viernes, mayo 15

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

El último deseo de la curadora Koyo Kouoh antes de morir fue que el arte menos visible llegara a la Bienal de Venecia. Y así fue. La edición 2026 se llamó “En claves menores” (“In Minor Keys”), una propuesta concebida por la primera mujer africana elegida para dirigir la exposición internacional más importante del arte contemporáneo. En ese proyecto se buscaba escuchar las voces que suelen quedar fuera del centro: comunidades indígenas, artistas desplazados, minorías étnicas, territorios atravesados por conflictos o memorias borradas por el relato oficial.

El último deseo de la curadora Koyo Kouoh antes de morir fue que el arte menos visible llegara a la Bienal de Venecia. Y así fue. La edición 2026 se llamó “En claves menores” (“In Minor Keys”), una propuesta concebida por la primera mujer africana elegida para dirigir la exposición internacional más importante del arte contemporáneo. En ese proyecto se buscaba escuchar las voces que suelen quedar fuera del centro: comunidades indígenas, artistas desplazados, minorías étnicas, territorios atravesados por conflictos o memorias borradas por el relato oficial.

Tras su muerte, el proyecto quedó en manos del equipo que Koyo Kouoh había convocado: Gabe Beckhurst, Marie Hélène Pereira, Rasha Salti, Siddhartha Mitter y Rory Tsapayi. Ellos mantuvieron intacta la estructura curatorial concebida por la comisaria camerunesa y dieron forma a una Bienal desplegada entre el Arsenale, los Giardini y distintos espacios de Venecia. Participan 111 artistas —más del 90 % aún vivos, en contraste con ediciones pasadas—, quienes presentan instalaciones sonoras, videoarte, esculturas textiles y piezas inmersivas.

Perú participa junto a otros 98 países en la Bienal de Arte 2026, edición que además marca el debut de siete naciones y el primer pabellón propio de El Salvador. (Photo by Simone Padovani/Getty Images)

Perú participa junto a otros 98 países en la Bienal de Arte 2026, edición que además marca el debut de siete naciones y el primer pabellón propio de El Salvador. (Photo by Simone Padovani/Getty Images)

/ Simone Padovani

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

En ese mapa de voces desplazadas aparece el Perú. El Pabellón Peruano presenta “Sara Flores. De otros mundos”, una muestra dedicada a la artista shipibo-konibo Sara Flores, instalada en el Arsenale, uno de los espacios centrales de la Bienal. La exposición reúne pinturas de gran formato sobre tocuyo pintado a mano, esculturas textiles inspiradas en mosquiteros amazónicos y fragmentos del videoarte “Non Nete (A Flag for the Shipibo Nation)”. Todo atravesado por el kené, sistema visual y espiritual del pueblo shipibo-konibo que aquí deja de ser leído como artesanía para entrar de lleno en el circuito del arte contemporáneo.

La propuesta, co-curada por Issela Ccoyllo y Matteo Norzi, trabaja el kené como una estructura de conocimiento. En él conviven memoria, territorio y una manera distinta de entender la relación con el entorno. Sara Flores, de 76 años, presenta además la obra más extensa de su trayectoria. El recorrido incorpora una dimensión sonora que acompaña al visitante y convierte el pabellón en una experiencia inmersiva antes que contemplativa.

“Si la intención [de la Bienal] era visibilizar a quienes históricamente fueron invisibilizados, la renuncia de los jueces terminó haciendo exactamente lo contrario”.

Marco Aveggio, presidente del Patronato Cultural del Perú

Por primera vez un arte que ha sido periférico en el propio Perú está hoy en el centro del mundo, en un lugar más que merecido”, señala Armando Andrade, comisario del Pabellón Peruano y director del Patronato Cultural del Perú, para quien la presencia de Sara Flores marca un cambio importante para el país. “La pregunta que el mundo tiene que hacerse —enfatiza Andrade— es qué pasó con la Amazonía y por qué no la vimos durante tantos años. Esta Bienal puede convertirse en un punto de inflexión para el arte peruano”.

Sara Flores, artista perteneciente al pueblo shipibo-konibo, presenta su trabajo en el kené como un sistema visual y espiritual mediante tintes naturales, geometrías ancestrales y grandes superficies textiles. (Créditos: White Cube)

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

Pero la edición de 2026 no tardó en quedar atravesada por el contexto global. La controversia comenzó incluso antes de la apertura oficial, cuando distintos sectores del circuito artístico cuestionaron la permanencia de Rusia e Israel entre los pabellones nacionales. La discusión creció durante meses y terminó explotando a finales de abril, cuando el jurado internacional decidió excluir a ambos países de cualquier posibilidad de premiación y luego presentó su renuncia colectiva a pocos días de inaugurarse la Bienal.

El jurado debió tomar una definición muchísimo más temprana. Los países ya habían invertido recursos, trabajo y tiempo. Hacerlo a pocos días de abrir fue incorrecto y poco ético”, sostiene Marco Aveggio, presidente del Patronato Cultural del Perú, quien considera que la decisión llegó demasiado tarde. Para él, la contradicción en esta decisión se vuelve evidente: “Si la intención [de la Bienal] era visibilizar a quienes históricamente fueron invisibilizados, la renuncia de los jueces terminó haciendo exactamente lo contrario”.

Las protestas atravesaron toda la apertura de la Bienal de Venecia 2026: colectivos artísticos y activistas realizaron intervenciones contra la presencia de algunos pabellones nacionales, convirtiendo esta edición en una de las más tensas y politizadas de los últimos años. EFE/EPA/ANDREA MEROLA

/ ANDREA MEROLA

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

La salida del jurado dejó sin efecto la entrega tradicional de los Leones de Oro y Plata. La organización decidió modificar el sistema de premiación y trasladar parte de la decisión al voto del público, algo que ha despertado críticas dentro del circuito artístico internacional. “La renuncia del jurado fue un disparo en el pie —afirma Aveggio—. Lo alarmante son las consecuencias: esto le quita seriedad a la Bienal y descontextualiza el esfuerzo de más de cien países”.

Mientras tanto, afuera de los pabellones crecieron las protestas. Colectivos vinculados a Femen y Pussy Riot realizaron intervenciones frente al espacio ruso, mientras grupos como Art Not Genocide Alliance impulsaron campañas contra la presencia israelí. Adentro, sin embargo, la Bienal continúa. Las colas avanzan, los pabellones permanecen abiertos y miles de visitantes recorren diariamente el Arsenale y los Giardini. “La normalidad es absoluta”, dice Aveggio desde Venecia. Y quizás ahí esté la paradoja de esta edición: afuera, el ruido político amenaza con devorarlo todo; adentro, las obras todavía intentan hablar en voz baja.

El Dato

El Pabellón Peruano participa en la Bienal de Venecia bajo la organización del Patronato Cultural del Perú. La presencia nacional cuenta con auspicios de Dior, Corfid, ICPNA, PUCP, Universidad de Lima, Latam Airlines, Tecnología de Materiales, Police Security y Metalmark.

Share.
Exit mobile version