domingo, julio 12

Pasan los tiempos y el lenguaje se reinventa. Periodistas, directores técnicos y jugadores han creado una jerga en permanente actualización. Hemos transitado desde las declaraciones elegantes y alambicadas de Julio César Uribe, quien trataba al balón con la misma gramática sofisticada que a sus entrevistas, hasta los actuales aportes filosóficos del entrenador de Paraguay, el argentino Gustavo Alfaro, cuyas disertaciones sobre el fútbol a menudo resultan un repertorio de citas notables.

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En la dupla narrador-comentarista, el lenguaje se amolda para transmitir la emoción de la experiencia. ¿Quién no recuerda el concepto de “puntero mentiroso”, acuñado por el brasileño Elba de Padua, ‘Tim’, para explicar aquel volante con vocación de delantero que desconcertaba a las defensas? O las lecciones del maestro Alfonso ‘Pocho’ Rospigliosi, quien nos dejó frases que forman parte del ADN peruano: el famoso “Más lento que Pancho Lamarque” —críptica sentencia para definir la falta de velocidad— o la promesa desde su Gigante Deportivo de que “ya vienen los goles de Cubillas”, recordándonos los años dorados de nuestro mayor ‘10’.

Las generaciones mayores evocan también a don Emilio Laferranderie, el ‘Veco’, y su célebre “¡oído a la música!” para abrir el relato, o a su colega Raúl Maraví, que animaba una acción disputada con un “¡esto está que quema!”. Sin embargo, para muchos, nadie elevó la retórica deportiva como don Humberto Martínez Morosini: donde sus colegas apenas decían “pelota”, el periodista arequipeño bautizaba “la de cuero”, “la número cinco” o “el instrumento”. Mientras otros gritaban el gol, Morosini afirmaba que el balón iba directo “al rincón de las ánimas”. Si un arquero se lucía, él sentenciaba que “le quitó la etiqueta de gol a la redonda”. Cuando el partido caía en el tedio, decretaba con contundencia: “aquí no pasa nada”.

El fútbol resulta, ante todo, un juego de lenguaje; una forma de contar la épica. Nuestro colega Miguel Villegas recuerda que fue Mario Vargas Llosa quien, durante el Mundial de España 82, señaló que el fútbol permite mitificar a los futbolistas: “ante un gol o una atajada, se convierten en héroes”. Para el editor de Deporte Total, en esa mitificación reside una debilidad por la retórica y por el uso de figuras literarias que elevan a la categoría de hazaña lo que es, apenas, una patada de cara al gol.

En el último tiempo, sin embargo, Villegas advierte una corriente sudamericana por usar el spanglish para bautizarlo todo. “Los cracks, como los llamaba mi viejo en los 80, hoy son MVP; los cazatalentos son scoutings y genios como Messi o Mbappé ya no están necesariamente en su mejor momento, sino en su prime”. Para el periodista, esto responde a la universalización del deporte —con 48 equipos, sedes compartidas e hinchas de Argentina en Bangladesh—, pero también a una necesidad de conectar con las nuevas audiencias que viven en el móvil y el TikTok. “No los discuto, de hecho los uso. Sin embargo, sigo prefiriendo leer a alguien que me conmueva; por encima de todo, más allá del vocabulario de la RAE o de los algoritmos de YouTube”, concluye.

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