viernes, mayo 22

Hollywood necesita llevar gente a los cines. Lo comenta el accionista en la junta anual, el productor lo dice en entrevistas que terminan siendo noticia. Ir al cine tiene que ser una necesidad. Disney lo consiguió al comprar franquicias como Star Wars, pero la última vez que esta saga hizo números atractivos por una película fue hace casi siete años y ahora quiere repetir el plato con su historia más popular, hija del depredador natural de las salas, el streaming.

En sus tres temporadasThe Mandalorian” se construyó sobre la premisa de un hombre solitario, el cazador de recompensas Din Djarin (Pedro Pascal), padre adoptivo de un pequeño con poderes, Grogu, el popular “Baby Yoda”. Capítulo a capítulo se meten en un lío, salen de él y van a la siguiente aventura. Es la historia de “Star Wars” que más bebe de las influencias que tuvo George Lucas, un western con naves espaciales. Y encima de todo, uno que también se inspira en el samurái sin amo, que tan bien contó el cine japonés y en particular la historieta “Lobo solitario y su cachorro”.

Quien vaya al cine por “The Mandalorian and Grogu” no encontrará casi nada que no haya visto ya en televisión. El tráiler dice prácticamente todo lo que tiene la película. Cuando lo vi, pensé que tal vez haya sorpresas para el espectador. Que seguro se están guardando cosas. Ni tanto. en ese sentido ha sido un márketing honesto, algo cada vez más difícil de hallar en la industria. Lo que ves es lo que hay.

Una crítica válida es que pudo haber sido una temporada corta antes que algo solo para salas. Es más, la película está estructurada de tal manera, con actos tan marcados, que parecen episodios. No faltará el que aconseje, cuando aterrice en Disney+, un método para verla en cuatro días. Pero una película no son episodios pegados, algo que el cineasta, Jon Favreau (“Iron Man”), conoce bien, pero que eligió ignorar esta vez.

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Pedro Pascal ofrece su registro usual para este personaje, Sigourney Weaver hace de una piloto sin identidad propia, el villano Janu Coin (Jonny Coyne) parece un accesorio antes que amenaza real y Grogu ejecuta su lucrativa ternura. Tal vez la mayor revelación sea la de Rotta el Hutt (Jeremy Allen White), una bestia en la arena de combate, pero cuya sensibilidad lo convierte en personaje antes que en recurso narrativo, como ha pasado con tantos otros juguetes en este metafórico baúl. Conociendo a Disney, no será la última vez que lo veamos.

Al cierre de este artículo “The Mandalorian and Grogu” tiene el cuarto porcentaje de aprobación más bajo de la saga en la web Rotten Tomatoes, 61%, por encima de “La amenaza fantasma” (1999), pero por debajo de la vapuleada “Solo: Una historia de Star Wars” (2018).

Una amiga que ya vio la película me dijo que el verdadero villano no es Janu Coin, ni los Hutt, sino el paso inexorable del tiempo. Que este padre soltero con jetpack y arma láser morirá eventualmente y su criatura quedará sola. Quienes buscan una respuesta a ello puede que la encuentren en esta película, aunque contada con los pies, dando vueltas y, sobre todo, necesitando un ticket para algo que se pudo contar ni siquiera en una temporada, sino en un episodio.

Y otra vez volvemos a lo de llevar gente al cine. La lógica de los realizadores es que la pantalla plateada, el 3D, el IMAX incluso, es para las historias más grandes que la vida. La primera “Avatar”, “Top Gun: Maverick” e incluso “F1” encajan allí. ¿”The Mandalorian and Grogu”? Ni siquiera se acerca.

Este no es el camino.

Dato

«The Mandalorian and Grogu» está disponible solo en cines.

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