miércoles, abril 15

Desde su estreno en 2019, “Euphoria” se posicionó como una serie que capturaba el pulso de una generación. Su retrato de la adolescencia —marcado por el sexo, las drogas y la identidad en constante cambio— no solo incomodaba, también parecía adelantarse a conversaciones culturales que hoy son parte del ‘mainstream’. Por eso, el salto que propone su tercera temporada con Rue (Zendaya) y su nuevo trabajo de burrier o “mula” de droga por la frontera ya no solo se trata solo de continuar la historia, sino de redefinir su eje.

Desde su estreno en 2019, “Euphoria” se posicionó como una serie que capturaba el pulso de una generación. Su retrato de la adolescencia —marcado por el sexo, las drogas y la identidad en constante cambio— no solo incomodaba, también parecía adelantarse a conversaciones culturales que hoy son parte del ‘mainstream’. Por eso, el salto que propone su tercera temporada con Rue (Zendaya) y su nuevo trabajo de burrier o “mula” de droga por la frontera ya no solo se trata solo de continuar la historia, sino de redefinir su eje.

La nueva entrega, nuevamente creada por Sam Levinson, introduce un quiebre geográfico y generacional. Lejos del entorno escolar que articulaba las primeras temporadas, la serie se instala en un territorio más amplio, menos delimitado, donde los personajes —ahora veinteañeros— enfrentan una adultez todavía difusa.

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Sydney Sweeney en «Euphoria 3». (Foto: HBO)

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Un cambio visible es el escenario, México más que California, en los primeros minutos del primer episodio. La historia de la adicta a las drogas, Rue, interpretada por Zendaya, se traslada a espacios que evocan un imaginario casi de western moderno, con carreteras y desierto. Caryn James se refiere a la estética de “neowestern” en su crítica de la BBC, por ser elementos muy diferentes a sus primeras temporadas.

No era para esperar menos, pues la serie se tardó casi cuatro años en regresar desde la segunda entrega y la situación tenía que cambiar, ahora, viendo a la protagonista con su nuevo trabajo y su nueva actitud de respeto a los narcos. Y así, la vemos luchando por salir de la frontera, apoyada en un grupo de mexicanos, con un carro viejo que le rinde suficiente para regresar a California.

El paso del colegio a la vida adulta es, probablemente, el cambio estructural más importante de la temporada. En las entregas anteriores, la escuela funcionaba como un punto de encuentro, un espacio donde los conflictos se cruzaban por varios frentes. Estaba Nate (Jacob Elordi) y su relación con su padre, interpretado por el fallecido Eric Dane, en el rol de un hombre gay perdido y que tenía encuentros sexuales con menores. También por el triángulo amoroso entre Nate, Cassie (Sydney Sweeney) y su eterna novia Maddy (Alexa Demie).

Pero principalmente estaba en primer plano la conexión eterna entre Rue y Jules (Hunter Schafer), una joven en transición de género que todavía tenía mucho por explorar en la vida, pero vivía en estrés por la adicción de la protagonista y peligrosas prácticas sexuales que involucran al padre de Nate. En el primer episodio de la tercera temporada, ella no sale en escena, porque la narradora de la historia recién explica su relación con los narcos a quienes les imparte la droga.

Rue, en este nuevo contexto, aparece distinta. No será mejor, pero sí menos errática en apariencia. Hay algo extraño en no verla completamente perdida, como si la serie hubiera decidido contener su caos sin resolverlo del todo. Su lucha por la sobriedad continúa, pero ya no está mediada por la mirada constante de su entorno familiar. Pues su familia prácticamente desaparece del relato. La ausencia de su madre, Leslie, y de su hermana, Gia, no solo responde a decisiones de producción —como la salida de Storm Reid—, sino que también redefine el aislamiento del personaje en un mundo más criminal.

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Aunque la serie intenta reinventarse, no todos los personajes logran evolucionar con la misma fuerza. Nate se convierte en empresario tras asumir el negocio familiar. Sin embargo, su desarrollo se percibe limitado, como si el cambio de estatus no viniera acompañado de una transformación real.

Cassie, ahora es la ama de casa de Nate, y amplifica rasgos que ya estaban presentes. Más superficial, más obsesionada con la validación externa, su arco gira en torno a una vida que mezcla aspiraciones tradicionales con la lógica de la exposición en redes sociales. Su incursión en plataformas de contenido para adultos introduce un guiño a fenómenos como el Onlyfans, pero todavía hay mucho por desarrollar en esa trama de los próximos episodios.

Por su parte, Maddy ahora se convirtió en una representante de estrellas a quien poco salario le pagan por acompañarlos a las galas importantes. Es un trabajo glamuroso, pero que todavía no le convence. Mientras que su hermana, Lexi (Maude Apatow), está incursionando en la industria de la producción de cine y televisión en California, y realmente ama su trabajo. En general, todos han virado hacia una vida de responsabilidades mayores, como pagar la renta, tener una familia o crecer profesionalmente. Claro, siempre en un entorno peligroso.

El vínculo de Rue con su mentor, Ali, interpretado por Colman Domingo, también evoluciona. Las conversaciones que antes giraban en torno a la adicción y la recuperación ahora incorporan reflexiones sobre la fe, Dios y el sentido de la vida. Por alguna extraña razón, quieren dotar a la protagonista de mayor intensidad espiritual. Su apego a la religión incluso la lleva a salvar su pellejo del nuevo narcotraficante de la serie, Alamo Brown, interpretado por el actor Adewale Akinnuoye-Agbaje.

En paralelo, la serie adopta un tono más disperso. A partir de los episodios disponibles, se percibe un esfuerzo por diferenciarse de sus temporadas anteriores, aunque ese intento no siempre se traduce en una narrativa sólida.

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