La energía desbordante de Thalía aún deja ver a la niña de los años noventa. A la bailarina de “Timbiriche”, formada entre telenovelas y rancheras. A la joven que creció entre el pozole del Día de Muertos y las enchiladas del desayuno, su favorito. Hoy, a sus 54 años, con una carrera que ha cruzado la televisión, hits globales en el género urbano y varias reinvenciones estéticas, la cantante regresa a sus raíces mexicanas con el álbum “Todo suena mejor en cumbia”.
En el nuevo álbum, la ganadora de dos Latin Grammy, con estrella en el Paseo de la Fama, dialoga con aquel espíritu de “Amor a la mexicana” y “Piel morena”, canciones de 1995 y 1997 con tonos de ranchera, regional y cumbia. Entre acordeones, percusiones y coros, abundan también las letras de despecho por un corazón roto, el deseo y la seducción por el ser amado, así como las quejas más íntimas. Tiene nueve canciones, algunas lanzadas recientemente en formato de videoclip, como “Boomerang” y “Ojitos mexicanos”.
El nuevo álbum incluye una colaboración con Yuri, ícono de la música mexicana, en “Todo, todo, todo”. La canción gira en torno al deseo y adopta un aire ranchero que dialoga con la raíz veracruzana de la cantante de 62 años. En el disco también participan Los Ángeles Azules en “Yo me lo busqué”, un tema pegadizo que sigue la línea de sus éxitos recientes. Aquí, Thalía colabora por primera vez con la agrupación mexicana, responsable de canciones como “Amor a primera vista” (con Belinda) y “Nunca es suficiente” (con Natalia Lafourcade).
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No todas las canciones son nuevas. Por ejemplo, está el cover de “Dancing Queen”, de ABBA, que aquí pierde parte de su esencia disco para adaptarse a la cumbia de Thalía, en una canción que dura casi cuatro minutos. En general, el resultado es irregular por momentos, pero la mayoría de hallazgos invitan al movimiento del cuerpo.
El disco suma colaboraciones que refuerzan el rol de Thalía como puente entre generaciones. En los últimos años, se acercó al género urbano, en parte por dinámica de mercado, pero también con la intención de abrir espacio a voces emergentes, como Natti Natasha y Lali Espósito. Esa línea continúa en su nuevo álbum. En “Me fui queriéndote”, comparte con Matisse, banda liderada por Melissa Robles, quien años atrás se volvió viral interpretando “Andar conmigo”, de Julieta Venegas, en la Plaza de Armas del Cusco, mucho antes de alcanzar fama internacional.
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Hace cinco años, la cantante lanzó una compilación de regional mexicano en “Thalía con Grandes Bandas: Éxitos”, donde también se incluyeron reversiones con banda mexicana de “Rosalinda” y “María la del barrio”, temas de las telenovelas que protagonizó en 1997 y 1999. Ambos casos no son netamente cumbia, pero cultivan influencias tropicales de varios tipos, una constante que se mantuvo en su trabajo en los años siguientes.
Para Thalía, aquel sonido de los noventa llegó a funcionar como el nuevo pop. Hoy, en cambio, opta por mirar hacia adentro, ya en la mitad de su década de los cincuenta. En paralelo, su imagen pública no deja de expandirse: se presentó en Premios Lo Nuestro, participó en la serie de Amazon Prime Video, “The CEO Club”, junto a figuras como Serena Williams y Dee Hilfiger, e incluso prestó su voz para una aplicación vinculada a la Biblia. Su agenda está más activa que nunca. Pero, por encima de todo, su México querido y la música siguen siendo su centro.













