jueves, mayo 14

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Tres días después de alcanzar la gloria en un ajustado “extra game” frente a la Universidad San Martín, los ecos de la celebración todavía vibran en las voces y el corazón de las jugadoras íntimas, reunidas por última vez esta temporada en el estadio Alejandro Villanueva. Allí, entre cámaras, flashes y camisetas blanquiazules, cumplen una maratón de entrevistas antes de emprender caminos distintos.

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Las risas rebotan en los pasillos. El entrenador argentino Facundo Morando va de un lado a otro lanzando bromas a sus dirigidas y al cuerpo técnico. El alivio es evidente: Alianza Lima acaba de cerrar una campaña inolvidable, marcada no solo por el tricampeonato, sino también por su estreno en el Mundial de Clubes y un meritorio tercer lugar en el Sudamericano, torneo que volvió a poner al vóley peruano en vitrina internacional.

El plantel de Alianza Lima celebrando el tricampeonato nacional tras coronar una temporada histórica en la Liga Peruana de Vóley. (Foto: Club Alianza Lima)

El plantel de Alianza Lima celebrando el tricampeonato nacional tras coronar una temporada histórica en la Liga Peruana de Vóley. (Foto: Club Alianza Lima)

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Pero debajo de esa alegría también aparece otra emoción, más silenciosa: la que llega con los finales. Algunas jugadoras saldrán de vacaciones. Otras se pondrán el chip de la selección peruana. Y unas cuantas empiezan a despedirse de un grupo que encontró en la exigencia, la convivencia y la presión de ganar una forma de hacerse familia. En Matute todavía quedan risas, abrazos y fotos pendientes, aunque todas parecen entender que incluso los ciclos más exitosos, aun en medio de la victoria, también necesitan renovarse.

EL ÚLTIMO BAILE

Del saque, arrancamos nuestra primera conversación con Maeva Orlé y Clarivett Yllescas, dos piezas decisivas en el tricampeonato de Alianza Lima. Una como la gran extranjera del equipo. La otra como referente y símbolo del club de sus amores. Más tranquilas tras la dramática definición frente a San Martín, ambas repasan la enorme exigencia que demandó esta temporada, sellada con un ajustado 15-13 en el quinto set del ‘extra game’.

Orlé fue mucho más que un refuerzo. Intensa dentro de la cancha, efusiva para celebrar y frontal para convivir con la presión, la francesa atravesó meses de máxima exigencia física y emocional. “Fue una temporada intensa. Muy intensa”, resume la atacante. La carga de competir en tres torneos de alto nivel en menos de un año terminó llevando al plantel al límite. A eso se sumaron las críticas por no alcanzar la final del Sudamericano, uno de los momentos más complejos de la campaña. “Tuvimos que blindarnos como equipo y seguir adelante”, recuerda Yllescas.

Maeva Orlé y Clarivett Yllescas retratadas en Matute, donde el plantel celebró una de las campañas más importantes de su historia reciente. (Foto: Elías Alfageme)

/ SOMOS > ELIAS ALFAGEME

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Ambas coinciden en que pocas veces habían vivido una presión como la que genera el club íntimo. Maeva admite que nunca había jugado frente a una hinchada tan apasionada, mientras Clarivett prefiere tomarse con humor las críticas y opiniones que aparecen después de cada derrota. “Cuando perdemos, todas nos tenemos que ir; cuando ganamos, todas nos tenemos que quedar. Hay comentarios que molestan porque están tocando tu trabajo, pero trato de no darles importancia”, afirma la voleibolista peruana.

Lo que viene ahora será distinto para las dos. Clarivett continuará ligada al equipo. Maeva, en cambio, prepara la despedida. Habla de descanso, de “vaciar la cabeza” después de una campaña agotadora y de perseguir nuevos retos fuera del país. Cuando le preguntamos qué significaron estos años para ella, la voz se le quiebra. Hace una pausa larga. Mira a sus compañeras y derrama unas lágrimas. “Alianza siempre tendrá un lugar en mi corazón”, alcanza a decir.

EL ALMA DEL CAMERINO

Si Esmeralda Sánchez es la voz serena del vestuario, Sandra Ostos es la chispa que enciende y mantiene unido al grupo. Juntas representan dos piezas fundamentales en la interna del club blanquiazul, un espacio que, entre viajes, entrenamientos y batallas deportivas, terminó construyendo vínculos marcados por la confianza, el compañerismo y una manera muy íntima de vivir la competencia.

