Hace cuatro años, Ignacio Buse llegaba a la segunda ronda del Roland Garros Junior y se metía a la final del dobles con Gonzalo Bueno. Hace dos años peleaba entre los primeros 250 del mundo. Hace un año había escalado 100 posiciones. Hace cinco meses era el 102 del planeta.
Hace cuatro años, Ignacio Buse llegaba a la segunda ronda del Roland Garros Junior y se metía a la final del dobles con Gonzalo Bueno. Hace dos años peleaba entre los primeros 250 del mundo. Hace un año había escalado 100 posiciones. Hace cinco meses era el 102 del planeta.
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Hace unas horas ganó el primer ATP 500 de su carrera. A los 22 años (y arrancando desde la qualy).Cuando se actualice el ránking, será el número 31 del mundo. Habrá superado el 33 que alcanzara Lucho Horna hace 22 años y quedará cerquita del 29 al que escaló Pablo Arraya en 1984 y del 18 que Jaime Yzaga lograra el 30 de octubre de 1989, en la cumbre de su carrera.
En una de las mejores semanas de su corta historia como profesional, el ‘Colo’ se bajó a Cobolli (12 del mundo), Mensik (28), Humbert (34), Kovacevic (94) y Paul (26). Su ascenso ha sido fulgurante. Su estampa y madurez crecen a cada raquetazo. Arraya, esa leyenda de sonrisa perenne que lo acompaña desde la tribuna en su gira europea, hace solo dos semanas creía que iba a tardar en explotar. Hoy, como un niño con una Play nueva, ríe y no tiene empacho en decir que se equivocó. Para remarcarlo, sus redes sociales están repletas con imágenes de la felicidad que invade al puñado de peruanos que ha hecho de Hamburgo territorio blanquirrojo. Su cuenta de X, que ha convertido en un jubiloso diario de viaje, rebosa de historias de 140 caracteres que remata con dos frases que el Perú deportivo debería hacer suyas: “Buse, el tenista que produce”, “Buse, el tenista que seduce”.
En este país partido y con miedo, donde pareciera haber más razones para dividirnos que abrazarnos, el tenis de Nacho hace que el pecho reviente y gritemos “¡Vamoooss!” cuando lo vemos en las pantallas, mientras reímos hasta que se nos acalambran las mejillas. O lloramos, como el sábado. “Su ascenso es vertiginoso. Pasó de enfrentar a jugadores 100 o 200 del mundo a hacerlo con tops 50 y dar la talla. Es fuerte de la cabeza, versátil, inteligente, puede jugar en cualquier superficie. Da para ilusionarse”, dice Ricardo Montoya, uno de los pocos especialistas en tenis de nuestro periodismo deportivo.
El 3 de febrero del 2024, Buse consiguió uno de sus mejores triunfos de su carrera al vencer a Nicolás Jarry (6-2, 2-6 y 6-3) en Santiago, por Copa Davis, cuando el chileno era número 20 y el ‘Colo’ andaba en el 438. Estamos siendo testigos del nacimiento de una ilusión gigante. Nacho tiene todo para que esa felicidad que hoy nos embarga y tanto nos emociona nos acompañe por mucho tiempo. Que así sea.




