miércoles, octubre 14

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A unos pocos kilómetros de la ciudad peruana de Ica, se levanta una torre de 21 metros. En la punta, una esfera blanca protege el radar que tiene debajo. Se trata del primer radar meteorológico de banda C instalado en el país y una de las piezas del Sistema de Alerta Temprana. Este equipo forma parte de un proyecto pensado para monitorear en tiempo real los fenómenos climáticos. Ica, en el sur, y Piura, en el norte, son hasta hoy las únicas regiones que cuentan con este tipo de radar.

La meta inicial era contar con 18 Sistemas de Alerta Temprana en el país. Pero los 16 restantes, previstos para las regiones de Lima, Tumbes, Áncash, La Libertad y Lambayeque, nunca se implementaron. Además, este año, dos fueron descartados definitivamente por la Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN) debido a la falta de presupuesto. Por su parte, los radares de Ica y Piura aún están incompletos: si bien pueden levantar datos, aún no pueden alertar a la población ante posibles desastres.

Sin estos sistemas, el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), la agencia peruana que supervisa los eventos climáticos, sigue dependiendo de datos satelitales y no puede tener información más precisa para anticiparse, por ejemplo, a inundaciones.

El Senamhi recibe imágenes del satélite GOES —que opera la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA)— para observar la atmósfera en general, con actualizaciones frecuentes. Pero esas imágenes miden estimaciones térmicas, no la intensidad de la lluvia en el suelo en tiempo real. Por eso, en febrero de 2017, esa información satelital, junto con otros reportes internacionales, solo permitió advertir que se producirían lluvias muy fuertes especialmente en la costa norte, debido al fenómeno El Niño Costero, un calentamiento anómalo de las aguas frente a la costa de Perú y Ecuador que intensifica las precipitaciones.

El radar meteorológico es solo una de las piezas del Sistema de Alerta Temprana. Aún faltan por implementar otros componentes para que este sistema esté completo. Foto: ANIN.

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Si en ese momento el Senamhi hubiera contado con radares meteorológicos, habría podido monitorear dónde llovía, cuánto llovía y hacia qué zonas se desplazaba la lluvia mientras ocurría. Esa información, combinada con datos de las estaciones meteorológicas, habría permitido emitir alertas con horas o minutos de anticipación ante crecidas de ríos y huaicos (avalanchas, deslizamientos y deslaves). De esa forma, las autoridades habrían podido evacuar a las poblaciones en riesgo y reducir los daños en viviendas, cultivos, colegios y servicios de salud.

Ese año, el fenómeno El Niño Costero dejó miles de viviendas afectadas así como escuelas y servicios de salud inundados tras varias horas de lluvia. En Piura, por ejemplo, en solo cuatro meses (diciembre de 2016 – abril de 2017) se acumularon 884 milímetros de lluvia, diez veces más que el nivel normal registrado sin eventos El Niño, según datos de la Subdirección de Predicción Climática del Senamhi.

Como los Sistemas de Alerta Temprana nunca se completaron, varias regiones del norte siguen dependiendo de avisos generales y no de información en tiempo real. Es la misma carencia que, hace casi una década, limitó la respuesta ante las lluvias extremas de El Niño Costero.

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Durante los cinco años posteriores al fenómeno de El Niño Costero de 2017, la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios (ARCC) no logró implementar los 18 Sistemas de Alerta Temprana prometidos para las regiones del norte que fueron afectadas por las intensas lluvias. Solo firmó un contrato con el Consorcio Alerta Perú (conformado por las empresas GCZ Ingenieros SAC, Advanced Radar Company LLC, Advanced Environmental Monitoring Intermediate Inc y Telegrafía A.S.) para el diseño y construcción de dos sistemas, uno en Tumbes y otro en Ica.

El alcance de la ARCC era mucho más amplio pues debía financiar más de 10 000 obras para atender los daños ocasionados por El Niño Costero. Tenía un plazo de tres años para terminar todos los proyectos, incluidos los Sistemas de Alerta Temprana, pero el plazo se extendió. Tras recibir serias observaciones de la Contraloría debido a los retrasos, pero también a fallas técnicas de muchas de las obras, la ARCC terminó desactivada en 2023 sin haber logrado implementar ni siquiera los Sistemas de Alerta Temprana en Tumbes e Ica, pese al contrato que suscribió.

Después del fracaso de la ARCC, en 2024 la Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN) asumió las obras pendientes (un total de 194), incluyendo los 18 Sistemas de Alerta Temprana. Sin embargo, recién en 2025 contrató a la empresa DominionPeru Soluciones y Servicios SAC para instalar y poner en operación dos radares meteorológicos en Ica y Piura. Ambos entraron en funcionamiento el 9 y 16 de julio de este año, respectivamente.

Los radares meteorológicos detectan en tiempo real dónde llueve y con qué intensidad, información importante para emitir alertas preventivas. Foto: Ministerio del Ambiente.

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Los dos radares ya fueron transferidos al Senamhi, que se encargará de gestionar todos los datos que estos generen. La entidad indicó a Mongabay Latam que, frente a los fenómenos El Niño y El Niño Costero que se vienen registrando, los radares pasarán por un periodo de prueba a partir del cual se podrá recoger más evidencia para mejorar el proceso de asimilación de esta nueva tecnología en los próximos años.

