martes, octubre 13

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

Desde que el presidente Antonio Kast asumió el gobierno chileno, 21 proyectos mineros por más de US$24.500 millones han ingresado al sistema de evaluación ambiental de dicho país. “En Chile pasamos cinco o seis años poniendo muchísimos obstáculos al desarrollo de la minería y hoy tenemos el desafío de revertir ese escenario”, asegura Daniel Mas, biministro de Economía y Minería del país vecino quien visitó brevemente el Perú y sostuvo reuniones con distintas autoridades peruanas.

– ¿Cuál es el motivo de su primera visita?

El objetivo de este viaje es estrechar lazos comerciales con Perú, intercambiar experiencias sobre el fomento a las inversiones y el fortalecimiento de la cooperación bilateral en la minería, energía y agroindustria. Perú y Chile son dos potencias mineras de escala mundial, que sin duda jugarán un rol clave en la nueva era de los minerales críticos. Esto se replica en otros sectores, como el agroindustrial y el desafío de ambas naciones es profundizar ese potencial.

– ¿Qué reuniones ha sostenido?

En esta primera visita, se contemplaron reuniones con la Agencia de Promoción de la Inversión Privada, ProInversión, para intercambiar experiencias y mejorar la capacidad de atraer inversión, especialmente de capitales extranjeros. En la misma línea, apuntan las citas con el ministro de Energía y Minas, Guillermo Shinno, y el ministro de Desarrollo Agrario y Riego, Marco Antonio Vinelli-

– En septiembre del año pasado, Perú y Chile firmaron un memorando para fortalecer la cooperación minera, promover inversiones responsables e intercambiar experiencias regulatorias. Ha pasado más de un año de dicha firma. ¿Qué resultados concretos podría comentar y qué compromisos de inversión existen?

Lo que buscamos como gobierno es que estos acuerdos no queden simplemente en el papel y se traduzcan en resultados concretos, y es lo que queremos hacer con Perú sobre la base de este acuerdo u otros que podamos firmar.

Estamos viviendo un momento de inflexión en la minería en el mundo, por la creciente demanda de minerales críticos tan necesarios para la electromovilidad y las nuevas tecnologías, por lo que ambos países podemos ser protagonistas en este nuevo ciclo minero. Lo que nos interesa reafirmar es el compromiso de trabajar juntos como líderes regionales con visión de largo plazo y en línea con los desafíos globales de la transición energética.

Daniel Mas, biministro de Economía y Minería de Chile, conversa con El Comercio.

/ Oscar Ordenes Rivera

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

– Perú y Chile buscan acelerar la inversión privada. De la experiencia chilena en minería, ¿qué medidas para reducir los tiempos de autorización recomendaría al Perú y qué prácticas peruanas considera que Chile podría adoptar?

El gobierno del Presidente José Antonio Kast ha definido a la minería como una industria prioritaria para que nuestro país vuelva a crecer. Para ello, es fundamental impulsar la inversión pasando de un Estado paralizador a uno facilitador, apoyado en la complementariedad público-privada y la atracción de capitales globales. Por eso, estamos desplegando en el sector minero una nueva arquitectura legal e institucional que considera medidas con foco en brindar certeza jurídica, simplificar trámites y permisos, y promover el fortalecimiento de un nuevo ciclo de inversiones mineras.

Entre éstas destacan la recién aprobada Ley de Reconstrucción Nacional que incluye la reducción gradual del impuesto corporativo del 27% al 23% y la restitución de la invariabilidad tributaria mediante contratos ley de hasta 20 años para proyectos estratégicos. También estamos trabajando en la modernización de reglamentos mineros con el fin de reducir los tiempos de permisos; y estamos impulsando ajustes al Reglamento del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) sin afectar estándares ambientales o de seguridad.

Asimismo, nuestra prioridad es dar certeza jurídica y condiciones para que la industria del litio se desarrolle en beneficio de los chilenos, por lo que firmamos el primer contrato especial de operación exclusivo con privados para habilitar un proyecto de litio en el norte del país y estamos avanzando con otros tres.

También presentamos un proyecto de ley que simplifica el régimen de patentes mineras, y reactivamos el Tratado de Integración y Complementación Minera con Argentina, que ya nos permitió aprobar tres protocolos especiales para proyectos mineros en la frontera.

