Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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Hace casi dos décadas, tener un iPhone era símbolo de ser un consumidor conocedor de tecnología. Su ingreso al mercado de celulares fue disruptivo: contribuyó a desplazar los equipos con teclados físicos y popularizó una nueva experiencia basada en las pantallas táctiles. Hoy, en cambio, ante una oferta tan vasta y con modelos que lo superan en distintos aspectos técnicos, cabe preguntarse: ¿hasta qué punto la compra de un iPhone responde a sus prestaciones y cuánto influyen las razones sociales y de estatus?
Hace casi dos décadas, tener un iPhone era símbolo de ser un consumidor conocedor de tecnología. Su ingreso al mercado de celulares fue disruptivo: contribuyó a desplazar los equipos con teclados físicos y popularizó una nueva experiencia basada en las pantallas táctiles. Hoy, en cambio, ante una oferta tan vasta y con modelos que lo superan en distintos aspectos técnicos, cabe preguntarse: ¿hasta qué punto la compra de un iPhone responde a sus prestaciones y cuánto influyen las razones sociales y de estatus?
En el mundo de las redes sociales, dominado principalmente por audiencias jóvenes, la discusión se torna acalorada. Sus detractores —que no son pocos— acusan al dispositivo de estar sobrevalorado. “Ya no es lo de antes”, sostienen quienes critican, además, la exposición que todavía recibe el iPhone cuando modelos rivales de marcas como Samsung, Xiaomi, Huawei y Honor ya lo superan en determinados apartados.
“Si tienes un iPhone, te tratan mejor”, señala una joven en un video de TikTok. “No es malo no tener uno, pero entiendo que [si no lo tienes] no estás en mi onda”, se escucha en otro.
Aunque estas opiniones no representan por sí solas a todos los consumidores, muestran que alrededor del dispositivo todavía circulan ideas relacionadas con el estatus y la pertenencia.
En el Perú, donde la mayor parte del mercado está dominada por los dispositivos Android, el iPhone puede convertirse en un objeto aspiracional vinculado con el deseo de pertenecer a un determinado grupo social, según los especialistas consultados. Algunos usuarios incluso llegan a financiarlo durante 36 o hasta 48 meses para adquirirlo, aun cuando atraviesan otras carencias dentro del hogar.
La maquinaria de mercadotecnia de Apple ha sido difícil de igualar. (Foto por JAKUB PORZYCKI / NURPHOTO / NURPHOTO VIA AFP)
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Una pertenencia diferente
En países de primer mundo, como Estados Unidos, a diferencia del Perú, tener un iPhone es mucho más común. En ese contexto, no contar con uno puede convertirse, especialmente entre los jóvenes, en un factor de exclusión social.
De acuerdo con la encuesta Taking Stock With Teens, realizada por Piper Sandler en el otoño de 2025, el 87% de los adolescentes estadounidenses consultados tenía un iPhone. Y no necesariamente se trata de acceder al modelo más avanzado: para algunos basta con poseer una versión anterior para experimentar esa sensación de pertenencia.
Una de las razones es la presencia de la marca en la cultura popular. “Durante décadas, decenas de artistas han usado el iPhone como ornamento en sus letras y como símbolo de estatus”, señala un artículo de Applesfera que analiza el fenómeno.
La maquinaria de mercadotecnia de Apple ha sido difícil de igualar. Hoy, la palabra iPhone implica una serie de convenciones sociales y lleva asociada toda una filosofía de vida.
El director general de Apple, John Ternus (c-d); Harry Sun (c), primera persona en comprar el iPhone 18 Pro, y la vicepresidenta de Apple, Deirdre O’Brien (c-i), reaccionan durante el lanzamiento del Iphone 18 Pro y Pro Max este viernes, en la entrada de la icónica tienda de la Quinta Avenida en Manhattan, Nueva York (Estados Unidos). Cientos de personas desafiaron las bajas temperaturas matutinas en el corazón de Manhattan para hacerse con los nuevos modelos de Apple, los iPhone 18Pro. EFE/ Ángel Colmenares
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Otro factor importante es el ecosistema construido por la compañía. Servicios como iMessage y FaceTime contribuyeron a reforzar la pertenencia a un grupo, especialmente en Estados Unidos. Durante años, los usuarios de Android fueron señalados por alterar ciertas funciones de los chats grupales, una diferencia que alimentó estereotipos negativos y convirtió el color de una burbuja de mensajes en un marcador social.
