Las recientes elecciones regionales y municipales nos invitan a reflexionar sobre el futuro de nuestro país. Hemos visto campañas intensas, posiciones encontradas y una ciudadanía que espera respuestas a sus problemas. Me preocupa especialmente lo que ocurre en nuestras regiones, donde las autoridades tienen la enorme responsabilidad de administrar los recursos públicos para atender necesidades que llevan muchos años esperando solución.
A ello se suma el debate en el Congreso sobre las facultades legislativas solicitadas por el Ejecutivo. La seguridad ciudadana y la prevención frente al fenómeno de El Niño requieren decisiones oportunas, coordinación y una visión compartida. Los peruanos esperamos que nuestras autoridades encuentren los caminos necesarios para avanzar en estos asuntos urgentes, respetando las atribuciones de cada poder del Estado y, por qué no, colaborando estrechamente con el sector privado, que siempre está dispuesto a poner el hombro.
En ese sentido, siempre he creído en el valor del diálogo. Como decía Ramiro Prialé, destacado dirigente aprista: “dialogar no es pactar”. Nuestra historia política nos ha dejado grandes ejemplos de personas que, desde distintas posiciones, supieron conversar y encontrar coincidencias poniendo por delante los intereses del Perú.
Prialé también decía: “Los peruanos podemos ser adversarios, pero no debemos ser enemigos”. Estas reflexiones resultan especialmente necesarias en estos tiempos de polarización.
Tenemos enormes desafíos por delante. Además de los ya mencionados, el flagelo de la minería ilegal es otro de los grandes males a combatir, así como las brechas en salud, educación e infraestructura, especialmente en el interior del país.
¡Necesitamos más propuestas que protestas! Es evidente que la protesta pacífica forma parte de nuestra democracia y que los reclamos ciudadanos merecen ser escuchados. Pero el diálogo debe ser alturado y debe ayudarnos a convertir esas preocupaciones en soluciones, proyectos concretos y autoridades articuladas con todos los sectores y estamentos de la sociedad.
Quiero recordar también una reflexión del ilustre historiador Jorge Basadre: “El Perú es más grande que sus problemas”. Nuestro país está bendecido con recursos naturales, talento humano y una enorme capacidad para salir adelante. Confío en que nuestros representantes políticos, autoridades, empresarios, la academia, así como los trabajadores y ciudadanos sabremos encontrar espacios para trabajar unidos. El desarrollo de nuestras regiones y el bienestar de las próximas generaciones merecen este esfuerzo compartido.
En este espacio, que es ya nuestra décima columna del año, quiero hacer una invocación sincera a todos los sectores políticos y sociales. Pongamos por delante aquello que nos une, recuperemos la confianza en nuestras instituciones y trabajemos juntos con responsabilidad y compromiso por el futuro de nuestra patria. ¡El Perú nos necesita a todos!



