“¿Leyenda?, No estoy interesado en eso”, responde Luis Enrique con un gesto como de aburrimiento por la pregunta en medio de los festejos de la segunda Champions consecutiva del PSG bajo su tutela.
“¿Leyenda?, No estoy interesado en eso”, responde Luis Enrique con un gesto como de aburrimiento por la pregunta en medio de los festejos de la segunda Champions consecutiva del PSG bajo su tutela.
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La escena, muy posiblemente ya viral a estas horas, describe impecablemente al revolucionario español de 56 años que trata a sus figuras –entre ellas, el actual Balón de Oro, Dembélé– como si fuesen absolutamente terrenales y que, obviamente, hereda esa filosofía de su forma de ser. Y sobre todo, al grado de exigencia que tiene con sus dirigidos tras tenerlos absolutamente convencidos de lo que sea que se le ocurra.
“Si perdemos, no pasa nada”, recitó las dos últimas temporadas en las que –irónicamente– lo ha ganado todo con el París Saint Germain, donde le enseñó al mundo que dejar ir a Kilyan Mbappé al Real Madrid era lo mejor que le podía pasar porque entonces “podría controlarlo todo en el juego”.
Y así fue. Hoy Luis Enrique lo controla todo y lo gana todo, también.
“La primera Champions (2025) fue histórica, la segunda lo será más, PSG necesitaba meterse en el grupo de los mejores equipos, ahora estamos ahí, con una manera de jugar nuestra”, dijo luego, ya más calmado y tras dedicarle el éxito a su hija fallecida Xana y corretear por todo el campo con sus dirigidos, su cuerpo técnico y luego junto a su familia.
Con los pómulos excesivamente rojos y una sonrisa extrema, Luis Enrique celebró su bicampeonato en Champions con el PSG con toda la efusividad posible. Brincos, abrazos, poses extravagantes, con bandera, sin camiseta, con la Orejona entre las manos. No se guardó nada el técnico que había ganado su primera Champions como entrenador con el Barcelona en la edición 2015, hace 11 años.
Gabriel Magalhaes erró el penal decisivo para la consagración de PSG. (Photo by Odd ANDERSEN / AFP)
/ ODD ANDERSEN
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“Estos jugadores son diferentes, los tengo que parar de entrenar, cuando alguien disfruta de lo que hace, no tiene ningún mérito para mí… Este equipo va a competir el año que viene”, añadió el también exfutbolista, quien durante el Mundial 2022 compartiría su rol de seleccionador de España con su inusual hobby de volverse streamer.
Luis Enrique, que en el Barcelona construyó un equipo que convivió con el talento irrepetible de Lionel Messi, Luis Suárez y Neymar; en el PSG ha sabido construir un estilo exitoso para ganar el triplete 2025 y ahora otra vez la Champions: posesión, presión agresiva y movilidad permanente que implica intercambio sucesivo de roles para sus jugadores.
Bajo esa premisa casi nadie se le ha podido resistir en finales. “Estos partidos los controla el que va perdiendo y nosotros estamos acostumbrados a jugar contra equipos replegados, frustra mucho jugar así, pero merecimos ganar la final, también lo hubiera merecido el Arsenal, esta temporada hemos hecho algo notable”, recalcó Luis Enrique, que con el PSG ha ganado 9 de 10 finales.
El español solo perdió una final: la del del Mundial de Clubes 2025, cuando cayó 3-0 ante el Chelsea. Con ese récord está listo para irse de vacaciones a Gijón, su tierra.

PSG campeón de la UEFA Champions League. Sumó su segunda ‘Orejona’ consecutiva. (Photo by FRANCK FIFE / AFP)
/ FRANCK FIFE
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Ganó el fútbol, dirían quienes vieron la mayor parte del tiempo al Arsenal de Arteta recostarse sobre un rígido esquema defensivo para sobrevivir los 120 minutos en los que lidió contra la orquesta ofensiva del PSG. El verso frente a la prosa, la magia sobre la ciencia. Lo cierto es que en Budapest se impuso el que más cerca estuvo a partir de encontrar más y mejores formas de conquistar a la Orejona. Y eso, de alguna forma también es poesía.
