Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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Se preparó para ganar con más aparato, angurria y trucos que los demás. No fue un intento de ‘reelección encubierta’ sino ‘descubierta’ desde que renunció el artificial candidato a alcalde, el médico Luis Rubio. Fue una maniobra tan a vista y paciencia de todos que hasta se ahorraron contarnos en público la justificación, alibi o coartada del paso de Rubio al costado.
Se preparó para ganar con más aparato, angurria y trucos que los demás. No fue un intento de ‘reelección encubierta’ sino ‘descubierta’ desde que renunció el artificial candidato a alcalde, el médico Luis Rubio. Fue una maniobra tan a vista y paciencia de todos que hasta se ahorraron contarnos en público la justificación, alibi o coartada del paso de Rubio al costado.
Acabó la elección con el triunfo que vaticinaban todas las encuestas que se siguieron haciendo -aunque de difusión prohibida- en los últimos días; pero no se acabó la incertidumbre.
Hay dos escenarios: o el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) le entrega la credencial a Rafael López Aliaga incurriendo en la prohibición del Art. 194 de la Constitución a la reelección inmediata de alcaldes o se la entrega a la segunda regidora Jeanette Alonzo Contreras, como muchos constitucionalistas sugieren. Por supuesto, la decisión del JNE será la misma para los varios casos coincidentes, que los hay.
Luis Rubio renunció a su candidatura a la Alcaldía de Lima por Renovación Popular. Rafael López Aliaga va como postulante a primer regidor.
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De los que no hay, son casos precedentes en las elecciones del 2022 y del 2018 (antes de ellas se permitía la reelección), en los que se haya dado credencial a un primer regidor que ganó la alcaldía en el período anterior. Quien creyó que había muchos precedentes, cayó en una de las varias narrativas de la campaña.
Credencial o no credencial, ganó Porky y arrasaron sus narrativas tejidas en medios y redes. Ahora, ‘Porky’ arde de triunfo y de dudas. Su partido se llevó la copa metropolitana, pero no necesariamente la portará él en su oficina, ¿de teniente alcalde?. No debe quejarse.
Si la credencial le fuera esquiva, la grita celeste sería contradictoria: ¿Acaso no dijo mil veces que estaba dispuesto a respetar y acompañar al alcalde Luis Rubio si este ganaba? Bueno, pues, lo que vale para Luis tendría que valer para Jeanette, por lo demás, íntima colaboradora suya. Es nada menos que la gerente de finanzas de Renovación Popular (RP) y, antes de ser regidora del actual consejo municipal, trabajó con él.
Presidente del JNE, Roberto Burneo, sigue sin definir si su institución entregará o no las credenciales como alcalde en caso ganen las elecciones las listas lideradas por candidatos a primeros regidores, que fueron elegidos burgomaestres en el 2022. Foto: César Campos/ GEC.
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Si quiso que Lima se mantuviera celeste, que le cueste. Por cierto, ¿cuánto nos costará mantener la estrategia legal litigiosa contra las aspiraciones de Brookfield en la guerra de los peajes; y cuánto nos costará la estrategia financiera de costear proyectos metropolitanos con la emisión de bonos por S/.4 mil millones?
Quien pensó que ‘Porky’ se contendría en la campaña, para no hacerse un harakiri involuntario, se equivocó. Se sobrexpuso en entrevistas y eventos. Sus fans le perdonaron todo y sus críticos se acostumbraron a su clave alta. Compareció en el debate a pesar de saber que le darían de su propia medicina. Evaluó un plan B, que era ausentarse y victimizarse. Pero sus rivales le cortaron esa ruta de escape, reclamando al unísono que lo querían ver allí. Lo necesitaban de punching bag y Samuel Daza, de Fuerza Popular (FP), que salió sorteado para el dueto, le dio duro. Un día antes, Rafael intentó persuadirlo, según denunció Samuel, para que se comporte bonito, como amable aliado político.
La denuncia de Daza apenas le hizo cosquillas en la panza. Como muchas otras denuncias. ¿Qué ha premiado el electorado en Porky? La respuesta tendría que ser interdisciplinaria pero hagámosla simple: que desde Lima se trompee con el poder central para poner en marcha sus trenes (no importa si sirven o no) y sus vías expresas (no importa si quedaron bien o si se completaron); que se pelee constantemente con una parte de los de arriba. Porky es la respuesta elitista al ansia de representación del informal que habita en cada limeño. Porky es transversal.
Jeanette Alonzo, candidata a segunda regidora de Renovación Popular, (a la izquierda de López Aliaga) participó en el tradicional desayuno electoral. Foto: Antonio Megarejo / El Comercio
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Por todo lo visto, si le negaran la credencial, ¿acaso no tendría todas las armas municipales para imponer su criterio ante su correligionaria Jeanette Alonzo? ¿Acaso ella, a pesar de dedicarse a las finanzas, despotricará en público de los intereses de los bonos? ¿Acaso suspenderá, por que le sale el forro, el pago a los abogados que defienden -o complican, vaya uno a saber- la posición de Lima versus Brookfield y, en especial, versus su demanda arbitral ante el tribunal del CIADI por la suma imposible de $2700 millones? No, porque Porky, con o sin credencial, sería en la MML la eminencia panza de burro como el cielo metropolitano.
Ya en el 2023, cuando no había la más mínima duda sobre su legitimidad electoral, se erigió como una suerte de alcalde informal, arengando a la gente a tomar una caseta de peaje (no lo concretó y la liberación de peajes se obtuvo por sentencias del TC y del PJ, que él promovió), expropiando por la vía corta, simplificando trámites con mano dura, presionando al Ejecutivo con trabas al plan de desvíos para las obras de la Línea 2. Ese es el Porky que le gusta a la gente.



