martes, octubre 13

Durante años, buena parte de la conversación sobre el patrimonio se concentró en cómo hacerlo crecer. Ahora, una pregunta distinta gana más espacio: ¿Quién tomará las decisiones cuando ese patrimonio cambie de manos?

Se está iniciando el mayor proceso de transferencia de patrimonio de la historia, y se estima que, a nivel global, en los próximos 25 años se transferirán US$ 85 billones a la siguiente generación. Ya hoy, nuevas generaciones están ocupando un rol cada vez más relevante en conversaciones que antes solían concentrarse en una sola persona. Y cuando cambia quién decide, también cambia la forma de administrar el patrimonio.

En el Perú no somos ajenos a esa realidad. Los propietarios del patrimonio ya están sumando a sus hijos (NextGen) en las conversaciones sobre la gestión del patrimonio familiar, quienes a diferencia de sus padres, suelen contar con un mayor nivel de educación financiera y familiaridad con las inversiones, así como mayor tolerancia al riesgo e interés por invertir en activos menos tradicionales. Esta mayor participación del NextGen, está abriendo la posibilidad para transicionar hacia portafolios de inversión más diversificados y con mayor potencial de cumplir los objetivos de retorno y riesgo de largo plazo de la familia.

Al acompañar este proceso, es importante responder la pregunta inicial y entender más las preferencias y necesidades del NextGen. Según el reciente estudio del CFA Institute (Nex-Gen Investors: A Guide For Wealth Managers And Financial Advisors), tienen marcadas preferencias por una asesoría proactiva y la mayoría espera un contacto semanal, presentando alta propensión a un manejo activo. En cuanto a productos, si bien invierten en fondos mutuos (principal activo), las criptomonedas son el segundo activo con mayor tenencia, y tienen interés en invertir más en activos alternativos (inmobiliarios o productos privados). En cuanto a la fuente de asesoría, si bien siguen considerado a la asesoría humana y profesional como la más confiable y relevante, también se nutren de la IA y de ‘influencers’ en redes para toma de decisiones. Si bien valoran la digitalización de la plataforma y de las interacciones, y están abiertos a robo-advisory (asesor robótico) ,a ésta la ven como un complemento a la asesoría humana.

Por otro lado, el estudio también da luces sobre las necesidades más relevantes. En primer lugar, alerta sobre sesgos conductuales que afectan el proceso de toma de decisiones como la sobre-confianza y el FOMO (‘fear of missing out’). En particular, más del 53% de los NextGen reportaron haber invertido por FOMO, especialmente en criptomonedas y acciones individuales, evidenciando espacio para una asesoría profesional. Finalmente, a pesar de su autoconfianza en temas de inversiones, los jóvenes valoran una asesoría más holística y preferirán a asesores que los acompañen a navegar los diferentes momentos clave de su vida, incluyendo gestión de presupuesto y ahorros, planeamiento para el retiro, asesoría en seguros de vida y salud, asesoría tributaria y conversaciones familiares sobre negocio y sucesión. En suma, una asesoría orientada al bienestar integral.

En medio de estos procesos de transiciones generacionales, no solo los asesores patrimoniales, sino también las familias deben ser conscientes y prepararse para el cambio. Una familia puede poseer un buen patrimonio y haber realizado buenas inversiones y, aun así, no estar preparada para una sucesión. Puede haber construido patrimonio durante décadas sin haber definido qué quiere preservar, qué rol tendrá la siguiente generación, cómo se tomarán las decisiones o qué ocurrirá cuando existan visiones distintas sobre riesgo, liquidez o el futuro de la empresa familiar.

Por eso, una de las tareas más importantes no comienza cuando ocurre la sucesión, sino mucho antes. Convertir la sucesión en un proceso, y no en un evento, permite que la siguiente generación reciba no solo activos, sino también preparación y criterios para administrarlos en armonía.

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