jueves, abril 23
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En 1995, la Unesco instituyó el 23 de abril como el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor. Mucho antes, en 1926, España había elegido la misma fecha para celebrar la palabra impresa por coincidir con la muerte de Cervantes. Y es en Barcelona donde la efeméride es una de las fiestas más populares del año, pues se confunde con otra aún más añeja, consagrada al legendario protector de la ciudad: Sant Jordi, feliz tradición en la que todo enamorado debe regalar una rosa roja a su dama mientras que ella le corresponde con un libro.

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Solo en la llamada Ciudad Condal se prevé que los amantes comprarán ese día siete millones de rosas y dos millones de ejemplares. En un día soleado de primavera, los libreros catalanes sacan sus existencias al exterior sobre la Rambla. Esta tradición poco a poco se impuso en toda España, lo que refleja la evolución del país y cómo hizo una fiesta de su relación con los libros.

Rezándole a Sant Jordi en Lima

Común en toda Europa luego del espaldarazo de la Unesco al oficializar el Día del Libro, la tradición catalana de Sant Jordi y su enfrentamiento con el dragón se ha extendido mundialmente. Hoy, en Estados Unidos, Japón o Francia, ya se regala una rosa cuando se compra un libro. No sorprende así que los libreros independientes limeños se animen a lanzar esta semana una agresiva campaña de actividades, descuentos y promociones para celebrar localmente el Día del Libro. Como señala Guillermo Rivas, dirigente de la Asociación de Libreros Independientes, este año se ha logrado convocar a 50 librerías independientes en todo el país para lanzar una campaña que las vincule con sus barrios. Así, esta semana algunas de ellas organizan en parques cercanos lecturas en comunidad, donde se invita al vecino a sentarse sin otro motivo que deleitarse abriendo un libro.

Lo que se busca, explica Rivas, es que cada vez más público tenga la experiencia de dialogar con sus libreros y apoyarse en ellos para buscar libros fuera de la lista de ‘best sellers’. “Estamos muy sorprendidos por el fenómeno local de la aparición de librerías independientes. Y no sucede solo en Lima, sino también en provincias. Son proyectos pequeños pero con fuerza y ganas, muchos de ellos impulsados por mujeres libreras, que han crecido como agentes culturales y gestoras de negocio”, asevera.

El milagro peruano

Para terminar con esta crónica milagrera, trasladémonos a la ciudad de Ginebra, en Suiza. Exactamente al número 6 de la Rue Charles-Humbert, donde se ubica la librería Albatros. Su propietario, Rodrigo Díaz Pino, es un librero peruano que migró a la ciudad hace tres décadas y que resiste en los últimos 23 años como el único espacio dedicado a promover el español en esta ciudad. Lo que más vende es el catálogo de las editoriales nuevas, como Candaya, Periférica o Páginas de Espuma. Y si le preguntan por autores peruanos, recomienda a Gabriela Wiener, a Katia Adaui y a Claudia Salazar.

Ginebra es una Babel europea. Como señala el librero, casi el 80% de la población es extranjera con pasaporte suizo. Cuando empezó con la librería, en la ciudad había librerías especializadas en portugués, ruso, árabe, chino, italiano, alemán e inglés. Ahora solamente existe la suya. Allí se organizan conciertos, peñas, presentaciones de libros y, por supuesto, la celebración del Sant Jordi. Este 23 de abril, con el auspicio de la delegación del Gobierno de la Generalitat en el exterior, se entregarán flores y se leerá poesía. En Ginebra, el milagro lector se da por obra y gracia de un peruano.

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