martes, septiembre 1

La apuesta política por la libertad de Pedro Castillo tiene cada vez menos posibilidad de encontrar una rendija legal que lo permita, y la apuesta por el castillismo como derivación social-electoral dominante en el Congreso tiene cada vez menos posibilidad de poner en jaque al gobierno. Son buenas noticias para Keiko Fujimori, que siente menos presión por indultar al expresidente golpista –presión como la que en un momento ejerció Jorge Nieto, en nombre de Buen Gobierno– y menos temor a la mayoría de votos castillistas de Juntos por el Perú en Diputados, que ahora ya no parece tener tan segura la alianza, precisamente de Buen Gobierno, para sus planes de interpelación y censura en serie a los ministros del Gabinete de Luis Galarreta.

Tan buenas noticias pueden ser estas que deben, sin embargo, recordarle a Fujimori que el mayor factor de éxito de su gobierno no reside necesariamente en ver desinflarse el amenazante globo político-ideológico castillista en Diputados, sino en los resultados, principalmente de impacto social, de las metas y objetivos fundamentales de su propio gobierno, frente al crimen organizado, a los desastres de Salud y Essalud, a la pobreza crítica, al desempleo y al fenómeno de El Niño. En la medida que estos resultados sean satisfactorios, como producto de la gestión eficiente del gobierno y del Estado, Fujimori tendrá que pelear menos con el descontento y la frustración populares y, consiguientemente, pelear menos también con las fuerzas de oposición, que hoy le demandan resultados prácticamente imposibles en treinta días y, en algunos casos, como el policial, bajo transgresión de la ley y la Constitución, pretendiendo obligarla, si ella tuviera que ceder, a ahogarse en la ansiedad de la inmediatez.

Un informe de fondo de Martin Hidalgo, en El Comercio (31/8/26), revela, en efecto, que Juntos por el Perú, que logró 74 votos por la Mesa Directiva en Diputados, hoy en día difícilmente podría reunir los 66 que necesita para censurar a un ministro, quedándose solo con 32 propios para plantear una interpelación y requiriendo 14 del partido Obras para su admisión. La alianza de Juntos por el Perú con Obras, Ahora Nación y Buen Gobierno, es decir, la alianza de Sánchez y Castillo con Ricardo Belmont, Alfonso López Chau y Jorge Nieto, inicialmente atemorizante para el gobierno, habría perdido fuerza ante la alerta pública de ver a estas tres organizaciones como comparsas del senderismo político infiltrado en el Congreso. De otro lado, en una entrevista con “Expreso” (31/8/26), el exministro de Justicia del gobierno saliente de José María Balcázar, Luis Jiménez Borra, sostiene, sin ocultar las presiones que tuvo entonces, que la Comisión de Gracias bajo su mandato evaluó el pedido de indulto a Castillo y determinó su improcedencia. Una decisión a favor habría infringido la ley y la Constitución y él –como ministro– no habría podido refrendarla. No es realista pensar que Castillo pueda salir libre mientras prevalezcan las condiciones jurídicas –procesos por rebelión y corrupción–, precisa. Así las cosas, el castillismo social se queda sin caudillo y el castillismo asalariado del Congreso sin poder vengar la derrota electoral frente a Fujimori.

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