Aunque actualmente el iPhone admite mensajes RCS para comunicarse con equipos Android y permite compartir imágenes y videos en alta resolución, confirmaciones de lectura e indicadores de escritura, las conversaciones con dispositivos que no son de Apple continúan apareciendo en burbujas verdes.
El caso peruano
En Estados Unidos, el iPhone es un producto masivo; en el Perú, su precio lo coloca fuera del alcance inmediato de buena parte de la población. Esa diferencia permite explicar por qué aquí puede adquirir un significado más aspiracional.
“El precio definitivamente es alto y eso lo hace aún más deseable”, comenta a El Comercio Rosa Guimaray, docente de Marketing e Innovación de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP).
“Te hace sentir parte de un grupo de pertenencia: el de quienes tienen un iPhone”, señala.
Para la especialista, la elección de un iPhone no responde únicamente a sus prestaciones. Para determinados consumidores, el dispositivo también funciona como una señal visible de identidad, poder adquisitivo y pertenencia. Su diseño reconocible, el logotipo y el precio permiten comunicar una posición social sin necesidad de expresarla con palabras. De esta manera, cuanto menos accesible resulta el producto, mayor puede ser su capacidad para representar exclusividad y alimentar el deseo de poseerlo.
Coincide con esta idea Isabel Sánchez, profesora de la carrera de Administración de la Universidad de Lima, para quien el iPhone tiene un valor funcional real: “Es un equipo que suele recibir actualizaciones durante varios años, mantiene un buen rendimiento con el tiempo y, comparado con muchos otros celulares, conserva mejor su precio en el mercado de segunda mano. Incluso las propias tiendas lo reciben como parte de pago para el siguiente modelo. Eso, financieramente, sí suma”.
No obstante, la docente explica que también existe un valor social “muy fuerte”, que incluso puede ser mayor que el primero.
“En el Perú, el iPhone se ha convertido en un símbolo: ‘Me fue bien’, ‘llegué’, ‘soy parte de este grupo’. Es un producto que se ve: está sobre la mesa en la reunión, sale en la foto, se nota en la mano. Y ahí entra la aspiración, ese ‘me lo merezco’ o ‘para eso trabajo’ que escuchamos tanto en campañas como Navidad”, agrega.
iPhone tiene un valor funcional real, pero también uno social «muy fuerte». (Photo by LW / CFOTO via AFP)
/ LW
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Sánchez destaca las diferencias en la preferencia por el ecosistema en contextos como los de Estados Unidos y el Perú. Mientras que en el primero parte del atractivo está en las herramientas de Apple para comunicarse entre usuarios, en el Perú casi todo pasa por WhatsApp, que funciona en cualquier celular sea de la marca que sea.
“Por eso, en nuestro caso, el componente social y aspiracional pesa todavía más”, sostiene.
El valor aspiracional atribuido al iPhone también apareció en los trabajos etnográficos realizados por Guimaray. La especialista asegura haber encontrado casos en los que la adquisición de productos Apple coexistía con otras carencias dentro del hogar.
“Desde el trabajo etnográfico, hemos visitado hogares que quizá no cuenten con todos los servicios o las condiciones de una vivienda lo más cómoda posible, pero tienen un iPhone, tienen Apple TV y distintos accesorios. Entonces, la pregunta es: ¿cómo los adquirieron y por qué? Porque en su entorno social tratan de demostrar ese estatus mediante una tecnología exclusiva como Apple”, explica.
La observación no permite generalizar esta conducta a todos los hogares de menores ingresos, pero sí muestra hasta qué punto el valor simbólico de una marca puede influir en las prioridades de consumo. En estos casos, la compra no responde únicamente a una necesidad tecnológica: también expresa la aspiración de pertenecer a un determinado grupo y proyectar una imagen frente al entorno.
