Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Como tantas veces lo ha hecho antes, el hombre mira detenidamente el cuadro que cuelga en su hogar. Lo contempla y disfruta con paciencia, un detalle a la vez. La escena es bella y está cargada de significado: el momento en que San Francisco de Asís recibe los estigmas en el monte Alverna, Italia, en 1224. De pronto, el hombre encuentra un detalle que hasta ese momento no había advertido: dentro de la escena del cuadro se aprecia una pequeña Biblia; y en el lomo de esta, más pequeña aún, una inscripción que parece decir “Doménikos Theotokópoulos”. Así firmaba El Greco.
Como tantas veces lo ha hecho antes, el hombre mira detenidamente el cuadro que cuelga en su hogar. Lo contempla y disfruta con paciencia, un detalle a la vez. La escena es bella y está cargada de significado: el momento en que San Francisco de Asís recibe los estigmas en el monte Alverna, Italia, en 1224. De pronto, el hombre encuentra un detalle que hasta ese momento no había advertido: dentro de la escena del cuadro se aprecia una pequeña Biblia; y en el lomo de esta, más pequeña aún, una inscripción que parece decir “Doménikos Theotokópoulos”. Así firmaba El Greco.
LEE TAMBIÉN: Santa Rosa de Lima: museos peruanos exhiben sus retratos del siglo XVIII en homenaje [FOTOS]
Fue ese detalle casi imperceptible el que disparó la alarma del hombre, propietario del cuadro durante muchos años. ¿Podría ser esta obra un original del famoso pintor cretense? A simple vista, el estilo parecía apuntar hacia él: los personajes de figura alargada y bien definida, las cabezas pequeñas, los rostros afilados. Pero también podía tratarse de una copia o de la obra de algún discípulo de su taller. En algún momento, incluso, la pintura llegó a atribuirse a un anónimo de la Escuela Cusqueña.
Cuando El Comercio contó esta historia en septiembre del 2024, aquella pregunta todavía no tenía una respuesta definitiva. Hoy, dos años después, la investigación multidisciplinaria desarrollada por especialistas peruanos sostiene haber despejado la incógnita: “Meditación y estigmatización de San Francisco de Asís” es una obra de Doménikos Theotokópoulos, El Greco.
Para comprobar o descartar aquella posibilidad, la pintura tuvo que someterse a una serie de pesquisas que involucraron a historiadores, curadores, restauradores, químicos y biólogos. Los estudios continuaron después de su presentación en Lima y profundizaron las primeras evidencias obtenidas sobre la técnica, los materiales y las características artísticas de la pieza.
Pintura de un hombre que se considera un autorretrato de El Greco. (Museo Metropolitano de Nueva York)
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
La pesquisa
Entre los varios exámenes por los que ha pasado el cuadro está uno de reflectografía de infrarrojos, otro de mineralogía de pigmentos y uno más con luz ultravioleta, explicó entonces a El Comercio el restaurador Fabián Martínez, participante del proyecto.
El examen con luz infrarroja dio cuenta de que no hubo un dibujo preparatorio o boceto antes de pintar el lienzo. Se trabajó directamente a pincel.
“Esto es algo poco habitual, pero se sabe que El Greco trabajó muchos prototipos prácticamente como si fueran obras culminadas, que posteriormente servían para que sus alumnos realizaran sus propias copias”, señalaba Martínez.
Ese procedimiento, conocido como trabajo directo o alla prima, aparece ahora entre los elementos que los investigadores consideran compatibles con la técnica pictórica de El Greco. Cayetano Villavicencio, asesor cultural del Museo Convento San Francisco, destacó precisamente que la reflectografía permitió observar que el artista trabajó directamente sobre el lienzo, sin recurrir a un boceto previo.
El estudio de mineralogía, por su parte, permitió determinar qué tipo de pigmentos habían sido utilizados. Se encontraron, entre otros, blanco de plomo, azul esmalte y amarillo óxido de plomo, materiales ampliamente utilizados durante el periodo en que El Greco estuvo activo, entre fines del siglo XVI e inicios del XVII.
La luz ultravioleta, que mediante fluorescencia permite distinguir diferentes niveles e intervenciones sobre el color, reveló además que la pintura había sufrido apenas leves retoques y que, en líneas generales, se encontraba en muy buenas condiciones.
Imagen completa de Meditación y estigmatización de San Francisco de Asís, obra de El Greco hallada en Perú y que guarda similitud con una pintura que se guarda en el Museo Nacional del Prado de España.
/ Georg Swereck (Jorge Velarde V.)
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Pero la investigación volvió también al detalle que había iniciado toda esta historia: aquella diminuta Biblia escondida dentro de la composición.
“Si se hace el análisis ángulo por ángulo, centímetro cuadrado por centímetro cuadrado, salen a relucir varios datos. Uno de ellos es casualmente una Biblia y en el borde de la Biblia aparece el nombre de Doménicos”, explicó Villavicencio al dar cuenta de los nuevos resultados.
El especialista destacó además la presencia de detalles de pequeño formato dentro de la pintura, una característica que los investigadores relacionan con la manera de trabajar del pintor cretense.
En esta pesquisa histórico-científica fueron apareciendo también otros indicios. Entre ellos, un sello de la ciudad francesa de Ruán —identificado por la presencia de tres flores de lis, un cordero y una bandera, como en su escudo de armas— y una inscripción invertida en la parte posterior del lienzo, como si la tinta hubiera traspasado de adelante hacia atrás.
