jueves, septiembre 17

El trámite de la delegación de facultades se ha consolidado como el primer gran desafío político del bisoño Ejecutivo liderado por Keiko Fujimori. Se requerirá, entonces, de gran habilidad persuasiva para conseguir el objetivo propuesto.

Ello porque esta gestión ha desnudado las consecuencias de legislar teniendo como telón de fondo la coyuntura. Como se recuerda, el Congreso que aprobó la bicameralidad contaba con el liderazgo de Fuerza Popular (FP) y Alianza para el Progreso (APP), y de sus eventuales aliados en las sucesivas mesas directivas. El diseño parecía responder a una expectativa: quien logre mayoría en una cámara, podría hacerlo en ambas.

No fue así. En efecto, Natale Amprimo resalta los problemas de este diseño: el “mal esquema institucional que trajo la reforma constitucional que aprobó el Congreso anterior […] le está pasando factura al gobierno actual” (El Comercio, 16/9/2026). Es más, la realidad política dibujada entre abril y junio produjo un tablero que obligaba al oficialismo a ser lo más amplio posible en la alianza que forjara. Por tanto, no es suficiente quedarse en la derecha: resulta imprescindible lograr el soporte de, al menos, una bancada ajena.

Algo de ello asomaba en la entrevista que Augusto Álvarez Rodrich y Juan Carlos Tafur le hicieron al entonces secretario general de FP (hoy primer ministro) Luis Galarreta recién pasada la segunda vuelta. “Queremos hacer un gobierno convocante […]. Hemos aprendido a dialogar”, decía Galarreta (“Enfrentados”, América TV, 14/6/2026).

Sin embargo, semanas después, el ya confirmado oficialismo no pudo (¿acaso no quiso?) conseguir el endose de una sola agrupación más. Es probable, también, que las bancadas cortejadas hayan sido particularmente insensatas en sus pedidos. Finalmente, el único aliado de FP fue Renovación Popular (RP). El resultado: asegurar, apenas, la presidencia del Senado y perder, por considerable distancia, la de Diputados.

Con ese complicado telón de fondo, la presidenta Fujimori planteó la delegación de facultades en su primer mensaje a la nación. No obstante, su aspiración debió pasar por un acuerdo interno que le demandó, luego, algunas semanas.

Pero el pedido parece no haber sido compartido con su bancada, que desde el Senado parece ponerle piedras en el camino, y ni siquiera con su aliado RP, cuyos voceros parecen coincidir con la oposición en aceptar algo más acotado. La percepción de Mirko Lauer, de que el Ejecutivo envió “el pedido […] sin haber logrado un acuerdo previo es un error que todavía no se resuelve” (“La República”, 15/9/2026), no parece gratuita.

Como sea, la pelota ya está rodando y tocará que el oficialismo recurra a las facultades políticas que tiene o que ha adquirido en el camino, tanto dentro como fuera del Parlamento. De otra manera, corre el riesgo de caminar, inexorablemente, a su primera derrota.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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