Asistir a un Mundial sin entradas puede parecer una locura, pero miles de personas lo siguen haciendo cada cuatro años con el entusiasmo a tope. Ese ánimo aventurero necesita ir aprovisionado de paciencia, una enorme capacidad de regateo y una billetera a prueba exigencias desorbitadas. ¿Pero pagar cinco mil dólares por un boleto para ver a Argentina enfrentar a Jordania? En Dallas decenas de hinchas armaron piquetes, inventaron cánticos y reclamaron hasta cansarse. No les sirvió de nada.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Habrá muchas razones por las que recordaremos este Mundial. La más importante es que ha abierto las puertas a una nueva era. El fútbol ya no será el mismo en adelante. Aquello que veíamos lejano, propio de ligas avanzadas, más pronto que tarde lo tendremos aquí. Su principal símbolo es el ‘cooling break’, la mal llamada pausa de hidratación -debió bautizarse como ‘pausa de comercialización’-, una burda justificación sanitaria para materializar un viejo sueño empresarial: hacer que el fútbol tenga más detenciones -como la NBA o la NFL- y meter todos los avisos que se puedan.
“Es la pausa comercial más valiosa del partido”. Así lo llama el periodista y especialista en negocios en el deporte, Luis Carrillo Pinto. No solo permite colocar cinco spots de 30 segundos en cada tiempo, indica, sino también realizar activaciones con sponsors en los estadios. “Los derechos audiovisuales son cada vez más caros y necesitan retorno de suscriptores y pauta publicitaria”, añade en un largo post en su cuenta de X.
En Europa ya se habla desde hace mucho de que el fútbol se está ‘gentrificando’, en otras palabras, que en nombre de los altos costos de los salarios, sus cambios organizativos y moderna infraestructura, se está alejando de las gradas al hincha común y corriente. Acceder a un ticket es cada vez más difícil. Hoy la prioridad la tienen los usuarios VIP, los abonados, los turistas y las exigencias de los sponsors. Los recintos se han transformado en espacios donde el fútbol es solo un pretexto para disfrutar de una buena cena y tomarse una foto para el Instagram.
¿Qué seguirá después? ¿Pausas cada diez minutos para las transmisiones por Tik Tok? Crucemos los dedos.













