miércoles, septiembre 16

El fenómeno de El Niño vuelve a ponernos frente a un desafío que conocemos bien. Hoy contamos con algo fundamental para enfrentarlo: información para anticiparnos.

ENFEN mantiene la alerta de El Niño Costero y advierte una alta probabilidad de que alcance una magnitud extraordinaria en los próximos meses. Sus efectos serán distintos según cada región: mientras algunas zonas podrían enfrentar lluvias intensas, otras tendrán condiciones más secas de lo habitual.

No podemos saber con exactitud cuál será su impacto. Pero sí podemos prepararnos.

Y ahí está la verdadera reflexión. Cuando una crisis puede anticiparse, el liderazgo no se mide solamente por nuestra capacidad de reacción, sino por lo que hacemos antes de que ocurra.

Para las empresas, esta será una prueba de gestión, pero también de liderazgo. Prepararnos no puede significar únicamente proteger nuestras operaciones. Significa entender dónde están nuestras vulnerabilidades y actuar antes de que se conviertan en problemas para nuestros trabajadores, consumidores, clientes, proveedores y comunidades.

En alimentos y bebidas esta responsabilidad adquiere una dimensión especial. Cuando una emergencia afecta carreteras, producción o abastecimiento, mantener disponibles productos esenciales deja de ser solamente una necesidad del negocio. Se convierte también en una responsabilidad con el país.

Eso exige identificar proveedores críticos, asegurar inventarios, prever rutas logísticas alternativas y tener planes de contingencia que puedan ejecutarse cuando sean necesarios. Pero también exige mirar más allá de nuestras propias operaciones.

Ninguna empresa funciona sola. Detrás de cada producto existe una cadena formada por miles de personas y empresas, algunas con mayor capacidad que otras para enfrentar una crisis. Los pequeños productores y proveedores pueden ser especialmente vulnerables. En Gloria, por ejemplo, contamos con un Plan de Apoyo Ganadero que ya hemos utilizado ante situaciones que afectaron nuestra cadena láctea.

La preparación también empieza por nuestra propia gente. Un plan de continuidad está incompleto si asegura las operaciones, pero no contempla qué ocurrirá con los trabajadores y sus familias que viven en zonas vulnerables.

Y existe una responsabilidad que va más allá de cada empresa. Un fenómeno de esta magnitud requiere coordinación entre el Estado, los gobiernos locales, la empresa privada y las comunidades. Cada uno tiene un rol distinto, pero todos compartimos el mismo desafío.

Prepararse cuesta. Requiere tiempo, recursos y decisiones que muchas veces se toman cuando todavía no existe una emergencia visible. Precisamente por eso es una prueba de liderazgo. Anticiparse significa actuar antes de que la urgencia nos obligue a hacerlo.

Tenemos información, experiencia y tiempo para prepararnos. Esa es nuestra principal ventaja y también nuestra responsabilidad.

No podemos evitar El Niño ni controlar completamente sus efectos. Lo que sí podemos decidir es cómo nos encontrará.

El Niño puede ser inevitable. Que nos encuentre desprevenidos no lo es.

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