Mucho antes de alcanzar el reconocimiento global que tuvieron, los Beatles foguearon sus destrezas musicales en los bares y discotecas del barrio rojo de Hamburgo. Ofrecieron en la ciudad alrededor de 270 conciertos que los presentaron formalmente al planeta. Luego se volvieron inolvidables. En Hamburgo también, pero en la cancha central del complejo tenístico de Rothenbaum, un pelirrojo desgarbado y valiente ha inscrito su nombre en la élite del deporte blanco. “El tenis masculino tiene una nueva estrella. Su nombre es Ignacio Buse”, posteó la cuenta oficial del circuito profesional de la ATP.
Mucho antes de alcanzar el reconocimiento global que tuvieron, los Beatles foguearon sus destrezas musicales en los bares y discotecas del barrio rojo de Hamburgo. Ofrecieron en la ciudad alrededor de 270 conciertos que los presentaron formalmente al planeta. Luego se volvieron inolvidables. En Hamburgo también, pero en la cancha central del complejo tenístico de Rothenbaum, un pelirrojo desgarbado y valiente ha inscrito su nombre en la élite del deporte blanco. “El tenis masculino tiene una nueva estrella. Su nombre es Ignacio Buse”, posteó la cuenta oficial del circuito profesional de la ATP.
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¿Quién es Ignacio Buse? El que acaba de ganar siete partidos consecutivos para coronarse campeón de un torneo ATP 500. El que derrotó, en una semana, a cinco jugadores que lo superaban en el ranking. El que ahora, ya convertido en el número 31 del mundo, tiene una mejor posición histórica que sus maestros Horna y Varillas. El que está orgulloso de los suyos y lo grita a quien quiera escucharlo. Pero, sobre todo, el que habló de recuperar valores cuando recogió su premio. ¿Quién?
Nacho Buse es un hombre inteligente, en el amplio sentido de la palabra y en el particular también. Sus triunfos no responden a ninguna exuberancia atlética ni a algún golpe que uno pudiera considerar un arma letal, como el revés de Jaime, la derecha de Juampi o la volea de Lucho. No. Buse promedia en todos los rubros siete puntos y con eso le sobra para competir. Con eso y con algunas virtudes intangibles que lo hacen distinto.
Estratégicamente, es un tenista muy superior al promedio: percibe rápido el punto débil del rival y orienta su táctica a profundizar el problema del contrario. Ante Tommy Paul, por ejemplo, para consagrarse en Alemania, cambió dos veces de estrategia durante el juego.
Además, no revela sus angustias. Parece que jugara relajado, como si el tenis no fuese, en el fondo, una alegoría a una batalla feroz de supervivencia entre dos seres humanos. Esa fiereza que pasa desapercibida en primera instancia la sufren sus rivales en el court. Le brota desde dentro sin pedir permiso.
Es que Buse, como el mar en calma, posee una intensidad especial, llena de consistencia, espesor y forma. Una que no desperdicia energías ni tiempo, pero que tiene ritmo. Un ritmo que contagia y que, como en el caso de los Beatles, esperamos que no se detenga nunca.