Pero los radares son solo una parte de los Sistemas de Alerta Temprana. En Ica y Piura todavía faltan estaciones meteorológicas e hidrológicas, sensores de suelo, centros de control y sirenas de alerta masiva para avisar de manera preventiva a la población de estas regiones ante lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos. Sin esos pendientes, los sistemas están incompletos.

Pero eso no es todo. Ninguno de los 16 Sistemas de Alerta Temprana restantes están lo suficientemente avanzados como para poder operar de cara a El Niño que ya está presente y que se espera sea más intenso que los registrados en el pasado. Mongabay Latam pudo confirmar que 11 están en fase de diseño, tres están todavía en la etapa inicial de formulación de la idea, y otros dos —previstos para las cuencas de los ríos Chancay, en Lambayeque, y Chicama, en La Libertad— han sido cancelados, según explicó Mario Ríos, vocero de la jefatura de la ANIN.

“Ya no hay forma de darles recursos. Por ejemplo, Chicama es una zona más agrícola, con menos población, así que por ese lado no tenía la importancia y la magnitud que las otras zonas”, dijo el funcionario.

Con estos dos proyectos descartados y los Sistemas de Alerta Temprana de Ica y Piura con solo algunos de sus componentes en marcha, todavía hay 14 sistemas que no han empezado a implementarse. Estos forman parte de un universo más amplio de 105 obras que la ANIN todavía no logra destrabar, como reveló Mongabay Latam en una investigación previa.

Este medio consultó a la Unidad de Comunicaciones de la ANIN por el poco avance de los Sistemas de Alerta Temprana. La entidad respondió que la extinta ARCC le transfirió estos proyectos con “distintos aspectos técnicos y administrativos pendientes, entre ellos informes de consistencia, expedientes técnicos y aprobaciones necesarias para continuar con su implementación”.

Según la ANIN, ya se trabaja para resolver esos pendientes y permitir que los proyectos avancen hacia su ejecución. “Actualmente, los proyectos se encuentran en diferentes etapas que comprenden aprobación de documentos técnicos, obtención de opiniones favorables, gestión presupuestal y procesos de contratación”, agregó.

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El radar meteorológico es, en realidad, el eje principal del Sistema de Alerta Temprana. Los radares instalados en Ica y Piura pueden monitorear un radio de 250 kilómetros y son capaces de hacer un barrido de 360 grados. Funcionan mediante pulsos de energía electromagnética que son enviados a la atmósfera: las señales rebotan en gotas de lluvia, cristales de hielo, granizo u otras partículas presentes en las nubes. Con esa información, los especialistas pueden identificar dónde se originan las precipitaciones y cómo evolucionarán en las siguientes horas.

“El radar permite identificar cuánta agua trae la nube, así de simple. Conocer cuánta de esa agua va a precipitar y caer al suelo. Hay una variable adicional que es la escorrentía, es decir, la acumulación de la lluvia en el suelo. Esos datos los necesitan los hidrólogos para ver si esa cantidad de lluvia va a generar crecida de ríos, va a incrementar los caudales o si, aguas abajo, va a generar alguna inundación”, detalla Grinia Ávalos Roldán, directora del Senamhi.

Toda esa información se proporciona de forma simultánea, lo que permitirá evacuar a la población en riesgo por inundaciones, deslizamientos o la activación de alguna quebrada. Allí radica su importancia.

Pero la inmediatez no es la única razón por la que los radares meteorológicos representan un salto tecnológico. A diferencia del satélite GOES que emplea el Senamhi para sus monitoreos, el radar permite determinar el diámetro de las gotas de lluvia, conocer con detalle la trayectoria y precisar el tipo de precipitación. Así, mientras el satélite ofrece una mirada más global, el radar aporta una más local. Ambos recursos son complementarios y permiten tener una mejor respuesta ante los fenómenos climáticos.

“El siguiente paso es transformar toda esa información a través de ecuaciones”, explica la directora del Senamhi. Por ejemplo, con el tipo de lluvia y la trayectoria, se puede determinar la ecuación para calcular cuánta lluvia va a caer.

El Senamhi probará los radares de Ica y Piura en plena temporada de lluvias por El Niño. Foto: Ministerio del Ambiente.

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Ese es justamente el reto que tiene ahora el Senamhi: convertir la información de sus primeros radares meteorológicos, instalados en Ica y Piura, en herramientas útiles para anticipar las lluvias. El fenómeno de El Niño que actualmente atraviesa la región será el momento para hacer ese ejercicio y poner a prueba los radares.

Cuando concluya esa etapa y se implementen todos los demás componentes del Sistema de Alerta Temprana (como los sensores de suelo y las sirenas de alerta masiva), el Senamhi podrá compartir información con el Instituto Nacional de Defensa Civil y otras instituciones del gobierno vinculadas a la gestión de desastres, para dar aviso anticipado a la población.

La instalación de los 14 radares que aún están pendientes en Lima, Tumbes, Áncash y Lambayeque permitiría al Senamhi ampliar su red de monitoreo. De esta forma, los equipos podrán compartir información con todas las estaciones meteorológicas del Senamhi, de modo que sus especialistas trabajen simultáneamente con datos de diferentes zonas del país.

El artículo original fue publicado por Alicia Tovar en Mongabay Latam. Puedes revisarlo aquí.

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