Hay gente que nace con cara de villano: una mirada basta para poner a la otra persona en guardia. Así pasó con Dolph Lundgren (Estocolmo, 1957), hombre de ciencia que podría haberse dedicado solo a su profesión, la ingeniería química, pero que a la menor oportunidad siguió su verdadera pasión: facturó con su semblante de pocos amigos y se convirtió en ícono del cine por la cuarta entrega de la saga “Rocky”.
Hay gente que nace con cara de villano: una mirada basta para poner a la otra persona en guardia. Así pasó con Dolph Lundgren (Estocolmo, 1957), hombre de ciencia que podría haberse dedicado solo a su profesión, la ingeniería química, pero que a la menor oportunidad siguió su verdadera pasión: facturó con su semblante de pocos amigos y se convirtió en ícono del cine por la cuarta entrega de la saga “Rocky”.
Tras salir victorioso de una lucha contra su mayor adversario, el cáncer de riñón, Lundgren vuelve a la pantalla, ahora con una serie de televisión. Él conduce “Grandes máquinas de la historia” (History), programa donde viajará en el tiempo para mostrar aquellos artilugios que llevaron a la humanidad a donde está hoy. En uno de los episodios, por ejemplo, explica la torre de asedio, armatoste de madera con ruedas, tan alta como los muros de un castillo, que cambió el curso de las guerras europeas.
Este sueco ganador de la beca Fulbright se hizo conocido por su trabajo en la película “Rocky IV” (1985) como Iván Drago, boxeador soviético de golpes tan devastadores que mataron al ídolo Apollo Creed (Carl Weathers). En respuesta, e incluso como venganza, Rocky Balboa (Sylvester Stallone) lo desafía a una pelea en Moscú. A la historia ha pasado la secuencia en la que el rubio entrena rodeado de máquinas para monitorear su progreso, reforzado por esteroides anabólicos.
Dolph Lundgren tuvo una juventud marcada por la violencia. Décadas después resolvió estos problemas, que lo llevaron a tener conflictos familiares.
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“En esa película, ‘Rocky IV’, interpreté a una máquina o al ser humano perfecto, como dijo Stallone. Así que era simplemente natural que fuera entrenado usando estas máquinas de alta tecnología”, cuenta el actor a Somos en conferencia de prensa con medios de todo el continente. “Pero obviamente he estado interesado en las máquinas desde que era un niño, pues mi papá era ingeniero, y también lo son mi hermano mayor y menor. Así que siempre he pensado en ciencia y máquinas y he leído sobre ellas”, añade.
“Creo que mi carrera cinematográfica me ha introducido a algunas máquinas, como muchos vehículos, armas y cosas así. Pero también he leído mucho sobre otras invenciones, descubrimientos y desarrollos”, menciona el actor. Razón no le falta. Allí está su trabajo como el antagonista de “Soldado universal” (1992), donde él y Jean-Claude Van Damme son cadáveres reanimados que completan misiones con un traje de alta tecnología.
Dolph Lundgren y Sylvester Stallone en la histporica secuencia de entrenamiento de “Rocky IV”.
Hollywood se convirtió en una vía de escape para Lundgren, quien fue víctima de violencia en su juventud. En entrevistas, ha contado que su padre lo golpeaba repetidamente y a su madre también. “Creo que recuerdo la primera vez que mi padre me golpeó. Tenía unos tres o cuatro años, estaba caminando frente a la televisión y me pateó; choqué contra unos libreros. Recuerdo que hubo sangre, mi madre estaba gritando”, contó el actor en una charla TED. Para él, ir a la escuela con un ojo morado o trasquilado por los jalones de cabello era cosa de todos los días.
Al irse a vivir con sus abuelos, mejoró sus notas y descubrió las artes marciales y los estudios de alto nivel. Pero surgió un problema: había “congelado” sus emociones; llegó un punto en el que tantos golpes del padre ya no le hacían efecto. Así de fuerte era su bloqueo mental. Fue su mecanismo de supervivencia. Y a pesar del éxito profesional que le llegaría de adulto, continuó luchando con traumas no resueltos que lo llevaron a conductas autodestructivas.
“Era una estrella de cine, pero era miserable la mayor parte del tiempo”, cuenta el actor en la charla. Esto cambió cuando su novia le propuso ir a terapia psicológica, cosa que aceptó a regañadientes y solo entonces empezó a reconstruirse por dentro. Descubrió además que podía perdonar a su padre por lo que le hizo, pero también a su madre por lo que no hizo para protegerlo. Por aquellas épocas, retornó al cine por todo lo alto con “Los indestructibles” (2010), que tendría tres secuelas.
En conferencia de prensa, el actor habló largo y tendido de su interés por las invenciones mecánicas. Consultado por sus máquinas favoritas, mencionó los aviones y los cohetes. “Para mí, son muy interesantes porque son un trabajo extremo de ingeniería. Fueron desarrollados en tiempos de guerra, cuando el mundo era muy peligroso. Siempre es peligroso volar, pero admiro a las personas que los desarrollaron y también a sus pilotos”.
Eso sí, con bagaje universitario o no, Lundgren enfrenta retos en su trabajo, incluso cuando no tiene que actuar, sino leer una pantalla. “Para ser honesto, creo que el formato de conducir un programa es un desafío, porque grabas un episodio tras otro, parado frente al teleprompter y leyendo este material. Fue un poco apurado. Así lo sentí”, concluye.
“Grandes máquinas de la historia”
Conducción: Dolph Lundgren
Estreno el 28 de octubre, a las 9 p.m., por DGO [streaming] y TV en vivo en History [DIRECTV canal 742/1742 HD].



