiebre repentino ni de un hecho vinculado directamente con este proceso de transformación física o con su regreso a la pantalla, sino de una historia más larga, atravesada por el desgaste y por decisiones difíciles.
“Ese es un tema personal que prefiero mantener en su lugar, pero yo no me separé en una semana. Creo que nadie se separa así. Las separaciones son dolorosas, duras. He tenido una vida hermosa al lado de mi esposa, a quien admiro y quiero mucho, pero las historias de amor también se terminan”, dice. Y subraya que esta nueva etapa no nace de esa ruptura, aunque ambas cosas hayan coincidido en el tiempo. “Con o sin separarme, igual habría hecho todo lo que estoy haciendo para este personaje, porque necesitaba recuperar la fuerza y la vitalidad para volver a ser El Dragón”, añade.
Más que explicar una ruptura, Alcántara parece concentrado en entender qué lugar ocupa hoy en su propia vida. Habla de una etapa más introspectiva, en la que aprendió a valorar espacios que antes quizá quedaban relegados por el ritmo familiar y laboral. No desde la distancia afectiva, aclara, sino desde una nueva relación con el tiempo y con la soledad.
“Ahora disfruto más de mi tiempo, de estar conmigo mismo. He sido feliz en familia, y sigo estando siempre pendiente, pero hoy tengo más tiempo para mí, para pensar. A mí me gusta pensar. Y pensar en positivo”, resume.
Esa exposición pública de su nueva rutina, sin embargo, también ha traído comentarios y lecturas ajenas. Alcántara no se muestra incómodo con eso. Más bien lo asume como parte del territorio que implica volver a la televisión y estar otra vez bajo la mirada constante del público.
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“Así es la televisión y así hay que convivir con eso. No hago nada malo, no tengo que por qué esconderme. Soy feliz, hago mi vida, salgo, me gusta bailar salsa y no me escondo. Lo mismo que hago ahora también lo he hecho cuando estaba casado. Obviamente con mi esposa”, sostiene. “Si eso se toma como si fuera algo malo, no es mi problema”.
Después de cuatro décadas de carrera, un regreso exigente al cine, una inesperada reconciliación con la televisión y un proceso personal que lo obligó a reordenarse, Alcántara parece haber llegado a una conclusión contundente.
“Defino esta etapa de mi vida como una etapa de renovación, de resiliencia, de muchas cosas. Empezar de nuevo. La vida es linda, hay que disfrutarla”, concluye.














