El Índice de Precios de Consumo (IPC) de Estados Unidos subió en septiembre 3,7% interanual, una cifra tres décimas por encima del dato de agosto y que continúa impulsada por el incremento del precio de los combustibles motivado por la guerra contra Irán.
El dato subyacente, que excluye los alimentos y la energía por su volatilidad, mostró una escalada del 2,6%, lo que supone dos décimas más que en agosto, según muestran los datos publicados este miércoles por el Buró de Estadísticas Laborales (BLS).
En términos mensuales, la inflación en Estados Unidos aumentó en septiembre un 0,6%, dos décimas más que en el mes anterior, mientras que el dato subyacente intermensual registró una subida del 0,3%, al igual que en el octavo mes del año.
Los datos interanuales, incluyendo el subyacente, no solo se siguen manteniendo por encima de la meta del 2% establecida por la Reserva Federal, sino que registraron una mayor escalada en septiembre.
Esto otorga enteros a la posibilidad de que el banco central estadounidense vuelva a subir los tipos antes de fin de año después de que en septiembre incrementó el referencial -actualmente en una horquilla entre el 3,75 y el 4%- por primera vez en más de tres años en septiembre.
Los datos incluso aumentan la perspectiva de que ese nuevo endurecimiento monetario puede anunciarse al término de su reunión de política monetaria el 28 de octubre, apenas seis días antes de las elecciones legislativas en las que el Partido Republicano del presidente Donald Trump se arriesga a perder su exiguo control de las dos cámaras del Congreso debido a la subida del coste de la vida.
La escalada del IPC de septiembre volvió a estar motivada principalmente por los efectos de la -cada vez más impopular en Estados Unidos- guerra contra Irán, ya que en lo que respecta a los precios la gasolina, estos subieron a nivel intermensual 9,1% en el noveno mes del año (5,2 puntos porcentuales más que en agosto) y representaron más de la mitad del incremento mensual del índice general.
El índice de energía subió a su vez en septiembre un 5,2%, una escalada aún más aguda que en el mes anterior, cuando el incremento fue del 2,1%.
La vivienda se encareció 0,4% con respecto al mes anterior, cuando el componente subió 0,3%. Entre los índices que aumentaron a lo largo del mes de septiembre se cuentan los que afectan al ocio, vehículos usados, educación, tarifas aéreas, atención médica y vestimenta. Por el contrario, el componente de comunicaciones figuró entre el reducido número de índices que descendieron el mes pasado.
De acuerdo con Jonathan Torres, analista de mercados de Capitaria, el dato confirma que la presión de precios no está cediendo. Llega menos de un mes después de que la Fed, bajo la presidencia de Kevin Warsh, subiera las tasas de interés por primera vez en más de tres años el 16 de septiembre. Con estas cifras, el mercado tiene más argumentos para anticipar un nuevo ajuste en la reunión del 28 de octubre, o al menos para descartar recortes en el corto plazo.
“Lo que más pesa en este reporte no es el titular, sino la inflación núcleo. Que suba dos décimas en el año y supere lo esperado indica que la inflación ya no es solo un tema de energía, sino que se está filtrando a servicios y bienes más estables. Eso es justamente lo que la Fed no quiere ver”, sostuvo.
Una Fed más dura significa tasas más altas en dólares y un dólar más fuerte frente a monedas emergentes. El sol ya venía sintiendo esa presión: el tipo de cambio pasó de la zona de S/3,35 en agosto e inicios de septiembre a superar S/3,45 durante la primera semana de octubre, y la divisa acumula un avance de 2,44% en lo que va del año. Un IPC caliente refuerza esa tendencia.
Además, el diferencial de tasas se estrecha. El BCR mantuvo su tasa de referencia en 4,25%, apenas por encima de la Fed tras su alza de septiembre. Eso le deja poco margen para recortar sin arriesgar una mayor salida de capitales y presión sobre el sol.
“El sol es una de las monedas más sólidas de la región, pero no es inmune. Cuando la Fed endurece su postura, el capital busca refugio en el dólar y los activos emergentes sienten la presión. Con el BCRP en 4,25% y una Fed que sube, el colchón de tasas que protegía al sol se está achicando”, agregó el analista de mercados de Capitaria.
¿Quién gana?
Exportadores: reciben más soles por cada dólar vendido, lo que mejora sus márgenes, especialmente en agroexportación y textiles, cuyos costos están mayormente en soles.
Ahorristas e ingresos en dólares: quienes tienen ahorros, depósitos o ingresos en dólares (incluidas las familias que reciben remesas) ven crecer su poder adquisitivo en soles. Depósitos en dólares: tasas más altas en EE. UU. tienden a trasladarse a mejores rendimientos en instrumentos de renta fija en dólares.
¿Quién pierde?
Según Torres, deudores en dólares con ingresos en soles: hipotecas, préstamos vehiculares o tarjetas en moneda extranjera se vuelven más caros de pagar.
Importadores y consumidores: un dólar más caro encarece combustibles, tecnología, insumos y bienes importados, con riesgo de trasladarse a precios locales.
Empresas endeudadas en dólares: el costo de refinanciar sube por doble vía, mayor tipo de cambio y tasas internacionales más altas. Minería y metales: un dólar fuerte suele pesar sobre el cobre y el oro, principales exportaciones del país, lo que puede afectar la recaudación y a las acciones mineras de la BVL.
Bonos peruanos y crédito local: tasas globales más altas presionan los rendimientos de los bonos soberanos y limitan una baja del costo del crédito en soles.
“Para el ciudadano de a pie, el mensaje es claro: si tiene deudas en dólares y gana en soles, este es un buen momento para revisar su exposición. Y si planea comprar dólares, conviene hacerlo de forma escalonada en lugar de esperar un nivel perfecto, porque la volatilidad puede jugar en ambas direcciones”, indicó.
Los ojos del mercado estarán en la reunión de la Fed del 28 de octubre y en la próxima decisión del BCR. Si la Fed vuelve a subir tasas, el sol podría seguir bajo presión en el corto plazo. Para los inversores, la volatilidad en el tipo de cambio, el oro y los índices de EE. UU. Abre oportunidades, pero también exige una gestión de riesgo más estricta.



