En una ceremonia que celebró a los primeros ganadores de los Premios Platino 2026, hubo también un momento de presencia peruana sobre el escenario. Cecilia Gómez de la Torre, productora y distribuidora audiovisual, fue la encargada de entregar el premio a Mejores Efectos Especiales en Miniserie o Teleserie, categoría en la que se impusieron Ezequiel Rossi, Pablo Accame e Ignacio Pol por «El Eternauta», una de las producciones más celebradas en el inicio del certamen.
Pero la aparición de Gómez de la Torre en Xcaret no fue solo la de una presentadora invitada. Fue, también, la imagen de una mujer que lleva casi tres décadas construyendo puentes para que las historias peruanas viajen más lejos. “Después de 21 años como gerente y directora de contenido en Frecuencia Latina, pasé al lado del cine”, recuerda sobre una transición que marcaría una nueva etapa en su carrera.
Su recorrido empezó en 1996, cuando ingresó a Frecuencia Latina (hoy Latina), donde lideró el área de Ventas Internacionales y fue una de las figuras pioneras en la exportación de telenovelas peruanas. Durante más de 20 años en televisión, también asumió responsabilidades en programación, en una etapa en la que el contenido nacional buscaba abrirse espacio dentro y fuera del país.
“Cuando uno va al extranjero, no solamente estamos representando una película, una serie, estamos representando un país”, afirma. Y ese país, insiste, es uno “que quiere seguir produciendo y creciendo”.
Después de ese largo ciclo televisivo, pasó al cine. Fue socia de Tondero Distribución durante casi ocho años y, desde allí, contribuyó a colocar películas peruanas no solo en salas nacionales, sino también en circuitos internacionales y plataformas como Netflix y Amazon. Para ella, distribuir una película no es únicamente mover un título en el mercado: es representar a un país que quiere producir, crecer y encontrar aliados en una industria cada vez más competitiva.
Hoy, Cecilia vive otro giro. Abrió su propia empresa, Ceci G Entertainment & Consulting, y acaba de terminar el rodaje de su primera película bajo ese sello: “No tan viuda”, una comedia escrita por Katia Condos y desarrollada junto a Diana Quiroga.
La historia, según cuenta, la conectó de inmediato porque habla de una mujer que, frente a la adversidad, encuentra la fuerza para recuperar su vida. “Es una comedia de empoderamiento femenino”, explica. “La mujer que sale adelante, la mujer que ante cualquier adversidad puede recuperar su vida, creo que es un tema que a mí me fascina”.
Ese espíritu dialoga con otra de sus grandes causas: WAWA, la Worldwide Audiovisual Women’s Association, organización que fundó hace diez años y que pasó de reunir a 75 mujeres latinoamericanas a más de 600 integrantes en distintas partes del mundo. A Xcaret, de hecho, llegó también desde ese lugar.
“He venido aquí con otro sombrero”, dice. “He venido como fundadora de WAWA, una asociación de mujeres de la industria audiovisual”. En esa red, además, la presencia peruana tiene un peso especial: alrededor de 30 integrantes son peruanas y cinco mujeres del país forman parte de su directorio.
En WAWA, Gómez de la Torre no solo convoca a ejecutivas, productoras, directoras y líderes de plataformas. También acompaña a mujeres jóvenes que buscan levantar sus primeros proyectos, muchas veces con curaduría, asesoría y redes de apoyo. Ese trabajo, dice, le permite devolver algo de lo recibido y poner un granito de arena para que nuevas óperas primas lleguen a existir.
Desde su mirada, el gran reto pendiente para el Perú sigue siendo el financiamiento. Gómez de la Torre considera que el talento existe, pero que hacen falta mejores condiciones, incentivos y políticas que permitan competir con países como Colombia, México, España o Argentina. Para ella, apoyar al audiovisual no solo beneficia a quienes hacen películas o series, también genera trabajo, atrae inversión y convierte al país en un territorio visible para nuevas coproducciones.
Por eso, su presencia en los Premios Platino tiene un sentido mayor. Cecilia Gómez de la Torre no llegó a Xcaret únicamente para entregar una estatuilla. Llegó con la historia de quien vio nacer, crecer y transformarse al audiovisual peruano desde distintos frentes: la televisión, la distribución, el cine, la formación de redes y ahora la producción propia. Su camino habla de una industria que aún pelea por recursos, pero también de una generación de profesionales que no ha dejado de insistir.
“Mi vida ha sido una evolución constante y hoy siento que no tengo que tener temor a lo que venga. Hace un par de años viví momentos personales muy duros, como la partida de mi madre y el final de mi matrimonio después de 28 años. Sentí que la vida me empujaba a cambiar también en lo laboral, así que decidí comenzar de nuevo en varias facetas. Y hoy puedo decir que este es el momento más feliz de mi vida: me siento plena”, dice sobre esta etapa.
Habla de madurez, de reinvención y de una forma de mirar el futuro sin miedo. En una gala que premia lo mejor de Iberoamérica, Cecilia Gómez de la Torre recordó, desde su propio recorrido, que el Perú también tiene historias que contar, talentos que defender y un lugar que seguir conquistando en la pantalla grande.














