En la memoria de Cherié Quidel Núñez, no se borra la escena de tres personas de la comunidad indígena mapuche, vestidas con su ropa tradicional, sentadas frente al Palacio de La Moneda en Santiago de Chile. No estaban haciendo nada extraordinario, solo ocupando el espacio, pero su presencia en la calle desplegó un cerco policial alrededor. La indignación de la autora chilena sobre esta imagen, a la que señala de discriminatoria, la llevó a escribir diversas obras, entre ellas, “Carmencita” (2024), que se presentó en la Feria del Libro de Lima.
“Antes de Lima, tuve una gira por el norte del Perú. Estuve en Piura, Chiclayo y Trujillo hablando de poesía y ‘Carmencita’. En Chiclayo, vino una agrupación, cantaron zamba, cueca, había niños bailando, todo muy lindo. Me sentí una celebridad, porque hasta un padre de familia me pidió firmarle un sombrero típico a una de sus hijas”, cuenta algo tímida y sonriente. Cherié aún sigue sorprendida de ver que su novela sobre mujeres, familia, violencia e identidad, a pesar de tener menos de 100 páginas, pueda ser motivo de baile, música y sombreros firmados en una gira internacional.
Cherié Quidel Núñez
¿Quién es?
Cherié Quidel Núñez es licenciada en literatura. Además, cursa un magíster en Literatura Latinoamericana en la Universidad de Santiago de Chile (USACH), mientras escribe “Mar”, libro ganador del Fondo de Creación del Libro, donde explora la convivencia con una muerte latente que lo interroga todo.
Foto adjunta: Instagram/@cheriequidel/Julia Toro
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“Mi generación, de jóvenes escritores, aporta una mixtura de perspectivas”, dice la autora de 25 años en una entrevista con El Comercio. Nacida en el 2000, se ubica en el borde de lo que entendemos como la Generación Z, familiarizada con la tecnología.
Su libro “Carmencita” comienza el día de la independencia de Chile y el relato dura un mes. Allí, la vida de tres hermanas chilenas ocurre en una casa atravesada por la violencia física y psicológica de su padre y por la sombra de la dictadura política. En la primera escena, se vive el temor de las jóvenes hermanas por la presencia de su padre en casa. Pero, en familia, el ritual parece común y corriente. Como siempre, el padre celebra el discurso de Pinochet el 18 de septiembre mientras sus hijas soportan con aburrimiento y rechazo.
“Si yo me pongo a pensar en la literatura chilena… Tiene una representación del país o una representación política muy cruda, porque convivimos con la memoria de la dictadura. La violencia posdictatorial y ese periodo político, que no fue hace mucho, sigue estando permanente en nosotros. Con mi libro, quería pensar en cómo un sistema tan grande como la violencia dictatorial repercute años después en una casa”, explica la autora.
La oscuridad de su obra aparece en la “normalidad” de los maltratos contra las mujeres de la casa. Ellas, en su personalidad, no parecen víctimas con lágrimas en la cara, sumisas ante los hombres o cabizbajas. Por el contrario, retan a su padre con palabras, se hacen piercings a pesar de tenerlo prohibido, llevan a sus parejas a escondidas a casa. Desde fuera, puede ser difícil entender que una joven que discute, que desafía, siga siendo una víctima de violencia. Pero, conforme avanza la historia, el lector va notando que la fuerza y la resistencia jamás anulan el daño contra estas mujeres, pues siempre se agrava.
“Hay algo de la mujer chilena… Somos mujeres muy pesadas. En una casa, por más que haya una figura del hombre que se quiere imponer, siempre hay una mujer dentro de ese círculo que va a contraatacar. Toda mi familia es de mujeres así. Creo que la mujer oprimida no es la víctima perfecta, la mujer callada y sumisa que creen, esa que muere sin tener nunca una revelación. Y lo vemos en las historias, pero esto no excusa el abuso en contra de ellas”, explica la autora.
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A pesar de ser una joven de la nueva generación tecnológica, la infancia de Cherié transcurrió sin celulares en Maipú, un barrio periférico de Santiago, que “funcionaba como una pequeña ciudad”, con el mismo colegio y los mismos compañeros desde los cinco hasta los 18 años. Su acceso a la cultura pasaba por las salas de cine pequeñas, películas en alquiler y libros pirata en puestos callejeros. En su obra “Carmencita”, parte de su biografía se filtra en la protagonista que mira anime y escucha baladas y pop anglo, todo desde un hogar que, sin dejar de ser común fuera de la ficción, se vuelve escenario de violencia.
En uno de los hilos de “Carmencita”, una de las hijas intenta acercarse a la lengua y la cultura mapuche. Quiere conectarse con esa herencia indígena, mientras el padre desprecia esa búsqueda y la ridiculiza. De hecho, el choque entre hablantes de mapudungun, idioma de este pueblo indígena chileno, y personas que no respetan su cultura interpela especialmente a Cherié. “Yo soy chilena y mapuche, y tengo que decir que Chile es un país racista, por más que no quieran admitirlo. Es racista con los propios chilenos, con el extranjero y hay un racismo especial a las personas de mi comunidad”, afirma Cherié.
Quidel Núñez tiene hasta ahora tres libros escritos: el poemario “Mujer Araña” (2023), la novela “Carmencita” (2024) y el poemario “Amutui Lafken”. Con este último, Cherié ganó el Premio Roberto Bolaño en poesía en 2025. Debió llegar a Perú para presentar ese libro antes que “Carmencita”; sin embargo, la obra no alcanzó los tiempos de la feria por un fuerte temporal que afectó Chile días antes del viaje. Será excusa para regresar al país con nuevas historias.














