jueves, octubre 15

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

El cambio climático puede aumentar o agravar los brotes de dengue, entre otras enfermedades, según el reporte. Foto: Ministerio de Salud de Perú.

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La malaria y el dengue son las dos enfermedades infecciosas transmitidas por mosquitos más comunes en el mundo. Según el último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la malaria, en 2024 se registraron 282 millones de casos con 610 000 muertes. En cuanto al dengue, según la OMS, cerca de la mitad de la población mundial corre riesgo de contraer esta enfermedad y se estima que cada año ocurren entre 100 y 400 millones de infecciones.

Los responsables de la transmisión de estas infecciones son los mosquitos del género Anopheles, para la malaria, y Aedes, para el dengue. Insectos cuya proliferación tiene que ver con las variaciones climáticas, como el aumento de la temperatura por el cambio climático, así como la humedad y las lluvias.

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Cada año ocurren entre 100 y 400 millones de infecciones de dengue según la Organización Mundial de la Salud. Foto: ©Andina/Editora Perú

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Un reciente artículo publicado el pasado 2 de octubre en la revista Science Advances, indagó, mediante revisión de estudios previos, qué está pasando con estas dos enfermedades, su relación con el cambio climático y cómo otros factores no climáticos afectan a estas enfermedades infecciosas.

“Nuestro objetivo con este artículo es describir los complejos vínculos entre los factores climáticos y la transmisión de la malaria y el dengue, así como el papel que desempeñan los factores no climáticos en dicha transmisión”, explica Toby Cummings, coautor del artículo e investigador de la Universidad Monash en Melbourne, Australia.

La investigación Cómo afecta el cambio climático a las enfermedades infecciosas transmitidas por mosquitos: las diferentes trayectorias de la malaria y el dengue señala que pese a que los factores climáticos tienen efectos similares en la transmisión de la malaria y el dengue, la trayectoria de ambas enfermedades ha sido muy diferente desde mediados del siglo XX. Por un lado, la malaria ha estado en declive; mientras que el dengue está expandiéndose rápidamente.

Las variaciones climáticas están relacionadas con la proliferación de los mosquitos que causan el dengue y la malaria. Foto: AP/Fernando Vergara

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La investigación también indica que los factores climáticos no son los únicos que determinan la transmisión de las enfermedades causadas por estos vectores, sino que también se deben tomar en cuenta la movilidad de las personas, el crecimiento demográfico, los niveles de inmunidad, el cambio de uso del suelo, la urbanización, las intervenciones de control y la calidad de los sistemas de salud.

“Si logramos comprender este panorama complejo, podremos orientar mejor las intervenciones, incluidas las medidas de control de mosquitos y las estrategias de prevención”, afirma Cumming.

Cumming explica que el cambio climático no solo favorece la proliferación de los mosquitos, sino también la de los patógenos que transportan. En el caso de la malaria, es el parásito Plasmodium el que se desarrolla más rápidamente a temperaturas más elevadas; y en el caso del dengue, es el Flavivirus el que se replica con mayor rapidez a temperaturas más altas.

El mapa muestra la presencia de dengue en el año 2023. Fuente: Organización Mundial de la Salud

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Sin embargo, los factores climáticos no son los únicos que influyen en la presencia de estas infecciones. “Uno de los principales hallazgos de nuestra revisión fue que los factores no climáticos pueden ayudar a explicar las diferentes trayectorias de ambas enfermedades: la malaria muestra un descenso a largo plazo, mientras que el dengue sigue aumentando”, añade Cumming.

“La urbanización, por ejemplo, es un buen caso”, acota Cumming. Los mosquitos transmisores del dengue, explica, depositan sus huevos en recipientes artificiales, por tanto, están muy bien adaptados a las ciudades. “Dado que la población mundial tiende a vivir cada vez más en núcleos urbanos, esto ha favorecido la transmisión del dengue”, agrega el investigador.

Por el contrario, explica Cumming, los mosquitos que transmiten la malaria prefieren entornos naturales y aguas estancadas para reproducirse y poner sus huevos, por ello, la urbanización, lejos de favorecerla, ha limitado la malaria.

“Las proyecciones sugieren que el cambio climático seguirá expandiendo el rango geográfico que es apropiado para la transmisión”, se explica en el documento de la investigación. También se argumenta que lo que impulsa la incidencia de la malaria y el dengue “es una compleja combinación de variables climáticas, condiciones ambientales localizadas y multitud de factores no climáticos, incluidos el cambio de uso del suelo, la urbanización, el crecimiento demográfico, el movimiento de personas, la inmunidad de la población, la resistencia a los insecticidas y medicamentos, las intervenciones de control y la calidad de los sistemas de salud”.

En lugares con limitado acceso al agua, la población la almacena en contenedores que se convierten en el hábitat perfecto para la reproducción del mosquito que transmite el dengue. Foto: ©Andina/Editora Perú

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En la investigación también se menciona que “aunque a largo plazo la malaria está en declive, los datos indican que en la última década hubo un aumento de la incidencia del 8.5 %”. “La mayor parte del resurgimiento de la malaria durante el último siglo se ha asociado con un debilitamiento de las medidas de control de la malaria, a menudo por las limitaciones de recursos, pero también debido a guerras o desastres”.

En el caso del dengue, la preocupación es mayor por su rápido aumento y, debido a esto,“están surgiendo nuevas intervenciones para el dengue que incluyen vacunas parcialmente efectivas y estrategias innovadoras de control de mosquitos”, señala la investigación.

Un factor adicional a tomar en cuenta actualmente es la presencia del fenómeno El Niño. Sobre este tema Cumming menciona que “este fenómeno altera los patrones de temperatura y precipitaciones, pero es imposible establecer una relación única entre El Niño y las tasas de malaria y dengue, ya que los efectos dependen mucho de la ubicación geográfica”, aclara. “Si bien hay factores globales como El Niño que influyen en la transmisión de estas enfermedades, modelar con exactitud cómo funciona dicha relación puede resultar muy complejo”, precisa.

Un informe del Instituto Nacional de Salud de Colombia, de 2020, señala que en América Latina hubo una disminución sostenida de malaria entre 2005 y 2014, sin embargo, desde 2015 hasta 2019 se presentó un incremento en el número total de casos principalmente en Brasil, Colombia, Guyana, Nicaragua y Panamá.

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