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Silvestre Dangond parece haber encontrado un punto intermedio entre seguir tendencias y preservar la identidad de su género musical. Desde hace años, el colombiano entendió que el vallenato no podía quedarse encerrado en la nostalgia, pero tampoco perder la esencia que lo convirtió en una de las expresiones culturales más poderosas de Colombia. Por eso, mientras llena estadios y acumula premios internacionales, sigue hablando del género como quien protege una herencia familiar.
Silvestre Dangond parece haber encontrado un punto intermedio entre seguir tendencias y preservar la identidad de su género musical. Desde hace años, el colombiano entendió que el vallenato no podía quedarse encerrado en la nostalgia, pero tampoco perder la esencia que lo convirtió en una de las expresiones culturales más poderosas de Colombia. Por eso, mientras llena estadios y acumula premios internacionales, sigue hablando del género como quien protege una herencia familiar.
“Dios no te regala nada en vano”, repite como un mantra el artista nacido en Urumita, en La Guajira. La frase resume una carrera construida a pulso, atravesada por riesgos musicales, cambios estéticos y una búsqueda constante de evolución. Hoy, convertido en una de las figuras más influyentes de la música latina, Dangond no se presenta como alguien que llegó a la cima, sino como un músico que continúa “pedaleando”, aprendiendo y escuchando.
Tras ganar un Latin Grammy y sumar nuevas nominaciones internacionales, Silvestre Dangond atraviesa uno de los momentos más sólidos y globales de su trayectoria artística.
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Su regreso a Lima ocurre, además, en uno de los momentos más sólidos de su trayectoria. El reciente Latin Grammy y las múltiples nominaciones a Premio Lo Nuestro 2026 confirman la vigencia de un artista que logró expandir el vallenato hacia nuevas audiencias, que hoy suman millones de reproducciones en plataformas digitales. Sus colaboraciones con Sebastián Yatra, Carín León, Fonseca y Emilia Mernes evidencian una versatilidad que le permitió conectar con distintas generaciones.
Pero detrás de la maquinaria del espectáculo, Dangond insiste en algo mucho más simple: las canciones deben seguir contando historias. “El vallenato nunca puede olvidar que su base es la narración. Si no hay historia, no hay alma. El espectáculo suma, pero la canción es la que se queda”, afirma el cantante colombiano, que asumió hace mucho el reto de llevar el vallenato hacia nuevos horizontes sin desprenderlo de sus raíces.
Las colaboraciones de Silvestre Dangond con Sebastián Yatra, Carín León, Fonseca y Emilia Mernes reflejan la expansión contemporánea del vallenato hacia nuevos públicos. (Foto: Instagram)
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La transformación del vallenato es un tema que Dangond aborda sin nostalgia excesiva, aunque con evidente preocupación. Para él, el género ganó alcance internacional y hoy es escuchado por públicos que antes desconocían incluso el sonido del acordeón o la caja vallenata. Sin embargo, considera que en ese proceso también se perdió parte de la profundidad narrativa que caracterizaba a las canciones clásicas.
“Antes cada canción era como una crónica de vida; hoy muchas veces se piensa más en el momento. Yo creo que el reto está en lograr el equilibrio”, sostiene. La frase resume el dilema de un género que intenta sobrevivir en la industria global sin diluir completamente su identidad cultural. Dangond no rechaza la modernización ni el impacto visual de los conciertos actuales; simplemente advierte que el brillo del espectáculo no puede reemplazar la emoción de una buena historia.
En ese punto, el cantante se reconoce como una figura de transición. “Nunca he querido ser ni completamente tradicional ni completamente moderno. Mi carrera ha sido una búsqueda constante de evolución sin perder la raíz”, explica. Esa posición intermedia terminó convirtiéndolo en un puente entre generaciones: para algunos representa la renovación del vallenato; para otros, uno de los últimos artistas capaces de sostener su espíritu narrativo.
La conversación inevitablemente conduce a cuán ligada está esa música a Colombia. Dangond entiende perfectamente esa responsabilidad cultural. “Quiero que la gente cante, que recuerde, que sienta, que viva el vallenato como se vive en mi patria”, asegura el artista, convencido de que cada concierto también es una forma de mantener viva una tradición que, pese a los cambios de la industria, todavía encuentra en su voz una historia que se canta a todo pulmón.
El Dato
El 28 de mayo en el Multiespacio Costa 21. Entradas disponibles en Teleticket.




