En medio de un aumento de la tensión en la región asiática, los intentos del presidente estadounidense, Donald Trump, de agasajar a su par norcoreano, Kim Jong-un, parecen haber tenido un efecto contrario. Este 20 de agosto Pyongyang lanzó una decena de misiles balísticos de corto alcance en el Océano Pacífico.
El lanzamiento ocurrió solo un día después de que Trump asegurara que se reuniría con el autócrata norcoreano este año y a un par de días de que ordenara reducir “sustancialmente” los ejercicios conjuntos entre tropas estadounidenses y surcoreanas, citando su buena relación con Kim Jong-un y la negativa de Seúl de apoyarlo en la guerra en Irán.
Los proyectiles fueron lanzados desde la zona de Pyongyang hacia las aguas orientales norcoreanas alrededor de las 5 de la tarde, hora local, según el Estado Mayor Conjunto surcoreano. Japón también detectó el lanzamiento y señaló que no hubo impactos dentro de su zona económica exclusiva.
El lanzamiento de los misiles se produjo además mientras se desarrollan las maniobras Ulchi Escudo de Libertad, uno de los principales ejercicios militares anuales entre Washington y Seúl con fines que ellos afirman son defensivos, pero que Pyongyang considera un ensayo para una posible invasión a su territorio. Este año los ejercicios fueron reducidos de 11 días a solo cinco por decisión estadounidense.
La gente observa una pantalla de televisión en la que se transmite un noticiero con imágenes de archivo de una prueba de misiles de Corea del Norte, en una estación de tren de Seúl el 20 de agosto de 2026. Corea del Norte lanzó alrededor de 10 misiles balísticos de corto alcance, según informó el ejército de Corea del Sur el 20 de agosto, horas después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunciara que se reuniría con el líder de Pyongyang, Kim Jong Un, a finales de este año. (Foto de Jung Yeon-je / AFP)
/ JUNG YEON-JE
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Pero estos gestos fueron recibidos tibiamente por Corea del Norte. “El carácter provocador y agresivo de las maniobras no cambiará aunque se reduzcan su duración y tamaño. Si Estados Unidos calcula que puede presentar su medida reciente como una de la llamada buena fe, no obtendrán la respuesta deseada”, dijo en un comunicado Kim Yo-jong, hermana de Kim Jong-un. La alta funcionaria norcoreana también negó que su hermano haya aceptado conversar con Trump, aunque resaltó la “excelente” relación entre ambos mandatarios.
El interés de Trump en el líder norcoreano sorprendió y alarmó a los aliados estadounidenses en Asia. El mandatario aseguró el miércoles que quiere reunirse con Kim antes de que termine el año y destacó que ambos “se llevan bien”, en un pronunciamiento en el que también alarmó al realizar una estimación poco habitual sobre el arsenal atómico de Pyongyang al señalar que tendría 57 armas nucleares, un número que luego fue elevado por el Ministerio de Defensa surcoreano a “entre 80 y 120”.
Pero para el internacionalista Jorge Antonio Chávez Mazuelos, este giro no debería resultar completamente inesperado. “Trump tiene un impulso bastante pendular donde asigna importancia a algunos temas, pero luego se concentra en otras prioridades”, señaló a El Comercio. En el caso de Corea del Norte y su mandatario, el interés del presidente estadounidense se remonta a su primer gobierno.
Es así que durante su primera administración, Trump se reunió con Kim Jong-un en Singapur en el 2018 y posteriormente protagonizó un encuentro simbólico con él en la zona desmilitarizada de Panmunjom, en el 2019, llegando incluso a cruzar brevemente al territorio norcoreano, el primer líder estadounidense en hacerlo. Para el especialista, el mandatario republicano también tiene una particular admiración por los líderes que percibe como “hombres fuertes”, una categoría en la que ubica a Kim Jong-un y al líder ruso, Vladimir Putin.
Pero Chávez Mazuelos enfatizó que las circunstancias han cambiado en el intervalo y Corea del Norte ya no ocupa exactamente la misma posición que tenía cuando Trump inició sus primeros contactos con Kim Jong-un, con Pyongyang realizando importantes avances de sus programas nuclear y misilístico, así como profundizando su relación con Rusia y China.
“Lo que quiere Corea del Norte es que simplemente se naturalice la idea de que ellos son una potencia nuclear en pleno derecho”, afirma Chávez Mazuelos.

El líder de Corea del Norte, Kim Jong Un (izquierda), y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asisten a una reunión en el lado sur de la línea de demarcación militar que divide a Corea del Norte y Corea del Sur, en la Zona de Seguridad Conjunta (JSA) de Panmunjom, en la zona desmilitarizada (DMZ), el 30 de junio de 2019. (Foto de Brendan Smialowski / AFP)
/ BRENDAN SMIALOWSKI
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El internacionalista Carlos Novoa, docente en la Universidad de Lima, coincidió en que el acercamiento de Trump a Kim Jong-un debe leerse desde una perspectiva geopolítica, donde lo que busca el presidente estadounidense es evitar que Pyongyang amplíe su participación en los conflictos internacionales, particularmente en Medio Oriente y la guerra de Irán que ha mantenido tanta de su atención en los últimos meses.
“Lo que estamos viendo es un clarísimo juego de geopolítica y muestra de poder”, sostuvo Novoa, quien señaló que Corea del Norte ya ha demostrado una clara disposición a intervenir en conflictos internacionales mediante su apoyo militar a Rusia en la guerra contra Ucrania. En ese contexto, considera que Washington podría estar buscando atraer a Kim Jong-un a su órbita para evitar una eventual colaboración norcoreana con Irán.
