Acostumbrada la clase política en el poder a jugar a los hechos consumados y a tener que aceptarlos, no importa cuáles sean sus consecuencias legales y constitucionales, dentro de 24 horas estaremos, una vez más, frente a un nuevo acontecimiento de este tipo.
Así, con la convalidación de los hechos consumados, vamos normalizando aun más la anormalidad institucional y formalizando aun más la informalidad política.
Los mismos satanizados votos que encumbraron hace menos de un mes y a toda carrera a José María Balcázar a la Presidencia de la República en reemplazo de José Jerí, podrán mañana otorgarle el voto de confianza al Gabinete ministerial encabezado por Denisse Millares, oxigenando su vida hasta después de las elecciones, o parte de esos mismos votos, más otros de la oposición a raja tabla, podrán negárselo, encendiendo el peor foco de inestabilidad política a 24 días de las elecciones generales.
En cualquiera de los dos casos opera el juego de los hechos consumados.
En el primer caso, con todos los méritos que ha hecho por merecer el voto de confianza del Congreso, Millares y su gabinete saben que pisan, paradójicamente, un terreno de extendida desconfianza, y saben también que el voto a favor que obtendrían tienen el precio de no alterar al mínimo el proceso electoral en marcha, en el que, de paso, juegan su vida política los líderes máximos de las bancadas parlamentarias.
En el segundo caso, si por más retorcidas negociaciones políticas que se hayan hecho, el gabinete Millares no fuese investido con el voto de confianza del Congreso, y no pudiendo, además, el Ejecutivo, ejercer presión alguna, ni de disolución parlamentaria, ingresaríamos, con los hechos consumados, a prácticamente vivir dos elecciones sucesivas traumáticas: la de un nuevo gabinete ministerial, con todo lo que le costó a Balcázar hacer, deshacer y volver a hacer el que rige hasta hoy, y las elecciones generales presidenciales y parlamentarias que vienen corriendo en el calendario con su principal garante, el Gobierno, sostenido en el abismo.
Estemos preparados para estos dos juegos de hechos consumados: el juego de un voto de confianza en el que veremos cualquier cosa, pero que terminaremos por aceptarlo en función de lo que llamamos “estabilidad política” electoral y el juego no descartado de la negación del voto de confianza que supondrá, en la práctica, poner de cabeza al Gobierno, garante de la votación del 12 de abril, obligándolo a la acrobacia política, casi mágica, de recomponer su gabinete en el momento más caliente y final de la campaña electoral por la primera vuelta.
Después de hechos consumados como la disolución del Congreso el 2018, la admisión por el JNE de la plancha presidencial incompleta que llevó a Castillo al poder en el 2021 y la atropellada sucesión de José Jerí por Balcázar, queda en el pasivo histórico del país la total incapacidad de nuestros sistema político y jurídico de hacer un control de daño y, si es posible, de revertir aquellas alteraciones del orden legal y constitucional que solemos pasar por agua tibia.
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