Hay libros que aparecen para darle un nuevo significado a una vida. “Querido Francisco”, el más reciente trabajo de Silvia Miró Quesada, va por esa línea. Lo que comenzó como un homenaje a su hijo, fallecido a los 25 años, terminó revelándole facetas que ni siquiera ella conocía y confirmándole que su historia podía convertirse en un faro para otros jóvenes.
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― ¿Qué pudiste descubrir durante la investigación y escritura del libro?
Muchísimas facetas de Francisco. Yo conocía a mi hijo como mamá, pero los testimonios de sus amigos y compañeros me mostraron otros aspectos. Pensé que iba a escribir sobre Francisco, pero terminé aprendiendo sobre mi hijo. Descubrí cómo sembraba ideas en los demás. Un amigo recordaba que Francisco le dijo una vez: “Yo conozco el fracaso, estoy preparado para él y puedo levantarme”. Esa conversación le cambió la vida. Ahí entendí que la vida no se mide por los años que vivimos, sino por las huellas que dejamos.
― ¿Crees que al redescubrir a Francisco también te redescubriste a ti? Al final del día, Francisco formó parte de tus enseñanzas y de tu crianza.
Sí. Recordé muchos momentos de cuando Francisco era niño y enseñanzas que no pensé que trascenderían a su adultez. Me alegra pensar que quizá le transmití esa curiosidad por investigar y una profunda sensibilidad social. Creo que eso marcó su forma de entender la vida.
― ¿Qué esperas que encuentren los lectores en “Querido Francisco”?
Me gustaría que los jóvenes encuentren en Francisco un referente cercano. Era un abogado comprometido, un voluntario convencido de que estudiar era un privilegio que debía ponerse al servicio de los demás. Su legado sigue vivo en la beca creada en su nombre (gracias a la firma de abogados Payet, Rey, Cauvi, Pérez, donde laboró) y en tantas personas que hoy continúan inspirándose en él. Ese es mi mayor deseo: que su historia siga ayudando a otros.
― Tus libros tratan temas que suelen ser complejos de abordar. ¿Sientes responsabilidad al hablar del duelo, por ejemplo?
Sí, muchísima. Hace poco me escribió una señora cuyo nieto también se llamaba Francisco y había fallecido. Quería conversar conmigo sobre cómo había transitado este camino, porque su hija le había enviado una imagen de mi libro haciendo hincapié en el nombre de mi hijo. Nos veremos en unos días. Yo nunca doy consejos; simplemente comparto mi experiencia. Tanto en este libro como en “Renacer” o “Unos días con Bobby”, lo que busco es acompañar desde el corazón.
― Has enfrentado pérdidas muy duras. ¿Qué te mantiene en pie y con el ímpetu de seguir calando en los demás?
La fe, sin duda. Nunca me he preguntado: “¿Por qué?”. Ni cuando tuve cáncer, ni cuando perdí a Francisco, ni cuando perdí a mi esposo. Mi manera de vivir el dolor ha sido asumirlo y seguir adelante acompañada por mi familia. Con el tiempo construí una idea que me da paz: Francisco vino a este mundo por un tiempo breve, cumplió una misión y nosotros tuvimos el privilegio de compartir ese camino con él. //

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