viernes, mayo 22

A dieciséis días de la segunda vuelta, queda claro que Roberto Sánchez viene haciendo variadas piruetas para decirnos que su plan no es tan malo como se lee; por eso los jales de último momento solo tendrían como objetivo tratar de convencer a un buen grupo de indecisos, pero el plan sigue intacto.

La incorporación más llamativa ha sido la de Pedro Francke, exministro de Pedro Castillo quien ha intentado deslindar del documento que Juntos por el Perú entregó al Jurado Nacional de Elecciones. En ese plan, Sánchez reivindica el estatismo, la Asamblea Constituyente y anuncia la revisión de los contratos-ley y todos los tratados de libre comercio.

El miércoles a primera hora, Francke decía en RPP: “Vamos a respetar la propiedad privada, vamos a respetar los contratos”. Llegó a decir incluso que le pediría a Julio Velarde su continuidad frente al BCR, cuando ya sabemos que para Sánchez el exitoso presidente del BCR no es imprescindible.

“Se eliminará en la nueva Constitución el aval a los contratos-ley y los regímenes tributarios y laborales que solo favorecen a las grandes empresas en detrimento de los trabajadores y el interés público en general”, dice el plan de gobierno de Juntos por el Perú (JP).

¿A quién le creemos: al recientemente incorporado Pedro Francke o al plan de JP que entregó al JNE como requisito de inscripción?

Pero esa no es la única contradicción. Sánchez también ha presentado al excanciller Manuel Rodríguez Cuadros como parte de su equipo. Resulta que el diplomático presentó su renuncia al cargo de representante permanente del Perú ante la ONU el mismo 7 de diciembre del 2022, cuando Castillo dio el golpe de Estado.

En su carta de renuncia dirigida al entonces canciller César Landa, sostiene que las medidas adoptadas “implican la ruptura del orden democrático constitucional”. Por eso, “en conformidad con la cláusula democrática contenida en el artículo 69 de la Ley del Servicio Diplomático de la República, mis convicciones y valores democráticos, presento a usted, señor ministro, mi renuncia irrevocable al cargo de representante permanente del Perú ante las Naciones Unidas”.

Parece que el excanciller guardó sus “convicciones democráticas” en un cajón y no encuentra la llave. De lo contrario no se explica cómo pasa de condenar el golpe de Estado de Castillo a ponerse al lado de quien no solo reivindica al golpista, sino que busca su indulto.

En su debut en el equipo del sombrero, Rodríguez Cuadros les dijo a los periodistas que “el Perú tendrá la mejor relación posible con Estados Unidos, basada en el interés común y el respeto mutuo. También con China, India y todos los países”.

Sin embargo, parece que esto queda en la intención, pues el plan de JP establece que “es peligroso que el fascismo haya vuelto a gobernar países como Ecuador, Argentina, Paraguay o últimamente Chile […]. Juntos por el Perú se alinea con Cuba, Brasil, Uruguay, Nicaragua, Honduras, Venezuela y México. El Perú no es colonia ni patio trasero de nadie” (plan de gobierno de JP, página 26).

Parece que no a todos les sienta bien el sombrero o, en todo caso, tratarán de ajustarlo a sus cabezas.

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