Además, ante el desafío que tenemos de recuperar la exploración temprana, en un reciente proyecto de ley que ingresamos al Congreso para reformar el mercado de capitales, incluimos incentivos tributarios y una propuesta para crear un segmento especial para empresas junior.

Si bien la minería chilena es líder en cobre, molibdeno, renio y otros minerales estratégicos, hoy enfrentamos el desafío ineludible de incrementar nuestra capacidad productiva para desatar oportunidades laborales, encadenamientos productivos y el aporte real de esta industria al desarrollo del país. Y estamos optimistas de cara al futuro, ya que las medidas mencionadas avanzan en la dirección correcta para incrementar y acelerar el desarrollo de inversiones. De hecho, los inversionistas y compañías mineras están respondiendo positivamente y desde que asumimos el gobierno a la fecha, 21 proyectos mineros por más de US$24.500 millones ingresaron a nuestro sistema de evaluación ambiental, lo que representa el 62% de toda la inversión presentada en el período.

– En una entrevista previa, usted vinculó la menor producción de cobre con inversiones postergadas y proyectos que avanzan lentamente, ¿cuál diría que es hoy la principal restricción —los permisos, el financiamiento, la disponibilidad de agua y energía o la conflictividad— y qué resultado espera lograr durante su gestión para removerla?

El estancamiento de la producción minera en Chile –en torno a los 5 y 5,5 millones de toneladas de cobre anuales– viene desde hace varios años y se explica por una combinación de factores, como el actual ciclo de la minería nacional con menores leyes y yacimientos más viejos, a lo que se suman incidencias más puntuales como mantenciones y algunos impactos climáticos; pero también, este estancamiento se explica por años de incertidumbre institucional que postergaron decisiones de inversión.

En Chile pasamos cinco o seis años poniendo muchísimos obstáculos al desarrollo de la minería y hoy tenemos el desafío de revertir ese escenario de burocracia, incertezas regulatorias y faltas de incentivos adecuados.

Seamos claros, cuando los proyectos tardan una década en aprobarse, la producción futura se desploma. Por esta razón, desde el primer día de gobierno hemos desplegado un plan robusto con medidas concretas cuyo objetivo es generar las condiciones para desatar y convertir nuestro potencial minero en progreso tangible para las familias chilenas y las economías locales.

Por ejemplo, en el marco de la implementación de la Ley Marco de Autorizaciones Sectoriales propusimos simplificar 55 autorizaciones, reorganizándolas en 13 permisos y 18 declaraciones juradas, que ayudarán a agilizar procesos y facilitar el desarrollo de los proyectos. Todo ello manteniendo los estándares de seguridad minera y protección ambiental que requiere una minería responsable.

Además, en las modificaciones al Reglamento del Servicio de Evaluación de Impacto Ambiental hemos propuesto elevar el umbral de ingreso para prospecciones mineras, junto con otros ajustes destinados a modernizar las causales de ingreso al sistema. Lo que buscamos es una regulación exigente, pero también clara y eficiente: menos duplicidades, procedimientos más modernos y respuestas oportunas. Todos estos esfuerzos convergen en una idea clave: la minería puede y debe ser una palanca de desarrollo que se traduzca en mejor calidad de vida para las personas; más infraestructura, mejores oportunidades y mayor capital humano.

Cobre, metal de gran valor para ambos países.

/ Dado Galdieri

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

– Chile tiene una oferta de proveedores y servicios mineros que busca expandirse en la región. ¿Qué propone respecto a la relación con el Perú? Y, ¿es posible potenciar las zonas mineras fronterizas?

La integración regional es, ante todo, una agenda de oportunidades para el Cono Sur. En el caso de Chile, las exportaciones de bienes y servicios para la minería hacia Argentina, Bolivia y Perú son una oportunidad que no podemos desaprovechar para que nuestros proveedores, tecnólogos y trabajadores transiten por la región aportando soluciones de clase mundial. La reactivación del Tratado de Integración y Complementación Minera con Argentina es la prueba de que es posible impulsar un modelo virtuoso de similares características con Perú y otros países de la región, para acelerar inversiones estratégicas en el Cono Sur.

