Olivia Dean está viviendo el tipo de año con el que sueñan muchos artistas. Un Grammy a mejor artista nueva, cuatro premios BRIT —incluido álbum del año— y una gira que la llevará a presentarse seis veces en el O2 Arena de Londres son pruebas suficientes para señalarla como una de las cantantes más prometedoras de su generación. Sin embargo, cuando habla de todo ello, la cantante británica mantiene el cable a tierra y esa transparencia que ya muchos admiran. “La verdad, solo me gusta la atención cuando estoy cantando”, confiesa entre risas durante esta entrevista. “Cuando estoy hablando, me da vergüenza”, añade, como si aún no asimilara que esta es su nueva realidad como estrella internacional, una que además reúne cerca de 55 millones de oyentes al mes en Spotify.
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Olivia no suele buscar inspiración en grandes acontecimientos. Ella prefiere las conversaciones cotidianas, las frases que hacen reír a sus amigos. “Me gusta la especificidad”, explica. “Muchas veces las cosas más particulares terminan siendo las más universales”, algo que se traduce en la popularidad de su disco.
La autenticidad es un valor que también protege dentro del estudio, junto a su equipo. Antes de pensar en arreglos, referencias o tendencias, la artista necesita saber si una canción funciona por sí sola, desnuda, solo por su composición. “Si alguien pudiera tocarla únicamente al piano y siguiera emocionando, entonces sé que está lista”, dice.
Hay algo profundamente reconfortante en la forma en que Olivia Dean habla de su trabajo. Incluso después de compartir escenario con figuras como Sabrina Carpenter o recibir elogios de Stevie Wonder —quien le dijo que amaba una de sus canciones—, sigue describiendo la música con el entusiasmo de alguien que todavía no supera la emoción de escribir una buena melodía.
Cuando recuerda la creación de “I’ve Seen It”, una de las piezas más íntimas del álbum, la imagen parece salida de una película: una tarde de primavera, una guitarra, una taza de té y pájaros cantando en el jardín. La canción nació en poco más de una hora. La primera vez que la escuchó terminada, rompió en llanto. “Fue un momento muy puro de amor”, apunta.
Quizás esa sea la palabra que mejor define el universo de Olivia Dean: su pureza. Esa capacidad de conectar con experiencias que todos hemos vivido alguna vez, a través de melodías imposibles de olvidar. Asimismo, cautiva también su convivencia con la fama, perfectamente equilibrada con su autenticidad en el día a día. “Voy a los Grammy y luego vuelvo a casa a plantar flores en mi balcón o a encontrarme con mis amigos. Extrañamente, me sigo sintiendo bastante normal”, dice.
En una industria que suele premiar la extravagancia, ella ha encontrado su lugar apostando por la honestidad. Una artista que canta sobre el amor, pero que también lo practica: en su música, sus relaciones y en la forma en que mira el mundo. “Si amas lo que haces, todo lo demás se vuelve más fácil”, concluye. //









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