Estados Unidos y el Partido Republicano sufrieron “una gran derrota”, según el presidente Donald Trump, luego de que la Corte Suprema rechazara el lunes 14 de setiembre la petición de emergencia de su Administración para levantar el bloqueo judicial a una normativa que buscaba imponer nuevas restricciones al voto por correo de cara a las elecciones de medio término programadas para el 3 de noviembre.
El fallo mantiene suspendidas las nuevas reglas del Servicio Postal de Estados Unidos (USPS), establecidas por orden ejecutiva en marzo de este año, que obligaban a los estados a utilizar sobres con determinados códigos y a compartir con las autoridades federales información sobre los votantes que pueden recibir papeletas por correo.
El Tribunal Supremo consideró que el Gobierno difícilmente tendría éxito en su impugnación y que los funcionarios estatales y locales no disponían de tiempo suficiente para aplicar razonablemente el nuevo sistema menos de dos meses antes de los comicios.
La decisión, adoptada por siete magistrados contra dos, no resuelve definitivamente si la administración puede aplicar cambios similares en el futuro. De hecho, el juez Brett Kavanaugh, enfatizó que el problema para las elecciones de este año era, principalmente, la falta de tiempo para implementar las nuevas reglas.
Trump reaccionó con dureza contra la Corte Suprema. En Truth Social volvió a calificar el voto por correo como un sistema “totalmente corrupto y fuera de control” y afirmó que la decisión constituía “una gran derrota para los republicanos y para Estados Unidos”.
También arremetió contra los tres magistrados que él mismo llevó al Supremo, Kavanaugh, Neil Gorsuch y Amy Coney Barrett, quienes votaron junto con la mayoría, calificándolos de “una sombra de lo que fueron originalmente”.
A pesar de esta frustración, la derrota en el tribunal solo frustra, pero no detiene, los múltiples intentos de la actual administración republicana de interferir en el proceso electoral, cuya ejecución, según la Constitución, está a cargo de los estados. Los intentos de Trump por cambiar las reglas de juego se dan en un año en que parece que las corrientes políticas corren en su contra.
Para Trump, despotricar contra el voto por correo es un viejo y repetido acto político que se remonta a las elecciones presidenciales del 2020, cuando culpó a esta manera de votación y a un supuesto fraude de su derrota ante Joe Biden.
Lo irónico del asunto es que el propio Trump utiliza frecuentemente el voto por correo, incluso lo hizo recientemente en unas elecciones especiales en Florida realizadas en marzo del 2026. No es tampoco una nueva modalidad de voto, recordó María Puerta Riera, profesora de Gobierno Americano en el Valencia College (Orlando), en conversación con El Comercio.
“En Estados Unidos se vota por correo desde la época de la Guerra Civil (1861-1865). Originalmente se creó para que los militares que estaban en combate pudieran votar, pero posteriormente se amplió a personas que tenían dificultades para acudir personalmente a las urnas”, afirmó en conversación con el Diario.
El voto por correo se remonta a la Guerra Civil estadounidense, entre 1861 y 1865. (Foto por PATRICK T. FALLON / AFP)
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La importancia de esta modalidad también está relacionada con la propia organización de las elecciones estadounidenses, donde, a diferencia de lo que ocurre en Perú, los comicios se celebran los martes y en días laborales. Esto hace que tener la opción de votar de manera no presencial se vuelva no solo una cuestión de conveniencia, sino algo imprescindible para muchos trabajadores estadounidenses, al punto que casi un 30% de los votantes de las elecciones presidenciales del 2024 lo hicieron por correo.
“El voto por correo se ha convertido en una herramienta importante para facilitar la participación electoral. Incluso hay estados donde se vota exclusivamente por correo, mientras que en otros, como Florida, son especialmente los adultos mayores quienes lo utilizan”, resaltó la experta. “Esto hace que sea considerado un derecho adquirido y que exista mucha resistencia a los esfuerzos para limitarlo”
La Heritage Foundation, una organización conservadora, registra 1.619 casos de fraude electoral entre 1982 y el 2025.