Por el lado de Pyongyang, el acercamiento por parte de una potencia ya le está ofreciendo réditos. “Hace un tiempo era prácticamente considerado un paria internacional y ahora el presidente de la nación más poderosa del mundo quiere reunirse con Kim Jong-un”, afirmó Novoa. “Ese simple hecho ya es un gran triunfo para Kim Jong-un, como político, como estrategia política, y también obviamente como propaganda”.
La aparente frialdad de Corea del Norte no necesariamente representa desinterés. Según el especialista, Pyongyang puede adoptar una posición distante precisamente porque fue Trump quien tomó la iniciativa. “No es desinterés de ninguna manera. Es buscar una posición fuerte, sólida”, explica.
La posibilidad de una nueva etapa de diálogo no puede descartarse. De hecho, la hermana de Kim Jong-un dejó abierta una puerta al señalar que la relación personal entre ambos líderes sigue siendo “excelente”, pese a negar que exista un contacto reciente entre ellos, algo que algunos observadores internacionales han interpretado como una indicación de que Pyongyang podría estar esperando mayores concesiones de Trump antes de volver a las conversaciones.
Pero una cosa es que Trump y Kim vuelvan a reunirse y otra muy distinta que alcancen un acuerdo de fondo, remarcó Chávez Mazuelos.
La anterior iniciativa diplomática de Trump terminó en el 2019, cuando ambos gobiernos no lograron ponerse de acuerdo sobre cuánto alivio de sanciones recibiría Corea del Norte a cambio de desmantelar parte de su infraestructura nuclear. Desde entonces, Kim Jong-un ha fortalecido sus capacidades militares y ha rechazado volver a discutir su programa nuclear.
“El espacio para negociar algo sustantivo como la desnuclearización se ha cerrado”, sostuvo el experto, quien agregó que en este momento Corea del Norte no tiene ningún incentivo para renunciar a su arsenal nuclear, algo que la experiencia de Ucrania, que abandonó las armas nucleares que heredó de la Unión Soviética antes de ser invadida por Rusia, y la de Irán, que fue atacado pese a no haber desarrollado una capacidad nuclear ofensiva, han demostrado.
Novoa coincide en que el objetivo de eliminar el arsenal nuclear norcoreano es cada vez menos realista. La prioridad de Washington sería, en su opinión, reducir el riesgo de que Pyongyang utilice esas armas o sus misiles balísticos.
“Corea del Norte no puede ganar una guerra mundial definitivamente, pero lo que sí puede hacer es morir matando mucho”, advierte Novoa.
Lo que no deja lugar a dudas es que el acercamiento entre Trump y Kim Jong-un ha causado preocupación entre los aliados estadounidenses en Asia, especialmente Corea del Sur, algo a lo que se suma la reciente reducción de los ejercicios militares conjuntos, que parecen indicar un distanciamiento de la superpotencia de la región.
Sin embargo, ambos especialistas consideran poco probable que esto termine en un verdadero distanciamiento entre Washington y Seúl.
Novoa descartó la posibilidad de un alejamiento sustancial entre Washington y Seúl. “No creo que vaya a producirse un alejamiento de Corea del Sur y Estados Unidos, quien es un aliado natural por razones estratégicas, militares y económicas”, afirmó. “Allí están las bases estadounidenses, mientras que existe una estrecha relación comercial y ambos países comparten una misma orientación capitalista“.
La relación entre ambos países, explica, no se limita a la seguridad. Existen fuertes vínculos económicos y comerciales y una alianza construida durante más de siete décadas en la que el país asiático alberga Camp Humphreys, la principal instalación militar estadounidense fuera de su propio territorio.
En cambio, consideró que “el acercamiento a Pyongyang es algo puntual y coyuntural” con dos objetivos principales: “tratar de mitigar cualquier exageración o exabrupto que pueda cometer Kim Jong-un y, sobre todo, controlar qué puede ocurrir en Corea del Norte para evitar que utilice los misiles balísticos o las armas nucleares que posee”.
Soldados estadounidenses instalaron un puente flotante sobre un río en un campo de entrenamiento militar en Yeoncheon el 20 de agosto de 2026, durante unos ejercicios militares conjuntos entre Estados Unidos y Corea del Sur. (Foto de YONHAP / AFP)
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Fue una opinión similar a la de Chávez Mazuelos, quien si bien notó que un alejamiento entre Seúl y Washington es improbable, situaciones como la reducción de los ejercicios conjuntos pueden generar dudas entre los aliados de EE.UU. sobre la solidez del compromiso estadounidense y la confiabilidad del paraguas nuclear estadounidense frente a países con bombas atómicas.
“Hoy esas garantías se han devaluado un poco por las propias palabras del presidente Trump y por esta visión tan transaccional de la política exterior que presenta”, señaló.
Algo que según el internacionalista importa bastante porque podría impulsar a Corea del Sur y Japón a fortalecer no solo sus capacidades militares convencionales, sino también a considerar, a largo plazo, opciones nucleares propias.
Hay precedentes, notó, ya que Corea del Sur ya tuvo un programa nuclear en los años 70 que fue abandonado después de la presión estadounidense, pero que ante un escenario de menor compromiso de Washington y la existencia de arsenales nucleares en Corea del Norte, China y Rusia, podría reaparecer.
“No es algo de corto plazo, sino que es algo más a largo plazo, pero es un escenario que hay que contemplar”, sostuvo.
Una eventual nuclearización de Corea del Sur y Japón modificaría por completo el equilibrio estratégico asiático y sería recibida con preocupación por China, Rusia y Corea del Norte.
“Si Corea del Sur y Japón desarrollaran capacidades nucleares, el resultado podría ser una dinámica de disuasión mucho más peligrosa”, consideró Chávez Mazuelo. “En un escenario nuclear, nadie gana”.



