En Perú, hablar de emprendimiento es hablar de las micro y pequeñas empresas (mypes), que representan más del 99% del tejido empresarial y generan más del 60% del empleo formal; un ecosistema que enfrenta el desafío de evolucionar en un entorno cada vez más digital.
Ahora bien, la transformación ya está en marcha. Hoy, una emprendedora textil en Cusco puede vender sus productos a través de redes sociales y recibir pagos digitales en segundos. Un artesano en Piura puede gestionar su inventario desde una aplicación móvil, mientras que un creador de contenido en Arequipa puede gestionar sus ingresos y egresos con mayor claridad, tomando decisiones más informadas.
Durante este camino, la digitalización de los pagos ha sido clave. Aceptar medios de pago digitales ya no es solo una facilidad, sino una demanda del consumidor. Sin embargo, su impacto va mucho más allá de la venta: según datos recientes de Visa, los pequeños negocios en América Latina utilizan estas herramientas para gestionar múltiples aspectos de su operación: desde compras a proveedores (29%) hasta viajes (18%), combustible (10%) o mejoras en sus locales (9%).
Esto revela un cambio más profundo: los pagos digitales no solo facilitan transacciones, sino que se convierten en una herramienta de gestión, aportando trazabilidad, orden financiero y acceso a información clave para la toma de decisiones.
A ello se suma una transformación en el perfil del emprendedor. La nueva generación combina lo mejor de dos mundos: aunque el 68% mantiene su cuenta principal en un banco tradicional, destina el 63% de su tiempo a canales digitales. Este comportamiento evidencia una preferencia clara por la eficiencia tecnológica sin renunciar a la confianza del contacto humano, y plantea la necesidad de construir experiencias híbridas que integren ambos entornos.
Asimismo, la digitalización está democratizando el acceso a oportunidades. Cada vez más pequeñas empresas pueden conectar con nuevos clientes, diversificar sus ingresos e incluso explorar mercados internacionales. Esto es especialmente
relevante en un país donde el emprendimiento femenino viene ganando terreno. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática, en 2025, el 51,9% de las nuevas empresas creadas en el Perú fueron lideradas por mujeres, muchas de las cuales encuentran en las herramientas digitales una vía para fortalecer su autonomía económica y escalar sus negocios.
Sin embargo, el reto sigue siendo grande. Persisten brechas en educación financiera, acceso a tecnología e inclusión digital, especialmente en zonas rurales. La digitalización no ocurre de manera automática: requiere acompañamiento, capacitación y políticas públicas que faciliten su adopción.
En ese contexto, emprender hoy implica mucho más que tener una buena idea. Implica entender el entorno digital, gestionar con información, aprovechar las herramientas disponibles y adaptarse a un entorno en constante evolución.
Porque, en un mercado cada vez más competitivo, el éxito de un emprendimiento ya no depende solo de su capacidad para empezar, sino de su habilidad para evolucionar. Y en esa evolución, la digitalización es una condición indispensable para crecer, sostenerse y proyectarse en el tiempo.