El financiamiento aparece, entonces, como una vía para acceder a un producto cuyo precio total puede resultar difícil de asumir de inmediato. Al dividir el monto en pagos mensuales, la compra parece más accesible, aunque también puede comprometer los ingresos del consumidor durante varios años.
“Hay personas que se endeudan y pagan un iPhone en 36 o 48 cuotas”, señala Guimaray. Según la especialista, en algunas decisiones la satisfacción emocional asociada con el dispositivo termina imponiéndose al costo financiero: “No te importa el endeudamiento que puedas llegar a tener, sino la sensación que te produce tener esos equipos”.
¿Cuándo vale la pena comprarlo en cuotas?
Sin embargo, comprar un celular en cuotas no constituye una decisión irresponsable a priori. La pregunta es si el financiamiento resulta razonable frente a los ingresos del comprador, la tasa de interés, el costo final y la vida útil del equipo.
Al respecto, Sánchez opina: “Todos compramos también por emoción —más del 80% de las decisiones de compra se basan en las emociones—; somos personas antes que consumidores”.
“El problema aparece cuando el valor emocional lo pagamos con deuda cara y a largo plazo. Una cosa es darte un gusto que puedes pagar; otra muy distinta es financiar estatus durante cuatro años y perder de vista que puedes tener un accidente, que hay cuentas importantes por pagar y que hasta puedes poner en riesgo el presupuesto familiar”, añade.
Entonces, desde una perspectiva financiera, ¿en qué casos puede justificarse endeudarse para adquirir un producto de alto costo como un iPhone?
¿Vale la pena endeudarse por un iPhone? (Foto: Reuters)
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Sánchez explica que una deuda se justifica mejor cuando ayuda a generar ingresos o a resolver una necesidad real. En cambio, se justifica menos cuando financia un producto de consumo que pierde valor rápidamente. En el caso de un celular, como sucede con cualquier otro dispositivo tecnológico, la depreciación comienza desde el día en que se adquiere.
La compra cobra más sentido cuando el equipo se convierte en una herramienta de trabajo; por ejemplo, para un fotógrafo, un creador de contenido o alguien que vende mediante Instagram o WhatsApp. En ese caso, la pregunta es: “¿Este teléfono me ayudará a ganar más o a trabajar mejor?”.
Cuando nuestro celular actual deja de funcionar y necesitamos reemplazarlo, también nos encontramos ante un escenario comprensible. En ese caso, no obstante, conviene tomar en cuenta qué modelo se va a adquirir. Se podría optar no por el más moderno, sino por uno de generaciones anteriores que haya bajado de precio, pero que todavía mantenga vigencia.
Si las cuotas son realmente sin intereses, la compra puede ser atractiva, sobre todo si contamos con el dinero para pagar el equipo al contado. En esa circunstancia, las cuotas sin intereses permiten conservar liquidez sin pagar de más. “Eso sí, leamos la letra pequeña”, advierte la especialista.
También hay que procurar que la cuota encaje en el presupuesto sin tocar los ahorros ni el fondo de emergencia, y que el plazo de la deuda sea menor que el tiempo durante el cual realmente se utilizará el equipo.
Otros factores que se deben considerar son la tasa de costo efectivo anual (TCEA), y no solo la tasa de interés; el costo total que se pagará al sumar todas las cuotas; el porcentaje de los ingresos comprometido con las deudas; y los gastos asociados, como el seguro contra robo, la funda, el protector y las posibles reparaciones.
Este es un ejemplo referencial citado por Sánchez: un celular de S/6.000 financiado con una TCEA del 45%, un porcentaje que no resulta extraño en tarjetas de crédito de consumo del país.
A 48 meses, la cuota “se siente” más ligera, pero se termina pagando casi el precio de dos celulares por uno. (Cálculo referencial: cada persona debe revisar la TCEA de su propia tarjeta o crédito).
Si hablamos de cualidades técnicas, hay dos realidades que no se pueden ignorar. La primera es que la aparición de nuevas marcas —principalmente chinas— amplió la oferta y acabó con la idea de que el iPhone era insuperable.
“La superioridad técnica absoluta del iPhone hoy es más que nada un mito”, sostiene Roberto Mera, especialista en tecnología de consumo y fundador del portal Pisapapeles.