Sabemos que nuestros países cuentan con importantes recursos mineros, con conocimiento acumulado, con empresas de larga trayectoria y con profesionales y trabajadores altamente capacitados. Pero, además, compartimos una condición geográfica y geológica excepcional: la cordillera de los Andes alberga un potencial minero que todavía no hemos desarrollado plenamente. Por lo que la pregunta que debemos hacernos no es únicamente cuánto mineral existe en la frontera, sino en cómo transformamos ese potencial en más bienestar, más oportunidades y mejor calidad de vida para nuestros compatriotas.

Trabajar colaborativamente no se reduce solamente a impulsar los proyectos específicos que puedan desarrollarse en zonas fronterizas. La infraestructura fronteriza –los caminos, los puertos, las redes eléctricas y las comunicaciones– son elementos fundamentales para que los proyectos puedan desarrollarse de manera competitiva y sostenible.

– ¿Es posible tangibilizar un hub minero sur con Chile, Perú y Argentina, ¿qué hace falta para desarrollarlo?

En agosto firmamos una declaración conjunta sobre minerales críticos con Argentina, Bolivia y Perú. El objetivo es avanzar en una agenda de largo plazo en minerales críticos, y lo queremos hacer sobre la base de principios claros: apertura al mundo, diversificación, promoción de inversiones y, al mismo tiempo, pleno resguardo de nuestra institucionalidad, marco legal y autonomía en la toma de decisiones.

Creemos que así como en Chile tenemos importantes desafíos mineros, la región también cuenta con sus propios retos. Muchos de los cuales son compartidos: por ejemplo, potenciar la agregación de valor –procesamiento, refinación, desarrollo de tecnologías de extracción y de recuperación–; políticas que promuevan la integración de proveedores locales y regionale; sostenibilidad y legitimidad social para operar, entre otros.

Esto en un escenario futuro donde proyectamos que hacia 2035 prácticamente toda la nueva oferta significativa de cobre del planeta saldrá del Cono Sur. Por tanto, esta inmensa oportunidad no se agota en la extracción del mineral, está también en la creación de valor agregado, en el desarrollo de la infraestructura y, muy especialmente, en el fortalecimiento de nuestros proveedores, pymes y capital humano.

– Ante la competencia internacional por asegurar minerales críticos, ¿deberían Perú y Chile coordinar una estrategia para negociar inversiones, financiamiento y transferencia tecnológica con países desarrollados?

Cada país tiene su propia realidad institucional y, por lo mismo, no existe un modelo único de estrategia conjunta entre países o conglomerados. Pero sí hay principios que vale la pena compartir: la planificación de largo plazo, la cooperación técnica, la coordinación entre organismos públicos y la capacidad de anticipar los desafíos antes de que afecten el desarrollo de las inversiones.

Además, frente a las oportunidades que la transición energética y las nuevas tecnologías ofrecen a países mineros como los nuestros, el desafío también pasa por aportar una forma de entender la integración productiva como una oportunidad clave para consolidar al Cono Sur como polo de desarrollo minero de clase mundial.

Daniel Mas, biministro de Economía y Minería de Chile.

/ Oscar Ordenes Rivera

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

– Tenemos otro reto. ¿Cómo evitar que la región quede limitada a exportar materias primas sin desalentar la inversión?

La experiencia internacional demuestra que cuando existen instituciones sólidas, reglas claras y una coordinación permanente entre los Estados, es posible desarrollar proyectos complejos con mayor certeza, mayor eficiencia y mejores resultados para todas las partes. Y frente a este desafío, la cooperación internacional adquiere centralidad no sólo para brindar certeza a la seguridad y estabilidad de nuestras cadenas de suministro, sino que también, para que la provisión de minerales estratégicos de nuestra región se transforme en un instrumento dinámico para generar mayor valor agregado e inversiones responsables.

Creemos que los organismos multilaterales son socios estratégicos que pueden facilitar instrumentos de cofinanciamiento, compartir mejores prácticas y ayudar a construir programas de apoyo técnico y de capacitación transfronteriza para aprovechar, de manera conjunta, el potencial de nuestros recursos estratégicos.

Share.
Exit mobile version