Porque a diferencia de la final disputada en Múnich el año pasado, donde el PSG se despachó sin remordimientos con un 5-0 letal sobre un esforzado Inter de Milán, ayer en Budapest las distancias en cuestión de favoritismos se acortaron abrumadoramente gracias a una espléndida apuesta táctica del Arsenal, que optó por aplacar la bonanza ofensiva de los parisinos casi todo el tiempo con sus 11 jugadores detrás de la línea del mediocampo.
Arteta eligió el camino que lo ha llevado a ganar la Premier League: recio atrás, rápido al medio y contundente arriba. Lo que no esperó, al menos a esa magnitud, es que el PSG de Luis Enrique nunca jugó con urgencia ni desesperación. Por el contrario, gracias principalmente a Vitinha, buscó pacientemente los argumentos para abrir un cerrojo inglés que parecía forjado en acero.
La escena se hizo aún más difícil para Luis Enrique cuando a los 6 minutos el azar y la suerte se conjugaron para dejar la pelota en pies de Havertz, quien ganó a velocidad por la banda y cuando tuvo a Safonov enfrente, sacó un latigazo tan salvaje como estético y la vez casi imposible para introducir el esférico por el lado menos posible. Gol no, golazo del alemán que respondió al respaldo de Arteta, quien sacrificó a Gyökeres en el once inicial por él.
Marquinhos, el líder del PSG, presume su segunda Champions League. (Photo by Odd ANDERSEN / AFP)
/ ODD ANDERSEN
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Un minuto después, el PSG monopolizó la pelota mientras el Arsenal dedicó sus esfuerzos a replegarse hermosamente como si tratara de un baile practicado por ambos durante semanas: uno trasladando en tres cuartos de cancha y el otro controlando los espacios y reduciendo al máximo el nivel de inventiva del rival.
Entonces apareció Vitinha -elegido MVP del partido- para tocar por bandas, por el medio, a primer toque, por arriba. Siempre sin perder la compostura, casi siempre recuperando rápido. El socio ideal fue Dembélé, dedicado a desgastar a la defensa londinense con tantos intentos.
Hasta que a los 65 minutos Vitinha finalmente encontró una grieta. Y la aprovechó al máximo: pase filtrado a Kvaratskhelia. El georgiano aceleró al borde del área y Mosquera no tuvo más remedio que detenerlo con una falta. Penal y Luis Enrique, que daba vueltas y vueltas al borde del área, explotó por una alegría contenida que luego volvería a estallar gracias a la definición precisa y sublime de Dembélé para el merecido 1-1.
Los jugadores de Arsenal desolados tras perder la final de la Champions League. (Photo by Attila KISBENEDEK / AFP)
/ ATTILA KISBENEDEK
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La paridad no se quebró y entonces vinieron los penales. Cuestión de fortuna o no, el PSG fue más efectivo y el Arsenal entregó el título por un disparo de Gabriel Magalhães que terminó muy lejos del arco.
Fue entonces que, como el clásico de Ernest Hemingway, París fue una fiesta. William Pacho, una de las figuras decisivas en esta final, rompió en llanto mientras a lo lejos todo Ecuador celebraba por su paisano. Marquinhos de rodillas agradeciendo a Dios y más de uno absorto por otra nueva Champions.
El PSG, el mismo que teniendo el tridente Messi-Neymar-Mbappé no había ganado nada relevante, ahora con Luis Enrique alzaría minutos después su segunda Champions League consecutiva, equiparándose con el Real Madrid 2016-2017.
A lo lejos, el primer subcampeón de la historia de la Champions en terminar la competición sin haber perdido ningún partido, contemplaba la hazaña.




