viernes, julio 31

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

Leoncio Bueno dedicó más de ocho décadas a la poesía, el periodismo y la defensa de los trabajadores, convirtiéndose en una de las voces más representativas de la poesía social peruana.

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Frente a un Leoncio Bueno con bigote postizo, Claudia Cardinale le suplica que libere a Klaus Kinski. Su personaje, un carcelero de uniforme, escucha la petición y, embelesado, decide abrir la celda. La secuencia, que no llegó al corte final, pertenece a “Fitzcarraldo”, la película de Werner Herzog filmada en la Amazonía peruana, donde el poeta peruano tuvo una breve aparición en una producción internacional. Era uno más de los episodios inesperados de una vida difícil de resumir: la de un agricultor, obrero textil, dirigente sindical, mecánico, periodista, actor y poeta que hoy concluye con su fallecimiento a los 106 años.

Frente a un Leoncio Bueno con bigote postizo, Claudia Cardinale le suplica que libere a Klaus Kinski. Su personaje, un carcelero de uniforme, escucha la petición y, embelesado, decide abrir la celda. La secuencia, que no llegó al corte final, pertenece a “Fitzcarraldo”, la película de Werner Herzog filmada en la Amazonía peruana, donde el poeta peruano tuvo una breve aparición en una producción internacional. Era uno más de los episodios inesperados de una vida difícil de resumir: la de un agricultor, obrero textil, dirigente sindical, mecánico, periodista, actor y poeta que hoy concluye con su fallecimiento a los 106 años.

Nacido el 2 de enero de 1920 en la hacienda La Constancia, en Chocope, La Libertad, Bueno perteneció a la Generación del 50, aunque su camino hacia la literatura fue distinto al de muchos de sus contemporáneos. No llegó a la poesía desde la universidad ni desde los círculos académicos, sino desde el trabajo manual. Desde niño conoció las duras condiciones del campo y tuvo contacto con trabajadores anarquistas que le transmitieron ideas de organización y justicia social.

En “Fitzcarraldo”, de Werner Herzog, compartió escena con Claudia Cardinale y Klaus Kinski, en una de las experiencias más singulares de su extensa trayectoria.

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A los 19 años llegó a Lima, donde trabajó en construcción, ya decidido a aprender cosas por su cuenta, tras un episodio donde un profesor sentenció que él nunca aprendería. Esa formación autodidacta lo llevó al movimiento obrero, donde fue dirigente sindical y participó en intensos debates políticos e intelectuales durante décadas marcadas por las dictaduras y cambios sociales.

Durante más de ocho décadas de creación publicó poemarios como “Al pie del yunque”, “Pastor de truenos”, “Invasión poderosa”, “Rebuzno propio” y “La guerra de los runas”. En junio de este año recibió la Orden de los Grandes Maestros de la Cultura Peruana, una de las principales distinciones del Estado, en reconocimiento a una trayectoria dedicada a la literatura, el periodismo y la defensa de los sectores populares.

Leoncio Bueno en compañía de los poetas Carmen Ollé y Enrique Verástegui. [Foto: Archivo personal]

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Más de un siglo después de haber nacido en una hacienda del norte peruano, Leoncio Bueno era uno de los últimos testigos de una época atravesada por profundas transformaciones. Su vida recorrió buena parte del siglo XX peruano: las migraciones hacia Lima, el crecimiento de los barrios populares, la organización sindical y las tensiones políticas que marcaron varias generaciones.

En la década de 1940 se vinculó al movimiento obrero y fue uno de los fundadores del Grupo Obrero Marxista junto a Emilio Adolfo Westphalen y Rafael Méndez Dorich. Más adelante impulsó el Grupo Intelectual Primero de Mayo, desde donde organizó recitales y publicó cuadernos de poesía proletaria, convencido de que la literatura también podía ser una herramienta de organización social.

Sin embargo, sus acciones también tuvieron consecuencias. Fue perseguido durante la dictadura de Manuel A. Odría y permaneció preso en la isla penal de El Frontón durante varios años. En ese periodo escribió parte de los poemas que luego integrarían “Al pie del yunque”, su primer libro, publicado en 1966.

En junio de 2026 recibió la Orden de los Grandes Maestros de la Cultura Peruana, reconocimiento del Estado a una vida dedicada a la literatura, el periodismo y la justicia social. Foto: Violeta Ayasta.

/ NUCLEO-FOTOGRAFIA > VIOLETA AYASTA

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Uno de los episodios que también marcó su trayectoria fue su participación en las invasiones de Las Pampas de Comas, a fines de la década de 1950, cuando miles de familias buscaban un lugar donde vivir ante la falta de vivienda en Lima. Aquella experiencia inspiró “Wayno de Comas”, uno de sus poemas más conocidos. Sin embargo, Bueno no fue únicamente un poeta de denuncia. Con el tiempo exploró las posibilidades del lenguaje, la oralidad y la imaginación popular, sin abandonar la profunda sensibilidad social que atravesó toda su obra.

Durante décadas mantuvo el taller mecánico “El Túngar”, en Breña, un espacio que terminó convertido en un punto de encuentro para escritores, artistas y jóvenes creadores. En los años ochenta también ejerció como jefe de seguridad del diario Marka, donde las madrugadas solían terminar en largas conversaciones sobre literatura, política y música. Entre motores, cuadernos y poemas fue construyendo una obra que convirtió su propia vida en el más extenso de sus versos.

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