Buena parte del éxito de la economía peruana de las últimas tres décadas se debe al crecimiento de su comercio internacional, tanto exportaciones como importaciones. El Perú, de hecho, tiene acuerdos comerciales con las tres grandes potencias económicas del mundo -EEUU, China y la Unión Europea-. En la región, solo Chile comparte ese acceso privilegiado. Con el paso de los años, aquí se da por sentado que podemos exportar o importar de casi cualquier lado del mundo lo que queramos. No existe tanta conciencia de que el resto de Sudamérica no tiene necesariamente ese derecho.
A partir del crecimiento del precio de los minerales y el boom de las agroexportaciones, los envíos al exterior han ganado protagonismo en los últimos tiempos. No es para menos. Entre enero y julio de este año, el valor de lo exportado creció en 37% comparado con el mismo periodo del año anterior. De acuerdo con estimaciones del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), las exportaciones durante el 2026 alcanzarían cerca de US$120 mil millones. Diez años atrás, eran US$34 mil millones, menos del 30% de lo que serían este año. Otra manera de verlo: el año pasado, solo en cobre, exportamos un monto similar al valor de todos los productos exportados en el 2015.
Y la verdad es que debió ser aún mejor. A pesar de los exorbitantes precios del cobre y del oro, la producción minera no crecería entre 2025 y 2027 como consecuencia de la falta de nuevos proyectos mineros de envergadura. En vez de aprovechar el buen momento -que no sabemos cuánto durará-, el país dejó pasar estos años sin aumentar los envíos minerales. Entre los envíos no tradicionales, los arándanos han destronado a la uva como la agroexportación peruana más valiosa. Hace diez años, vale notar, los arándanos prácticamente no existían en la canasta exportadora nacional.
Estas historias son medianamente conocidas. Pero del otro lado de la moneda, el de las importaciones, se habla mucho menos, y los números son también impresionantes. El año pasado entraron al Perú bienes por más de US$60 mil millones, un crecimiento de 60% respecto del 2015. Y solo en lo que va del 2026, las importaciones han crecido un 23% sobre los montos del 2025, explicado principalmente por mayores volúmenes, más que por precios. La fortaleza del sol peruano también ha jugado aquí un papel.
Esta parte de la historia es importante porque en ocasiones se piensa que solo las exportaciones benefician a la economía nacional, y que las importaciones restan, o quitan empleo local. La verdad, sin embargo, es que las importaciones ayudan tanto a la industria local como a los consumidores. Sobre lo primero, en lo que va del año el Perú ha importado US$13 mil millones en materias primas y productos intermedios para las industrias nacionales -como plásticos, productos químicos o fertilizantes-. Eso hace posible que sectores como la agricultura y la manufactura operen y se mantengan competitivos. Quizá más importante aún, el ritmo de crecimiento de la importación de bienes de capital (máquinas para producir, básicamente) es sorprendente. Durante el segundo trimestre de este año, entraron al Perú 26% más bienes de capital que durante el mismo periodo del 2025. Eso es evidencia de un excelente apetito de los empresarios locales por expandir producción en los siguientes meses. El Perú necesita la tecnología que ofrece el resto del mundo para mejorar sus propios procesos. Mientras más máquinas se instalen aquí, mayor también será la productividad promedio de cada trabajador local, y eventualmente mayor será su sueldo.
Del lado de las importaciones directamente para los consumidores, algunos números son aún mayores. Los bienes de consumo duradero llevan un ritmo vertiginoso. La importación de televisores, por ejemplo, creció 39% interanual entre enero y julio (y sin clasificar al mundial de fútbol). Pero es el avance de los carros y las motos lo que más llama la atención: más de 60% en el año. En vista del estado de la congestión vehicular en ciudades como Lima y Arequipa, uno no puede dejar de preguntarse dónde esperan caber los carros y motos nuevos por casi US$2,000 millones que se han importado este año -muchos provenientes de China-. De acuerdo con la Asociación Automotriz del Perú (AAP), entre enero y agosto del 2026 se comercializaron más de 385,000 unidades de motos y trimotos.
Para la gran mayoría es, pues, evidente que el crecimiento de las exportaciones es crucial en la economía nacional -y se ven titulares noticiosos sobre el asunto regularmente-. Sin embargo, la contribución y la temperatura económica que marcan las importaciones pasa más desapercibida. Crecimientos fuertes en la recepción internacional de insumos industriales, máquinas de producción, y bienes duraderos para las familias son señales inequívocas de una economía interna con una marcha saludable y cuya mecha seguirá encendida por, al menos, los siguientes meses. Esa información se recoge mucho más de las importaciones que de las exportaciones.
Esta lectura nos permite también matizar las celebraciones sobre los resultados de la balanza comercial de bienes (la diferencia entre el valor de lo exportado y lo importado). Esto no es un juego de suma cero en el que las exportaciones son goles a favor y las importaciones goles en contra. Cuando se habla de infraestructura para el comercio internacional, por ejemplo, se debe también pensar en las facilidades para distribuir de la mejor manera los productos que llegan, no solo los que salen. Cuando se habla de nuevos mercados, pensemos también qué podemos comprar más barato de ahí. La economía del Perú se fortalece y se moderniza cuando compramos de fuera lo que necesitamos para producir o consumir, y que otras partes del mundo pueden producir de forma más eficiente. En esa métrica, los números sugieren que el último año difícilmente pudo ser mejor para nuestro comercio internacional, y no solo por las exportaciones récord.



