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El Museo de Arte de Lima ocupa un edificio público, el Palacio de la Exposición, pero funciona con fondos enteramente privados. Para sostenerlo nació, en 1996, la Subasta de arte del MALI —realizada durante la Fiesta del Arte —, que en sus primeros años ni siquiera tenía martillero, pues los postores pujaban en silencio y dejaban sus ofertas en un sobre sellado. Treinta años después, el 10 de octubre, el museo celebrará su edición XXXIV.
El Museo de Arte de Lima ocupa un edificio público, el Palacio de la Exposición, pero funciona con fondos enteramente privados. Para sostenerlo nació, en 1996, la Subasta de arte del MALI —realizada durante la Fiesta del Arte —, que en sus primeros años ni siquiera tenía martillero, pues los postores pujaban en silencio y dejaban sus ofertas en un sobre sellado. Treinta años después, el 10 de octubre, el museo celebrará su edición XXXIV.
Montarla en el Perú de mediados de los noventa, cuando el país apenas salía de una de sus décadas más duras, no fue sencillo. Aun así, la subasta creció, edición tras edición, hasta convertirse en una institución que también educa y da visibilidad a artistas jóvenes o relegados en la historia, como ocurrió con las dos subastas de arte amazónico, hoy reconocido internacionalmente.
Fernando de Szyszlo, Tilsa Tsuchiya, José Sabogal y Julia Codesido figuran entre los artistas representados en el catálogo.
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Desde 2007 la cita se duplicó a dos ediciones anuales y empezó a itinerar: del museo al Hotel B, la Casa Prado, el Belmond Hotel y la Playa El Golf en Asia, siempre buscando distinguirse en sus ediciones a través de su catálogo. Ese año nació también la costumbre de sumar una serigrafía conmemorativa, siendo la primera firmada por Raymond Chávez, y la de este año encargada a Rita Ponce de León.
La subasta también se fue profesionalizando. Cada lote pasa hoy por una curaduría que evalúa procedencia, autenticidad y conservación. Y en su haber se subastaron piezas de artistas como Fernando de Szyszlo y Tilsa Tsuchiya. En la edición de pandemia, en 2020, la Subasta dio el salto a lo digital, y ese cambio terminó por expandir sus fronteras. Hoy la puja se sigue y se gana desde cualquier parte del mundo.
La edición conmemorativa reúne piezas de maestros, artistas contemporáneos y representantes de la tradición textil peruana.
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Con sedes que acompañan el remate en Londres, Madrid y Nueva York, y una transmisión que llega a través de la plataforma digital Bidsquare, hasta un 30% de las ofertas ganadoras llega hoy desde el extranjero, gracias sobre todo al respaldo de la comunidad peruana en el exterior y el interés de coleccionistas en el arte peruano.
“La Subasta MALI se ha consolidado como el mercado secundario más transparente y prestigioso de la producción artística peruana. A la vez, ha impulsado la misión del Museo de visibilizar diversas expresiones y promover el conocimiento de nuestro legado cultural”, menciona Talía Durand, presidenta del Comité de la Subasta del MALI.
La puja puede seguirse en línea desde cualquier parte del mundo y hasta un 30% de las ofertas ganadoras llega desde el extranjero.
/ PBL
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Esta edición de aniversario reúne 64 lotes en ocho sesiones, organizadas según los ejes que han marcado sus tres décadas: textilería, fotografía, diseño, artes aplicadas. Destacan José Sabogal, Julia Codesido, Enrique Camino Brent, Pancho Fierro y Teófilo Castillo; maestros tejedores como Honorato Oncebay y Carlota Quispe Mamani; y contemporáneos como Claudia Coca, Fernando Bryce, River Claure y Armando Andrade Tudela.
Cada catálogo es, además, un documento histórico que permite analizar la venta de arte a coleccionistas, con más de 60 obras y un aproximado de 40 compradores por cada edición; ese dinero es el que sostiene las exposiciones, los programas educativos y los talleres del museo cada año. “El que hace posible que sigamos siendo un Museo con todas las letras y que se permita realizar actividades culturales que apoyan a artistas locales”, agrega Durand.
El Museo de Arte de Lima ocupa el Palacio de la Exposición, edificio que alberga parte de la historia artística y cultural del país.
/ PBL
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La subasta puede seguirse hoy en vivo y tiene precios más accesibles para jóvenes coleccionistas, con opción de pujar en línea o mediante un representante en sala. Treinta años después de aquella primera edición, el reto ya no es solo recaudar, sino sumar a una nueva generación que se anime a levantar la mano por primera vez.



