Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Aquello de que se necesitan dos para bailar un tango quedó bastante demostrado anoche en el primer concierto de aespa en el Perú, aunque aquí las partes no fueron dos personas precisamente, sino dos conjuntos: de un lado, las cuatro talentosas integrantes del grupo surcoreano; del otro, los MY, sus seguidores, que recién al final del espectáculo, con las notas finales de “Till We Die”, pudieron darles un respiro a sus trajinadas gargantas, tras un ejercicio de canto colectivo que sin duda se recordará por mucho tiempo.
Aquello de que se necesitan dos para bailar un tango quedó bastante demostrado anoche en el primer concierto de aespa en el Perú, aunque aquí las partes no fueron dos personas precisamente, sino dos conjuntos: de un lado, las cuatro talentosas integrantes del grupo surcoreano; del otro, los MY, sus seguidores, que recién al final del espectáculo, con las notas finales de “Till We Die”, pudieron darles un respiro a sus trajinadas gargantas, tras un ejercicio de canto colectivo que sin duda se recordará por mucho tiempo.
Sucede que en el elaborado universo de aespa, con su densa mitología nerd de ciencia ficción, los fans ocupan un lugar que va más allá de la simple admiración. Son una especie de compañía que protege y fortalece el vínculo con el grupo y sus avatares digitales. Anoche, esa complicidad se hizo sentir sin necesidad de mundos virtuales ni portales, otra constante de su complicado lore. De hecho, los fragmentos del concierto en Lima ya se están haciendo virales en redes sociales, con usuarios de todo el mundo sorprendidos por lo fuerte y potente que cantaron los MY peruanos.
Los MY peruanos protagonizaron un ejercicio de canto colectivo que ya se hace viral en redes sociales.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Eso de que el público limeño es “pecho frío” es un cuento que ya nadie se cree, ni los metaleros que fueron a ver a los veteranos Helloween, ni la comunidad del k-pop que estaba reunida desde las 4:00 p.m. Ahora tampoco lo creen las chicas de aespa. Bastaba ver el desconcierto en el rostro de Giselle, su rapera principal, cuando intentaba dirigirse al público y recibía, como respuesta, un alarido multitudinario coreando su nombre. Lima habrá sido la plaza más pequeña de su accidentada gira latinoamericana, pero no se achicó ante el reto de hacerse escuchar.
El concierto comenzó relativamente puntual, a poco más de las 8:00 p.m., aunque con una sorpresa inicial que sin duda incomodó. La locación escogida por la productora no fue la explanada de Costa 21, amplia y descubierta, sino el Domo, ubicado en el mismo complejo, al fondo. Se trata de un espacio más pequeño y techado, que acabó comprimiendo y encajonando un sonido que no siempre llegó nítido. En los futuristas temas de aespa, mezcla de hip hop, trap e hyperpop, los subbajos y graves profundos de canciones como “Whiplash” o “Supernova” son esenciales, y acá la experiencia acústica resintió. Esos detalles importaron poco ante el entusiasmo de los MY por tener a sus ídolas tan cerca, quizá más cerca que en otras paradas de la gira latinoamericana. El show ganó mucho en intimidad lo que perdió en definición de sonido.
Pese a tratarse de la plaza más pequeña de su gira latinoamericana, el público limeño se hizo sentir durante todo el concierto.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
El despliegue visual que entregaron Karina, Ningning, Giselle y Winter merece un comentario aparte. Además de sus looks empoderados, siempre en la línea del “girl crush” coreano —que las hace ver como diosas fuera de este mundo antes que como seres reales—, las cuatro se mostraron preocupadísimas por complacer y conectar con un público peruano que las veía por primera vez. Fuera de su labor como coordinadas bailarinas o cantantes, esa conexión implica pasearse por las tarimas, mirar a los ojos a cada uno, mandar saludos, besos y gestos de corazón. Ese trabajo silencioso de cercanía, tan ensayado como cualquier paso de baile, lo resolvieron sin fisuras.
