jueves, abril 23

Desde un dormitorio, sentada en la cama, Yaroslavna Kuprina se conecta por videollamada para hablar de ballet. Empezó a los 10 años. Volando como un cisne, el tiempo pasó y el oficio la llevó a convertirse en solista de la compañía Russian Classical Ballet, una de las instituciones más influyentes de la danza clásica. Se lesionó hace unos años y pensó que su carrera había terminado, pero tras su recuperación todo fue cuesta arriba. Viajó por China y Europa haciendo presentaciones y ahora visitará Lima para bailar “El lago de los cisnes”, con música de Piotr Ilich Tchaikovsky, el 18, 19 y 20 de abril en el Gran Teatro Nacional.

A casi siglo y medio de su estreno, la obra sigue llenando teatros porque condensa una historia de luz y oscuridad, tal como son los humanos. Por un lado, está la princesa Odette, transformada en cisne por un hechizo, y el príncipe que intenta liberarla. Por el otro, el cisne negro: Odile, una impostora. Aparece de la misma forma, pero con otra intención. Seduce al príncipe y lo confunde. En escena, y en la precisión del cuerpo de baile, la pureza de los personajes se sostiene en movimientos etéreos, mientras que la danza cambia a un tempo más rápido, más filoso, con una energía que busca dominar.

Es un ballet increíblemente hermoso. Es muy difícil porque, en el ballet clásico, los brazos deben ser como alas, como decimos. Pero las siento. Siento que estas dos heroínas, Odette y Odile, son muy cercanas a mí”, dice Kuprina.

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Se toma un segundo, piensa, busca las palabras. “Esa parte humana vive en mí. Lo pensé por mucho tiempo y ahora poder mostrar la energía de estos personajes a la gente es muy fácil para mí”, explica. Su voz se suaviza aún más. “Tal vez una parte de mí es tan lírica, tan encantadora… y la otra parte, de misterios o de esa pequeña parte insidiosa”.

Sobre el evento…

«El lago de los cisnes» en el Gran Teatro Nacional

“El lago de los cisnes”, a cargo del Russian Classical Ballet, se presentará en el Gran Teatro Nacional, en San Borja, con funciones el sábado 18 de abril a las 4 p.m. y 8 p.m.; el domingo 19 a las 11:30 a.m., 4:30 p.m. y 7:30 p.m.; y el lunes 20 a las 5 p.m. y 8 p.m. Las entradas están disponibles a través de Teleticket.

Pero personas como el actor Timothée Chalamet piensan distinto del ballet. “A nadie le importa ya”, dijo en referencia al ballet y la ópera durante una entrevista. El nominado al Oscar por su papel en “Marty Supreme” estuvo involucrado en una polémica por esa declaración, que incluso atrajo manifestantes pro-arte frente a la gala de los premios. La reacción inmediata de Yaroslavna al escuchar el nombre del artista: “Oh, fue tan estúpido”.

En la compañía pensamos que él fue muy duro. Sus palabras sobre el ballet y la ópera no son verdad, porque estas artes son muy importantes para nuestro mundo, especialmente en este momento, en que la gente debería ir a estos lugares por el bienestar de sus almas y sus corazones. Porque deberían sentir algo”, dice. Hace una pausa breve y sentencia: “Si vas a un concierto de Timothée Chalamet, de seguro no vas a sentir absolutamente nada”.

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Tras siete años de formación en ballet, Yaroslavna ingresó al Ballet del Bolshói como solista, un paso poco habitual que marcó el inicio de su ascenso. Hace unos años, una lesión en el ligamento la obligó a detenerse durante un año. El regreso no fue gradual: el director le pidió interpretar “La bella durmiente” en apenas 11 días. “Fue un momento realmente difícil y estaba muy asustada por lo que los profesores o el público pensaran de mi baile”, recuerda. Hoy piensa en sus siguientes objetivos: convertirse en ‘leading soloist’ y, finalmente, llegar a la cumbre: ser ‘prima ballerina’.

La disciplina le exige estar lista a las 7 a. m. y terminar el día a las 10 p. m. Tiene presentaciones casi todos los días y cuida su cuerpo. En lo cotidiano, no es particularmente estricta con la comida, aunque tampoco come en exceso.

El imaginario del cine ha tenido muchas lecturas sobre la vida de las bailarinas de ballet. Hay interpretaciones como “El cisne negro”, protagonizado por Natalie Portman, donde la dualidad del cisne negro y blanco se vuelve obsesión y resalta la humanidad. Otros son relatos recientes, como “Joika”, que sigue el recorrido de una bailarina estadounidense (Talia Ryder) que ingresa al Bolshói con apoyo de su profesora (Diane Kruger) y enfrenta un sistema donde la disciplina roza lo implacable. En escenas de cine, la transformación de una bailarina ocurre de forma más rígida, sostenida en el cuerpo, pero fuera de la ficción queda en duda si el entorno del ballet se sitúa en los extremos.

Debemos tener una forma perfecta, porque si tienes más de uno o dos kilogramos de grasa, puedes sufrir una lesión. Puede que no hagas los pasos bien y sientas tu cuerpo pesado. Especialmente los profesores lo notan. La moda del ‘body positive’ está bien, pero no es mi profesión”, comenta Kuprina sobre la disciplina que exige su alimentación, en contraste con las tendencias en redes sociales, donde se abre cada vez más la discusión sobre la aceptación de cuerpos diversos.

Ahora, frente a su llegada a Perú, ya le han advertido sobre el recorrido gastronómico que le espera. Es la primera vez que visita Latinoamérica, así que asume su identidad con una mezcla de orgullo y conciencia del contexto político en que la palabra “Rusia” resuena debido a la guerra. “Me siento como una embajadora rusa de la cultura, porque soy una chica rusa”, dice sonriente, quien tal vez sería perfecta para interpretar la dualidad de un cisne blanco y uno negro.

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