jueves, octubre 15

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

Pablo Nano, gerente de Estudios Económicos de Scotiabank. (Foto: Anthony Niño de Guzmán)

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Pablo Nano, gerente de Estudios Económicos de Scotiabank, conversó con El Comercio sobre el impacto del fenómeno de El Niño en la economía peruana y las oportunidades para la recuperación del país, impulsada por sectores como la minería y la infraestructura. Asimismo, analizó el escenario para el abastecimiento de petróleo en el Perú en un contexto marcado por las tensiones geopolíticas.

Considerando el impacto del fenómeno de El Niño y las expectativas de una mayor estabilidad política, ¿cuáles son las proyecciones para nuestra economía?

Esperamos un crecimiento de 3,2% para este 2026, levemente inferior al 3,5% que proyectamos hasta junio, porque ahora asumimos un fenómeno de El Niño extraordinario y no uno fuerte. Con este escenario, veríamos más afectación a los sectores extractivos vinculados al clima como la pesca. En la primera campaña de anchoveta solo se pescó la quinta parte de lo que usualmente se captura. También se han reducido los rendimientos en el sector agrícola, que podría registrar una caída de 2%, cuando esperábamos un crecimiento de 0,3% al cierre de año.

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No obstante, destacamos mayor dinamismo en sectores vinculados a la demanda interna, como comercio, servicios y construcción. De hecho, si vemos los sectores no primarios en conjunto, están creciendo alrededor de 4,5%, por encima de lo que esperábamos a inicios de año.

¿La proyección de crecimiento ya contempla los casi dos puntos porcentuales de impacto que, según estimaciones del BCR, podría causar la llegada del fenómeno de El Niño?

Nuestra proyección incorpora que el costo de El Niño este año sería de alrededor de un punto porcentual; es decir, si no hubiera habido Niño, el crecimiento hubiera sido más cercano al 4,2% que al 3,2% que estamos previendo ahora.

Algunos agentes económicos señalan que, tras superar el impacto de El Niño en los próximos años, el Perú podría retornar a su tasa de crecimiento histórico superior al 4%. ¿Comparten esta perspectiva?

El 2027 será un año atípico, porque el primer semestre cerrará con un crecimiento relativamente bajo, con un crecimiento menor al 2% en el primer trimestre debido a que ahí se van a concentrar los efectos del fenómeno de El Niño. Sin embargo, para la segunda mitad del año sí prevemos una importante recuperación, con un crecimiento incluso superior al 4% en la segunda mitad de 2027.

Obras en Chincha y Cañete buscan proteger a familias y áreas agrícolas ante el fenómeno El Niño. (Foto: X / Presidencia del Perú)

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En adelante, es factible crecer a tasas de alrededor del 4%, con las actuales condiciones, sobre todo por los vientos favorables del sector externo. Podríamos superar la cifra, pero se necesitará la implementación de reformas que faciliten una mayor fluidez de la inversión.

Tenemos una importante cartera de proyectos mineros de US$60.000 millones. Si la pudiéramos echar a andar, podríamos agregar en el mediano plazo uno o dos puntos porcentuales de crecimiento adicionales al PBI.

¿De qué reformas estamos hablando?

Por ejemplo, el tema de la eficiencia del gasto público, es fundamental. En el Perú, gracias a los altos precios de los metales, en particular del cobre, en los últimos años estamos teniendo ingresos tributarios importantes. Sin embargo, muchas veces los presupuestos de los gobiernos regionales y locales, en particular, quedan subejecutados. Entonces, ahí es importante avanzar tanto en la eficiencia del gasto como en mejorar la calidad de las personas que toman decisiones en el aparato estatal.

Hay otras reformas que pueden contribuir, como, por ejemplo, la reforma del mercado de capitales: buscar una mayor eficiencia en el mercado de capitales para propiciar un mayor crecimiento y acceso al financiamiento. Y hay temas de reformas de mediano plazo que tienen que ver con la calidad del capital humano.

En cuanto a los proyectos mineros, se observa una mayor presencia de proyectos de expansión o brownfield frente a proyectos greenfield. ¿Estamos entrando en un ciclo minero caracterizado principalmente por ampliaciones más que por nuevos desarrollos?

Este año la inversión está creciendo cerca de 30%, pero la inversión minera de este año está concentrada mucho en proyectos brownfield; es decir, proyectos de ampliación y de modernización de minas ya existentes. Esto tiene que ver con el alto precio de los metales y con mejorar eficiencias de cara a que, en algún momento, los precios no van a ser tan buenos como los de ahora.