El show abrió con “Lemonade”, el primer sencillo de su segundo disco, presentado este año. El frenesí desatado apenas se puede describir: había gente llorando, cámaras encendidas apuntando a cualquier lado porque nadie estaba quieto. El ya célebre rapeo de Winter a doble tiempo en esa canción fue uno de los momentos más coreados de la noche, pese a que casi nadie podría replicar esa velocidad sin saber inglés —o coreano—; aun así, las más de seis mil personas presentes le pusieron el pecho al reto. La ovación fue incluso más fuerte cuando llegó la parte en castellano de Ningning, un “muchas gracias, mi amor” que debe haberse escuchado hasta la Isla San Lorenzo. El primer segmento incluyó también el sencillo debut del grupo, “Black Mamba”, el mismo que presentaron en plena cuarentena, pero fue “Whiplash” la que se trajo la casa abajo por primera vez en la noche.
Las pantallas del escenario narraron «CRACK», la historia de ciencia ficción que atraviesa el universo de aespa.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
El concierto estuvo dividido en cinco actos, y el espectáculo también contó una extraña historia a través de las pantallas. Mediante videos cinematográficos, las cuatro se enfrentaban a versiones alteradas de sus propios avatares digitales, a partir de una ruptura bautizada como “CRACK”. La trama avanzaba en cinco capítulos —Singularidad, Intrusión, Confinamiento, Despertar y Resolución— que daban forma a una aventura de ciencia ficción entre canción y canción. Para los seguidores familiarizados con su mitología, esto no es nada nuevo. La agrupación tiene tanto de pop como de fantasía.
Cada una tuvo su momento de lucimiento, ya sea en conjunto, en dueto o en solitario. Las palmas se las llevó sin duda Ningning, la idol de nacionalidad china del grupo y su vocalista principal, quien suele dejarse los pulmones en cada presentación, esta vez con “I Love You But I Gotta Let You Go”, que provocó una ovación. Winter hizo lo propio en “Saddle Up”, igual que Giselle en “BYEB4HELLO”. Pero fue Karina, en su momento estelar, la que arrasó con sus visuales mientras dejaba el alma con la voz en “16BIT”. Como nota al pie: la forma en que se desprendió del saco que la cubría para mostrar un vestido negro fue tan ovacionada como si Perú hubiera metido un gol. Y un detalle que no pasó desapercibido: las cuatro cantaron con poquísimo apoyo de pistas vocales pregrabadas, algo poco frecuente en shows de esta escala dentro del k-pop, y que dejó ver el nivel real de sus voces en vivo.
Al llegar al cierre quedaban pocas cartas bajo la manga. Lamentablemente, “Drama” no fue parte del setlist de la gira y, a pesar de que muchos MY la coreaban, no llegó a sonar. Tampoco “Rich Man”, pero el remate fue igual de potente con “Next Level”, “Shakin’” y “Supernova”, hasta el puntazo final con “Yeppi Yeppi” y “Till We Die”. Cada vez que tomaron el micrófono, acompañadas de una traductora, las chicas de aespa se dedicaron a lo suyo, que es encantar. Podían sonar, a veces, a palabras que se repiten en cualquier país de la gira, pero hubo momentos que se sintieron espontáneos y fuera de libretos, como el de Winter, quien se quejó de que la garúa limeña les estaba afectando en el escenario, algo que los fans ni notaban, protegidos como estaban bajo el techo del Domo.
Todas prometieron volver antes de desaparecer detrás de las pantallas en la nota final. Y volvieron, minutos después, para los eventos de hi-bye y send off, un breve encuentro reservado solo para los fans más leales o los que podían costear esa experiencia. Tener a las chicas a medio metro de distancia hizo delirar a los pocos suertudos que lograron acceder. A diferencia de Brasil, donde la gira había generado cierto malestar entre los fans por un send off demasiado breve, en Lima las cuatro se mostraron conmovidas, divertidas y entregadas hasta el final. Firmaron autógrafos, posaron para fotos y alargaron la despedida con sus MY.
Con Lima ya tachada del mapa, y una deuda pendiente con “Drama”, el reto para la próxima visita es que el escenario y el sonido estén a la altura de lo que los MY ya demostraron el miércoles. O que no hay Domo, cola, garúa ni distancia que los haga bajar el volumen si se trata de expresar una emoción. //



