La bancada de Obras, el partido de Ricardo Belmont, ha inclinado la balanza en el debate de la delegación de facultades solicitadas por el Poder Ejecutivo. Lo hizo en la Cámara de Diputados, y ahora en el Senado. Con sus votos, el oficialismo parte con una ventaja para ratificar la propuesta de 27 puntos en el pleno de la Cámara Alta, donde necesita al menos 31 adhesiones para salir airoso de esta primera puja legislativa con la que se ha estrenado el sistema bicameral.
Los representantes han sabido leer el escenario político, donde la bicameralidad –como sistema nuevo en ejecución– aún no goza de legitimidad y la población empieza a verla como más burocrática en sus procesos y escasa en sus resultados. En medio de una bancada oficialista que no jugó bien sus cartas desde un inicio, y una oposición extrema, los del partido de Belmont decidieron inclinar la balanza hacia la entrega de un resultado concreto.
Una lectura netamente política –como la lanzada desde Juntos por el Perú– pone a Obras como “plegado al oficialismo”. Pero una lectura desde la óptica parlamentaria refuerza la idea del posicionamiento de una bancada como la decisora en la toma de decisiones a futuro. Esto se traduce en las propias palabras del senador Daniel Barragán: “Nosotros no somos oposición, somos solución”.
Ser la “solución” en un sistema que desde el arranque se ha mostrado como burocrático es lo que se necesita en un escenario donde ciertos sectores vienen alentando la narrativa de una disolución de la Cámara de Diputados. Esto es algo que el bloque de izquierda no quiere entender, pues eligió erradamente como batalla política un tema tradicional en la dinámica parlamentaria: la delegación de facultades nunca fue negada, en la historia contemporánea, a un gobierno que inicia funciones. Además, de que se trata de una herramienta para abordar dos temas urgentes: seguridad ciudadana y El Niño.
Sumado a esto, el bloque de izquierda se rehusó a debatir porque sabía que no tenía los votos para su postura: que no se amplíe de 20 a 27 los puntos de las facultades. No asistir a un debate porque no se cuenta con los votos no es tan democrático de su parte. En el Congreso, las batallas se ganan debatiendo y convenciendo. Muestra de esto es que, en el debate de la Comisión de Constitución del Senado, se recogieron aportes de los representantes de Obras para el texto final.
Al final, ni el oficialismo triunfó (solo se aprobaron 27 de los 66 puntos solicitados; apenas el 41% en proporción) ni la oposición pudo concretar sus posturas (la propuesta de JP para archivar todo fue rechazada y su planteamiento para que no se toque nada del texto de Diputados tampoco fue tomado en cuenta). Las únicas bancadas que terminaron bien paradas fueron Renovación Popular en Diputados, donde hicieron el trabajo técnico y político de consenso que Fuerza Popular no pudo ejecutar; y Obras en el Senado, donde acaba de posicionarse como la bancada que inclinará la balanza. Esto último incluso nos puede llevar a retroceder unas semanas y pensar que quizás el voto para que Fuerza Popular gane la presidencia del Senado salió de Obras y no de JP, como se especuló por entonces. Como siempre digo, en el Congreso nadie sabe para quién trabaja.