A esas evidencias se sumaron durante la investigación nuevos cotejos técnicos e históricos destinados a determinar si los distintos elementos de la pintura podían corresponder efectivamente a la mano de El Greco.
Para el historiador y antropólogo Ramón Mujica, no resultaba imposible que una obra original del pintor hubiese llegado al Perú.
“Hay fuentes históricas que demuestran que el obispo Manuel de Mollinedo y Angulo (Madrid, 1626-Cusco, 1699), quien vivió un tiempo en Toledo [ciudad donde radicó El Greco desde 1577 hasta su muerte], trajo algunos Grecos al Perú. Existen registros y documentación de que había pinturas suyas en Cusco y en Lima, pero las obras nunca se encontraron”, detalló entonces el especialista a este Diario.
En el Museo del Prado, en España, hay una pintura de El Greco similar a la pieza que se encuentra en Lima. Se trata de “San Francisco de Asís y el hermano León meditando sobre la muerte” (1600-1614), óleo sobre lienzo en el que se observa a San Francisco junto al hermano León en Alverna.
“San Francisco de Asís y el hermano León meditando sobre la muerte”, obra de El Greco en el Museo del Prado que guarda mucha similitud con la hallada en el Perú. (Museo del Prado)
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
A diferencia de aquella pintura, la obra conservada en Lima presenta no una, sino dos escenas: además de la imagen de Francisco de Asís junto a León, el artista agrega al fondo, fuera de la caverna, otra representación de San Francisco recibiendo los estigmas por parte de un serafín.
“Se trata de algo único justamente por esos dos ambientes. Eso es lo que le confiere su singularidad”, señalaba Villavicencio en 2024. El historiador destacaba también su valor religioso: “El Greco indiscutiblemente ha leído muy de cerca la biografía de San Francisco de Asís. Es prácticamente el pintor de San Francisco”.
Sin embargo, aquella segunda escena fue también una de las que despertó mayores dudas cuando la obra fue dada a conocer.
“La parte de atrás del cuadro, donde figura la estigmatización del santo, a primera vista no me parece muy del Greco…”, advertía entonces Ramón Mujica, después de observar una reproducción de la pintura.
La observación resume bien el punto en que se encontraba la historia hace dos años: existían indicios importantes, pero todavía no una conclusión que permitiera dejar atrás la palabra “atribuida”.
Eso es precisamente lo que ahora ha cambiado.
Consultado directamente por RPP sobre si los estudios confirmaban que la pintura pertenecía a El Greco, Cayetano Villavicencio respondió: “Sí, de todas maneras”.
La conclusión se sustenta, según los responsables de la investigación, en el conjunto de evidencias reunidas mediante estudios artísticos, históricos y científicos. No se trata, por tanto, de una firma aislada ni de una semejanza estilística, sino de diferentes elementos analizados desde varias disciplinas.
Basándose en la obra “San Francisco de Asís y el hermano León meditando sobre la muerte”, el título asignado a esta pintura es “Meditación y estigmatización de San Francisco de Asís”.
La pieza fue presentada públicamente en Lima en septiembre del 2024, en el Museo Convento San Francisco y Catacumbas, en el marco de la conmemoración de los 800 años de la estigmatización de San Francisco de Asís.
Entonces fue presentada todavía como una obra atribuida al Greco. Ahora vuelve al mismo escenario bajo una condición diferente: los investigadores que la estudiaron durante estos dos años sostienen que su autor fue efectivamente Doménikos Theotokópoulos.
La presentación inicial se llevó a cabo rodeada de hermetismo y estrictas medidas de seguridad. No era para menos.
“Y en el mercado del arte internacional, un Greco vale muchísimo”, advertía Mujica.
En el 2013, por ejemplo, “Santo Domingo rezando”, de El Greco, fue adquirida por US$13,9 millones en una subasta de Sotheby’s en Londres. En esa misma puja, otro óleo del artista, “Cristo en la cruz”, fue vendido por US$5,2 millones.
Por el momento, “Meditación y estigmatización de San Francisco de Asís” permanece vinculada a su propietario privado.
En 2024, Cayetano Villavicencio expresaba un deseo: “Yo quisiera que se quede en el Convento de San Francisco”.
Hoy, sin embargo, el hallazgo plantea una pregunta que va más allá del destino inmediato del cuadro: ¿cómo llegó hasta Lima una obra de El Greco y cuál fue el recorrido que siguió durante más de cuatro siglos?
La investigación científica parece haber respondido quién la pintó. Queda ahora reconstruir su viaje.
Y todo comenzó con algo casi invisible. Una pequeña Biblia dentro de un cuadro. Una palabra escrita en su borde. Doménikos.
Durante años fue apenas un detalle. Después se convirtió en una sospecha. Hoy es una de las pistas de una historia que sostiene que, durante quién sabe cuánto tiempo, un Greco estuvo en Lima esperando ser reconocido.
AclaracionesEsta nota fue publicada originalmente el 22 de septiembre de 2024, a las 12:46 p. m., y actualizada el 25 de septiembre del 2026, a las 10:19 a. m., tras conocerse nueva información sobre la autoría.



