Felipe VI recalcó este martes la españolidad irrenunciable de las ciudades norteafricanas de Ceuta, que visitó con la reina Letizia, y de Melilla, y señaló que España y la Unión Europea (UE) tienen la voluntad y la responsabilidad de mantener una buena relación de confianza y respeto mutuos con Marruecos.
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Demandó, además, que se les debe exigir un “respeto escrupuloso de las normas de convivencia ciudadana y de los derechos y libertades de los ceutíes” mientras permanezcan en España.
Así, Felipe VI reclamó “unidad institucional” para aplicar soluciones “prácticas y tangibles” a la situación de Ceuta. Una gran mayoría de los migrantes regresó poco después a Marruecos y otros lo hicieron paulatinamente, pero aún queda en la ciudad autónoma española un número indeterminado, como más de 3.000 menores de edad que son atendidos por los servicios públicos locales.
Antes, en un cementerio musulmán, los reyes homenajearon a los migrantes ahogados cuando intentaban llegar a nado a la costa española aquellos días, de los que unos 90 están enterrados en ese lugar, la mayoría sin identificar. También visitaron un colegio infantil con un 70 % de alumnado musulmán.
Los reyes de España se volcaron hoy con Ceuta en un viaje histórico para apoyar a la población y las autoridades locales por la situación que sufre desde la avalancha migratoria de hace dos meses y medio.
El presidente de Ceuta, Juan Vivas, que entregó las llaves de la ciudad a los reyes, la definió como una “olla a presión que, en cualquier momento, puede estallar”.
Felipe VI y la reina Letizia aseguraron, al firmar en el Libro de Honor del Ayuntamiento, que saldaban una “deuda” con esta visita, “largamente deseada y pendiente”, y con la que quisieron transmitir el compromiso con el futuro de los ceutíes, que es “el futuro de España”, en este momento de dificultad.
El sentimiento era recíproco, pues el viaje real era anhelado desde hacía tiempo por los ceutíes, que derrocharon entusiasmo para recibir a los reyes y sentirse reconfortados por su presencia en calles abarrotadas y llenas de banderas de España y Ceuta.
Felipe VI mostró su emoción por este viaje, que los reyes ya planeaban para este mismo año antes de la avalancha migratoria, el primero a las dos ciudades norteafricanas españolas desde que fuera proclamado rey, en 2014.
El rey valoró, y con él “toda la sociedad española”, el temple y coraje de los ceutíes, además de su “ejercicio cotidiano de la convivencia, por encima de razas, lenguas y religiones”.
Para terminar, transmitió “un mensaje de serenidad y de confianza” en España y sus instituciones, con “el compromiso pleno, permanente e inequívoco de la Corona”.

