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La mayoría de las películas sobre explosivos suelen apoyarse en la adrenalina, las cuentas regresivas y los héroes de acción. “Zona de riesgo” busca algo distinto. La producción británica, protagonizada por Aaron Taylor-Johnson, construye su tensión alrededor de procedimientos reales de desactivación de bombas en Reino Unido. El objetivo no habría sido imposible sin la participación de Nick Orr, operador de explosivos que pasó años enfrentándose a bombas reales de la Segunda Guerra Mundial en algunos de los escenarios más peligrosos del mundo.
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Imagen detrás de cámaras de la película «Zona de riesgo» («Fuze»). (Foto: Diamond Films Perú)
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“Cada día era una prueba”, dice Orr, en una comunicación con El Comercio, sobre su experiencia en zonas de conflicto. “Pero todo eso llegó después de haberme labrado una sólida trayectoria en el ejército”, cuenta sobre su carrera militar.
Su principal misión en “Zona de riesgo” fue ayudar a Aaron Taylor-Johnson (“Kraven, el cazador”, “Avengers: Era de Ultrón”) a convertirse en un técnico de desactivación de explosivos creíble, personaje de Will Tranter. En un comunicado difundido por la distribuidora de la cinta, el actor británico destaca la participación de Nick Orr como consultor de la cinta: “Trabajé codo a codo con un experto en desactivación de bombas de alto nivel, que había enfrentado situaciones extremas. Era importante que todo lo que dijera, todos mis accesorios y equipos, fueran auténticos y que supiera manejarlos”.
Aunque Hollywood suele presentar a los expertos en explosivos rodeados de tecnología futurista, Orr insiste en que la realidad es mucho más sencilla. Según explica, muchas intervenciones dependen de herramientas básicas como cintas aislantes, bridas plásticas, hojas de corte o mosquetones. “En la película, (Aaron Taylor-Johnson) usa mi monocular y mi puntero láser para explicar su plan al equipo”, comenta Orr. Sin embargo, la bomba retratada en la película exigía un tratamiento especial al ser artefacto mecánico que requiere el uso de un dispositivo conocido como “clock stopper”, el cual interrumpe su mecanismo de detonación.

Nick Orr (centro) es un operador de bombas experto en zonas de combate de Afganistán, Irak, Mali y Gaza. (Foto: Diamond Films Perú)
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Una de las secuencias más llamativas de la película involucra una bomba alemana de 500 kilos heredada de la Segunda Guerra Mundial. En ella, el personaje interpretado por Taylor-Johnson identifica dos espoletas distintas. Una de ellas fue responsable de sembrar el caos durante el ataque de bombardeos aéreos, Blitz, de Londres, ya que podía detonar entre 0 y 72 horas después de activarse. “Al ser mecánica, la espoleta puede ser desactivada por el interruptor de tiempo. Esto nos da, como operadores de desactivación de explosivos, una oportunidad para preparar las condiciones para su posterior eliminación de forma segura. Es la única respuesta que tenemos en esta situación. Así que sí, es muy importante tener ese equipo en el vehículo de respuesta”, explica Orr.
La presencia de bombas históricas en “Zona de riesgo” también refleja la vigencia de estos dispositivos en el mundo de hoy. “Es un juego del gato y el ratón”, resume el experto. Cuando una amenaza deja de funcionar, aparece otra, y el ciclo vuelve a comenzar. Para Orr, la evolución de los explosivos ha sido una constante carrera entre quienes diseñan ataques y quienes intentan prevenirlos. Cada nueva técnica obliga a desarrollar procedimientos, entrenamientos y respuestas diferentes.
Para Orr, estos dispositivos son objetos cuyo comportamiento puede entenderse y neutralizarse mediante estrategia. “Las bombas no me asustan. Las personas sí”, afirma tras recordar su trabajo de años observando organizaciones armadas, como ISIS, que justificaban sus acciones en la fe. “Esa moralidad es terriblemente subjetiva. Ellos creían que estaban haciendo lo correcto. Nosotros no estábamos de acuerdo. El mundo puede ser un lugar muy cruel; es difícil encontrar belleza en los horrores de la guerra, pero si uno mira con atención, puede encontrarla”, concluye.













