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El Museo Nacional del Prado está presente en las calles de Lima. El pasaje Santa Rosa, cargado de historia y tradición, se convierte en una pinacoteca al aire libre, donde limeños y visitantes van a contemplar 38 cuidadas reproducciones de pinturas emblemáticas del museo.
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La exposición está articulada como un viaje cronológico y temático por los hitos del arte español y europeo. En el núcleo de la muestra, la Escuela Española ocupa un lugar de honor, destacando la evolución técnica desde el Siglo de Oro hasta el luminismo de Sorolla, pasando por la genialidad de Velázquez, Murillo y Goya. Gracias a este diseño espacial óptimo, los paneles revelan matices, texturas y colores al visitante. La experiencia visual se amplía con artistas esenciales de las escuelas italiana y flamenca. El público dispone así de un lienzo histórico completo que incita a la observación personal e íntima frente al talento de figuras de la talla de Botticelli, Rafael, Durero, El Bosco y Rembrandt.
Este repaso de la historia de la pintura europea en distintos períodos puede servir de aula urbana para muchos profesores de Historia del Arte en todos los niveles, desde la secundaria hasta la educación universitaria, en la ciudad de Lima y en un espacio que vivió una época de esplendor histórico precisamente en el momento en el que muchas de estas obras de arte se elaboraron en Europa.
El Siglo de Oro español y la pintura virreinal peruana mantuvieron un diálogo estético marcado por profundas influencias mutuas. Inicialmente, los talleres andinos absorbieron el tenebrismo de maestros peninsulares como Francisco de Zurbarán, cuyos contrastes de luz y composiciones barrocas inspiraron las primeras producciones en el Virreinato. Sin embargo, esta asimilación generó una original síntesis bidireccional. Creadores andinos como Diego Quispe Tito, máximo exponente de la Escuela Cusqueña, transformaron los modelos europeos al introducir una vibrante naturaleza autóctona, cielos luminosos y el uso del brocateado de oro. A su vez, el gusto peninsular se transformó al incorporar la riqueza de estas composiciones andinas y sus reinterpretaciones iconográficas. Este constante intercambio consolidó un barroco transatlántico que redefinió la identidad visual de la época.
Este legado de ida y vuelta cobra hoy una nueva dimensión institucional y científica orientada a la preservación del patrimonio artístico. En este sentido, es destacable la relevancia de la beca Diego Quispe Tito, una iniciativa estratégica organizada en conjunto por el Museo Nacional del Prado y el Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú con el respaldo y la colaboración de la Fundación Obra Pía de los Pizarro. Esta alianza internacional permitirá la alta capacitación técnica de especialistas peruanos en restauración de pintura directamente en el prestigioso Taller de Restauración del Museo Nacional del Prado. Con ello, no solo se rinde homenaje al maestro cusqueño, sino que se asegura la transferencia de conocimientos de vanguardia para la conservación activa del tesoro artístico virreinal.