Donde sí vemos un retraso es en el tema de los proyectos greenfield. Al margen del proyecto Tía María, que es uno de los pocos que está avanzando y que debería empezar obras a fines de 2027 o inicios de 2028, son pocos los grandes proyectos de inversión minera que estamos actualmente ejecutando. Eso tiene que ver mucho con el tema de la tramitología, con la consulta a las comunidades y con la necesidad de un mayor acercamiento con las mismas para facilitar el proceso de la licencia social o el visto bueno comunitario. En los últimos años ha sido más la cartera brownfield que la cartera greenfield, y el reto para los próximos años es poder desarrollar esa vasta cartera greenfield que tenemos, sobre todo en proyectos de cobre.

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Aún así, la minería sigue siendo el pilar fundamental de nuestra economía. ¿Existen otros sectores que estén sumando dinamismo a este crecimiento?

La minería es muy importante, aunque no es la única actividad generadora de dinamismo en el país. El sector aporta el 10% del PBI, cerca del 20% de los ingresos tributarios y cerca del 65% del valor de las exportaciones. Por tanto, es muy importante desde el punto de vista de generación de divisas y coadyuva al crecimiento nacional, pero la inversión minera solo representa alrededor del 20% de la inversión privada total. La inversión minera puede crecer, pero no por eso necesariamente crece la inversión total.

Por eso, este crecimiento actual que tenemos de la inversión privada a doble dígito refleja no solamente el dinamismo de la minería, sino de otros sectores: infraestructura, inversión en energía, retail y servicios. Hay una inversión bastante diversificada a la que se suma la inversión residencial. Este año, por ejemplo, en Lima vamos a tener ventas récord de viviendas formales —cerca de 28.000 viviendas—, lo cual es un hito importante. Esto se explica básicamente por dos cosas: uno, la mejora en el empleo y el poder adquisitivo de la población; y dos, las tasas de interés hipotecarias que están por debajo del promedio histórico.

De otro lado, se dio el aumento de la remuneración mínima, falta todavía el segundo tramo, pero ¿qué señal genera este tipo de medidas en las expectativas de los inversionistas y en el entorno económico?

El incremento de la remuneración mínima vital, si bien es cierto debe tomar en cuenta el alza del costo de vida, también debe tomar en cuenta la productividad. Y este es uno de los puntos débiles de la economía peruana: la productividad se concentra en las grandes y medianas empresas, mientras que la productividad en las pequeñas empresas está por debajo del promedio nacional, lo que hace que tengan salarios menos competitivos. Creo yo que el Gobierno debería propulsar el incremento de la calidad del capital humano y de las habilidades y competencias de los trabajadores de menos recursos, para que de esta forma puedan incrementar su productividad y su aumento salarial responda a ella y no a una norma legal.

¿Tendrá esta medida algún impacto significativo sobre la demanda interna o sobre la inflación, que de por sí ya muestra presiones debido al fenómeno de El Niño?

No, porque el segmento al cual va dirigida la remuneración mínima vital dentro del mercado formal es muy pequeño; la mayoría de empresas pagan por encima del salario mínimo legal, por lo que va a tener un impacto marginal en los ingresos agregados.

Tampoco tendrá impacto en la inflación. De hecho, hay otros factores que están teniendo más importancia, sobre todo los choques de oferta. Vemos el incremento del precio del petróleo a raíz del conflicto en Medio Oriente, que es el principal factor por el cual la inflación este año ha pasado de 2% (que estaba en febrero) a 4,5%, como tenemos actualmente.

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¿Cuál es exactamente la proyección de Scotiabank para la inflación al cierre de año?

Nuestra proyección actual es un incremento de 4,8% de la inflación al cierre de año. Vamos a cerrar por encima del rango meta y eso tiene mucho que ver básicamente con el precio del petróleo. Si excluimos el alza del petróleo, de los alimentos y del transporte vinculado al petróleo, la inflación subyacente (o la que queda después de eso) se ha incrementado solamente 1,8%. Es decir, todavía no estamos asistiendo a un alza generalizada de precios en la economía. Por eso consideramos que la inflación es transitoria.

Va a depender mucho de en qué nivel fluctúe el precio del petróleo a nivel internacional. Si sigue fluctuando entre US$90 y US$100, es probable que tengamos nuestra proyección de 4,8%. Pero en la medida en que el precio del petróleo pueda empezar a caer y acercarse al precio pre-guerra de US$65, hay muchas probabilidades de que la inflación en el segundo semestre de 2027 vuelva a estar por debajo del 3%, dentro del rango meta. De hecho, nuestra proyección de inflación para fines de 2027 es de 2,5%.

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