Capitana y líbero del equipo, Esmeralda asume uno de los roles más silenciosos dentro de la cancha, pero también uno de los más importantes fuera de ella. Sus compañeras la describen como la persona a la que siempre se puede acudir en los momentos difíciles. La que escucha, aconseja y sostiene cuando aparecen las dudas o el cansancio pasa factura. Sandra, en cambio, aparece en el otro extremo del camerino: pone la música, lanza bromas y contagia alegría incluso en los días más pesados. “Cuando Sandra no está en su día, se siente raro todo”, cuentan entre risas sus compañeras. Aunque la popular ‘Guerrera’ aclara que, en realidad, todas ponen “su cuota de chongo”.

Esmeralda Sánchez y Sandra Ostos posan en uno de los pasillos del estadio Alejandro Villanueva, entre murales que evocan la historia de Alianza Lima. (Foto: Elías Alfageme)

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Para ambas, vestir la camiseta de Alianza tiene un significado especial. Ostos llegó esta temporada al club del que es hincha y rápidamente se ganó un lugar dentro del grupo. Detrás de su personalidad extrovertida, Sandra también habla del lado menos visible del alto rendimiento: la disciplina diaria, el desgaste físico y los sacrificios personales que implica competir al máximo nivel. “No es solo entrenar. También es descansar bien, comer bien y cuidar cada detalle todos los días. Hay muchas cosas que la gente no ve: el cansancio, dejar de lado tiempo con tu familia o con la gente que quieres para poder rendir”, comenta la receptora.

Esmeralda, por su lado, mira el futuro con calma. La capitana asegura que tiene pensado quedarse una temporada más en Alianza Lima antes de buscar una oportunidad en el extranjero. Pero antes de asumir lo que vendrá, necesita bajar las revoluciones después de un año vertiginoso. “Lo que toca ahora es descansar”, dice. “El grupo se volverá a recomponer y seguiremos trabajando para lo que viene. Lástima que Mae se marche, así como otras chicas que nos dejan. Hemos formado un grupo muy bonito, pero así es la vida. Mientras vayan a perseguir sus sueños y busquen crecer, creo que está bien”, concluye.

MÁS ALLÁ DE LA CANCHA

Mientras algunas jugadoras hablan del desgaste físico de una temporada interminable y otras aún intentan procesar las despedidas que deja el cierre de ciclo, Diana de la Peña e Ysabella Sánchez llevan la conversación hacia otro terreno: reflexionan sobre lo que significa ser voleibolista en el Perú actual. Ambas entienden que el tricampeonato de Alianza Lima representa mucho más que una nueva corona: también simboliza una oportunidad para que el vóley femenino siga creciendo, gane mayor visibilidad y vuelva a ocupar un lugar importante dentro del deporte peruano.

Diana agradece que, en los últimos años, el campeonato haya empezado a recibir más atención mediática y respaldo de marcas. “Siento que nos tienen que seguir apoyando, no dejarnos, porque todo es un proceso”, comenta. Para la central blanquiazul, la exposición del torneo no solo beneficia a los clubes, sino también a las propias jugadoras, que hoy encuentran más espacios para mostrarse y construir una carrera profesional dentro del deporte. “Antes eso no pasaba”, añade.

Diana de la Peña e Ysabella Sánchez durante la sesión fotográfica de Somos en Matute, ante la imagen del Señor de los Miagros. (Foto: Elías Alfageme)

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Chabela escucha atenta y asiente. La matadora sonríe cuando la conversación gira hacia la relación con los hinchas, uno de los fenómenos que más las sorprendió durante esta campaña. En gran medida, el crecimiento del vóley también se refleja ahí: en tribunas llenas, fanáticos esperando fotos al final de los partidos y una comunidad que acompaña al equipo incluso fuera de la cancha. “Es bonito ver que ahora el vóley mueve tanto y que la gente está pendiente de nosotras”, comenta Ysabella. Esa cercanía, admiten, también termina convirtiéndose en una responsabilidad.

Por eso, Diana y Chabela coinciden en que el mayor logro de esta temporada quizá no pueda medirse únicamente en sets o trofeos. También está en la gente que volvió a mirar el vóley peruano con entusiasmo y en un grupo de jugadoras que consiguió que este deporte vuelva a sentirse cercano, vigente y capaz de emocionar a todo un país.

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