Pero la disputa sobre el voto por correo forma parte de un conflicto mayor en torno a cuánto puede el gobierno federal intervenir en la organización de las elecciones, algo que constitucionalmente recae en los gobiernos estatales.
“La rama ejecutiva no tiene ninguna injerencia, no tiene ninguna autoridad ni poder para determinar las elecciones en este caso porque eso es un asunto de los estado”, afirma Puerta. “Además, el Servicio Postal pertenece al Ejecutivo federal, pero no tiene responsabilidad en materia electoral”, añade la experta.
Sin embargo, durante su segundo mandato, Trump ha buscado incrementar el control federal sobre aspectos como los registros de votantes, las reglas para el voto por correo y la seguridad electoral, algo que requeriría un cambio constitucional para lo cual el actual gobierno no tiene el apoyo.
No son los únicos esfuerzos por parte de la administración de Trump, que también ha exigido el rediseño de los mapas electorales de algunos estados para favorecer a los republicanos. También ha insertado personas afines a los órganos electorales estatales y presionado al Congreso para pasar una ambiciosa reforma electoral SAVE America Act, el cuál sus críticos afirman restringiría el acceso al voto a un sector considerable de sus ciudadanos.
Pero inclinar la balanza a favor de los republicanos no sería el único propósito de Trump. La politóloga Puerta sostiene que las acusaciones reiteradas de fraude pueden terminar afectando la confianza en el mismo proceso democrático.
“El propósito es que la gente no tenga ninguna confianza en las elecciones, en el sistema electoral, que crea que su voto se lo van a robar”, sostiene la experta. “Por una parte, se trata de deslegitimar el proceso y por otra parte es sembrar la duda sobre el resultado”
Esto tendría consecuencias graves para las elecciones, al no solo reducir la participación electoral al convencer a los ciudadanos de que su voto podría no ser contabilizado, sino también podría llevar a minar la confianza sobre la integridad de las elecciones y deslegitimar los resultados adversos al gobierno.
Toda esta preparación podría parecer excesiva, pero la importancia de las elecciones intermedias del 3 de noviembre va mucho más allá de la elección de congresistas y senadores, ya que en estos comicios se juega el control del poder Legislativo, único órgano que podría frenar la agenda de Donald Trump en sus próximos dos años de gobierno.
“El Congreso no solamente tiene la capacidad de determinar, por ejemplo, el presupuesto nacional, sino también de ejercer controles sobre las decisiones que está tomando unilateralmente el presidente”, señaló Puerta Riera. “El actual Congreso, desde mi perspectiva, ha abdicado de su función como garante del sistema de frenos y contrapesos.”
La elección también tendrá consecuencias sobre las reglas que se discutan en los próximos años. Entre ellas está la legislación sobre inteligencia artificial y otras iniciativas que actualmente enfrentan dificultades para reunir el respaldo necesario en el Congreso.
El revés en la Corte Suprema no termina los esfuerzos de Trump para modificar las reglas electorales a su favor, y hasta la fecha su administración baraja múltiples medidas como los antes mencionados cambios en los distritos electorales, su SAVE America Act e intentos para obtener los registros electorales de los estados.
También existe preocupación por una eventual presencia de agentes federales en los centros de votación y el director de la FBI, Kash Patel, se ha negado a descartar la posibilidad de desplegar agentes de su institución durante la jornada electoral.

El director del FBI, Kash Patel, no descartó el despliegue de agentes federales a locales de votación durante las elecciones intermedias en noviembre. (ANNABELLE GORDON / AFP)
/ ANNABELLE GORDON
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Otro frente es la presión sobre los encargados en organizar las elecciones, con medios estadounidenses reportando que una treintena de funcionarios electorales recibieron hace una semana cartas amenazantes del Departamento de Justicia advirtiendo castigos penales si no permitían al gobierno federal acceder a los registros de votantes.
Pero incluso si estas también fallan, queda en el horizonte las importantes elecciones presidenciales en dos años, para las cuales las elecciones intermedias de este año son solo un ensayo, consideró María Puerta Riera.
“La pelea realmente es para 2028, donde está el verdadero objetivo del presidente”, advirtió.



