La tradición ayacuchana nos dice que, para leer una tabla de Sarhua, se debe seguir un orden vertical y ascendente. Una historia gráfica que se lee de abajo hacia arriba. Este orden no es casual: lo define un simbolismo profundo vinculado a la cosmovisión andina y a la estructura de las viviendas donde la tabla, donada por los compadres de los recién casados, va instalada como la viga que sostiene el techo. A medida que vamos subiendo la mirada, recorremos la historia de los habitantes de la casa, plasmada en escenas cotidianas como la siembra, la cosecha o el tejido. Y por fin, en lo alto, vemos al sol y a la luna, divinos símbolos de protección.
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Ganadora del concurso Pasaporte para un Artista en el 2024, la experiencia en la Cité Internationale des Arts de París le ofreció, más allá de ver museos y conocer colegas, experimentar, por primera vez, el sentimiento de distancia de su familia. Y fue esa ausencia la que le permitió tomar distancia y analizar tanto los vínculos afectivos como los conflictos en el interior. “En la cultura de la que vengo, la familia siempre ha tenido un vínculo muy sagrado, incondicional en los afectos. Y al verlo desde un contexto distinto, contrastándola con conceptos de familias distintos, advertí todo un contraste. Y empecé a escuchar y a recopilar sobre este tema”, señala.
Partiendo del diseño de tablas cuyo propósito original fue plasmar la historia familiar y un árbol genealógico lineal, Quispe Yupari propone una mirada distinta, más realista, atenta a las fricciones y violencias al interior del clan. Partiendo de lo autobiográfico, la artista recopiló información y testimonios y, tras regresar de su residencia artística, empezó a trabajar reinterpretando las tradiciones sarhuinas.
La obra de Violeta Quispe Yupari se exhibe en la Alianza Francesa. (Foto: Mario Zapata)
/ Mario Zapata N.
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Así, la muestra profundiza en los vínculos familiares, pero también los abre y amplía. Para la artista, cruzar el río que separa a la comunidad del mundo le permite también elegir a los miembros de una nueva familia, nuevas personas con las que establecer vínculos igualmente íntimos. En este desmontaje del lenguaje de las tablas, Quispe Yupari cambia el relato lineal plasmado en dos dimensiones, y replantea la narrativa tradicional a la manera de collages o instalaciones, proponiendo una simbología fragmentaria. La tabla tradicional pintada sobre recio molle que nos recibe en la entrada de la galería se va convirtiendo en las piezas intervenidas del cántaro de cerámica de su abuela, o en textiles remendados, símbolo de la reconstrucción de los vínculos.













