La final de la Liga Peruana de Vóley arrancó con un golpe de autoridad: San Martín se impuso en el primer partido ante Alianza Lima, vigente bicampeón del torneo, dejando abierta la discusión sobre si podrá cerrar la serie o si la definición se extenderá a un extra game. El triunfo santo no solo rompió los pronósticos iniciales, sino que también evidenció diferencias claras en el planteamiento y ejecución dentro de la cancha, obligando a Alianza a replantear su estrategia de cara al segundo encuentro.
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Ante ello, El Comercio buscó la opinión de tres referentes del voleibol para que opinen de esta segunda final de infarto: ¿San Martín se volvió favorito o habrá extragame en la final de vóley?
Fernando Egusquiza, desde su rol de observador cercano, no duda en señalar el punto de partida del análisis. “Alianza no puede repetir una final como la que hizo en la ida”, advierte. Su lectura no se queda en la crítica, sino que proyecta un posible giro en la serie: “Percibo un triunfo de Alianza en la vuelta, siempre que mejore el aspecto individual y colectivo. Si se acerca a lo que hizo durante toda la temporada, tendremos un extra game”. La afirmación instala una idea central: la clave está en recuperar la identidad competitiva que llevó al bicampeón hasta esta instancia.
Antonio Carrasco, entrenador de vóley, va más allá y desmenuza con detalle quirúrgico lo ocurrido en el primer enfrentamiento. Su diagnóstico es contundente y extenso, pero tiene un eje claro: el colapso del sistema de juego aliancista. “Alianza Lima va a tener que cambiar mucho o replantear la forma como va a jugar”, sostiene. Y explica por qué: “San Martín ganó con autoridad, fue un merecido ganador por la manera cómo planteó el partido su entrenador”.
Carrasco pone el foco en el denominado “complejo 1”, es decir, la secuencia recepción-armado-ataque. “Fue el talón de Aquiles. San Martín tuvo un saque muy táctico y por ahí vinieron los problemas. Alianza no supo cómo resolver ese saque, se anularon las puntas receptoras y la armadora no pudo trabajar bolas de primer tiempo”, detalla. La consecuencia fue directa: un equipo sin variantes ofensivas, predecible y superado.
Pero el análisis no se limita a lo táctico. Carrasco introduce un componente emocional que, a su juicio, inclinó la balanza. “Alianza jugó para no perder, mientras San Martín jugó para ganar”, afirma. Y profundiza: “No hubo respuesta mental cuando el rival sacaba cinco, seis o siete puntos de ventaja. Eso en una final pesa mucho”. La diferencia de actitud, según el entrenador, fue tan determinante como cualquier esquema.
En contraste, destaca el rendimiento del cuadro santo con elogios puntuales. “San Martín fue un equipo equilibrado, con una armadora que trabajó para diez puntos, prácticamente una atacante más. Los cambios entraron a dar soluciones y no problemas”. También resalta nombres propios: “Brenda Lobatón sorprendió, Alianza no esperaba ese nivel. Y Fernanda Tomé, pese a su lesión, fue dosificada de manera inteligente y respondió en momentos clave”.
Aun así, Carrasco evita inclinar la balanza de forma definitiva. “Está para cualquiera. No hay favoritos. Alianza no va a ser el mismo equipo, pero necesita cambios, no uno sino varios. Tiene que replantear y ajustar incluso con nombres distintos”, remarca, dejando claro que la serie está lejos de resolverse.
La periodista Margarita Rivera Monforte aporta otra capa al análisis, centrada en la profundidad del plantel íntimo. “Alianza Lima tiene hasta tres equipos competitivos”, asegura. Desde su perspectiva, esa amplitud es una ventaja que aún no ha sido explotada. “No será el mismo equipo el que afronte el segundo partido”, anticipa.
Rivera reconoce el mérito santo sin matices. “San Martín hizo todo lo necesario para ganar como ganó, fue el justo vencedor”. Sin embargo, advierte que el desafío ahora es mayor: “Va a tener que plantear muy bien sus estrategias ante tres equipos competitivos de Alianza si quiere cerrar la serie”. Su conclusión mantiene viva la expectativa: “Alianza tiene condiciones para forzar un extragame”.
Así, entre diagnósticos, advertencias y proyecciones, la final se redefine desde la palabra de los especialistas. Más que un simple segundo partido, el duelo del domingo aparece como un punto de quiebre donde táctica, carácter y capacidad de ajuste determinarán si hay campeón o si la historia se estira a un último capítulo.
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