Los dientes excesivamente blancos y el cabello engominado con desmesura lo delatan como figura pública. Su sonrisa -casi siempre cachacienta- y el porte pícaro de barrio fino que comulga con una personalidad abrumadora, lo hacen por lo menos querible. O lo hacían cuando a esa fórmula se le sumaba un fútbol de purito chocolate, ese que lo convirtió en el segundo novio del Perú. El primero era Gareca, después estaba Cuevita, Aladino y su “Cervecero” que hacía bailar a Carrillo y Lapadula.
Los dientes excesivamente blancos y el cabello engominado con desmesura lo delatan como figura pública. Su sonrisa -casi siempre cachacienta- y el porte pícaro de barrio fino que comulga con una personalidad abrumadora, lo hacen por lo menos querible. O lo hacían cuando a esa fórmula se le sumaba un fútbol de purito chocolate, ese que lo convirtió en el segundo novio del Perú. El primero era Gareca, después estaba Cuevita, Aladino y su “Cervecero” que hacía bailar a Carrillo y Lapadula.
Apenas años después de esa etapa de rockstar con la selección peruana, de esos años en que era el responsable de hacernos mundialistas, Cueva vive redimiéndose de sus excesos. Lo hace jugando al fútbol, que es lo único que sabe bien además de bailar y cantar cumbia.
Lo hace hoy en el Sport Boys del Callao, uno de los clubes de más historia en el Perú y el equipo más representativo del Primer Puerto. Ahí también encontró a su nuevo “Gareca”, un guía al que quiere, respeta y por el que se da íntegro: Carlos Desio.
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Christian Cueva contó que después de recuperarse de una lesión le hizo un pedido especial a Carlos Desio. Quería concentrar con su hijo. El técnico de Sport Boys aceptó y desde entonces el pequeño lo acompaña en esas horas que normalmente los futbolistas pasan lejos de su familia. “Esa energía y esa felicidad no la reemplazo por nada”, dijo Cueva. Esa escena trasciende lo anecdótico y ayuda a entender por qué este Aladino -esta versión más convencida de que aún puede- se ve y se siente distinto en el Callao.
Una de las razones por las que eligió Sport Boys fue precisamente estar cerca de sus hijos. Desio lo contó cuando explicó el buen momento del volante. “Lo veo contento, está cerca de sus hijos, que es lo que más quiere. Una de las elecciones que hizo de venir al Boys es para estar cerca de ellos. Está cómodo en el club”.
Fox Soccer recordó golazo de Christian Cueva ante Ecuador en la Copa América Centenario. (Foto by ALFREDO ESTRELLA / AFP)
/ ALFREDO ESTRELLA
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El entrenador también habló de un Cueva más tranquilo en su vida personal. “Está bien, está cómodo, está en pareja, está tranquilo. Eso es importantísimo, que la persona que tienes a tu lado te dé tranquilidad”.
En los últimos meses, incluso su vida fuera del fútbol tuvo una banda sonora distinta. Cueva se animó a cantar cumbia junto a Pamela Franco, grabó canciones con ella y hasta se presentó en vivo.
Ahora esa historia ocurre en el Callao, una ciudad donde la música y el fútbol siempre han estado mezclados. Cueva, que alguna vez se puso frente a un micrófono para cantar cumbia, llegó al puerto para jugar en un club cuya identidad está ligada a la calle, a la salsa, a la fiesta y a una camiseta que tiene memoria propia. Allí todavía aparece un nombre cuando se habla del último gran ídolo rosado: Carlos “Kukín” Flores. “Kukín” fue uno de esos futbolistas que pertenecieron al barrio tanto como al estadio. En el Callao lo siguen recordando como el “10 de la calle”, el jugador que podía entrar a cualquier zona del puerto y ser recibido con respeto. Con admiración.
Cueva no tiene una historia con Boys como la que tuvo Kukín. No nació futbolísticamente en el club ni construyó allí toda una carrera. Su relación con la camiseta recién empieza. Pero hay algo que los acerca en el imaginario rosado: la gente del Callao siempre ha tenido debilidad por los jugadores que se atreven, que piden la pelota y que juegan con algo más que el libreto. Cueva está intentando ganarse ese lugar ahora, con otra edad, otro cuerpo y otra vida. El gol que le dio el triunfo ante Deportivo Garcilaso fue otro paso en esa dirección.

Christian Cueva (Crédito: Jesús Saucedo).
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Desio conoce a Cueva desde Santos, donde trabajó como asistente, y después volvió a dirigirlo en Cienciano. Lo quería para Boys incluso antes de que se concretara su llegada. En mayo ya hablaba de él como un futbolista capaz de darle otra dimensión al equipo. Cueva también sabía con quién se iba a encontrar. La relación venía de antes y eso ayudó cuando llegó el momento de volver a empezar.
El comienzo no fue sencillo. Cueva debutó con Boys y poco después tuvo que parar por una lesión. Durante la recuperación, según contó el propio Desio, el jugador insistía para volver. “Está toda la semana que me mete presión”, dijo el técnico cuando explicó las ganas que tenía Cueva de regresar. Esa insistencia también forma parte de esta etapa. Ahora hay un futbolista que quiere jugar, que quiere sentirse útil y que parece haber recuperado el entusiasmo por competir.
Después llegaron los partidos que fueron cambiando la conversación. Cueva participó en la goleada sobre Cienciano, habló nuevamente de la selección y siguió sumando minutos con un Sport Boys que se metió en la pelea del Clausura. Desio no necesitó grandes explicaciones para defenderlo. “A Christian no hay que resucitarlo, cuando le das la confianza la calidad siempre está”. Cueva, mientras tanto, trabaja para seguir mejorando físicamente. Su pareja, Pamela Franco, también destacó recientemente ese cambio. “Lo veo súper bien, está muy concentrado mejorando en su estado físico, en su tema también emocional”, dijo.
La selección vuelve entonces a aparecer con claridad. Cueva sabe que todavía necesita sostener este nivel y seguir mejorando físicamente, pero tampoco esconde la ilusión. El objetivo inmediato es Boys y el resto tendrá que llegar como consecuencia de sus actuaciones. A los 34 años ya no puede vivir de la memoria de Rusia 2018 ni de aquellos partidos en los que parecía que cada pelota podía terminar en una jugada de gol. Necesita continuidad. Necesita sentirse importante. Y eso es justamente lo que Desio está intentando devolverle.
Ahí aparece, inevitablemente, el recuerdo de Ricardo Gareca. El argentino fue quien convirtió a Cueva en uno de los nombres centrales de la selección que llegó al Mundial de Rusia. Ahora Desio intenta recuperar a aquel futbolista desde otro lugar y en otras circunstancias.
La comparación no significa que las historias sean iguales. Hay una coincidencia, sí: ambos entendieron que Cueva necesita confianza para jugar como sabe. Gareca lo hizo con la camiseta de Perú. Desio lo está haciendo en el Callao, entre concentraciones compartidas con su hijo, sesiones para mejorar su estado físico y una hinchada que todavía sabe reconocer a un jugador cuando la pelota empieza a obedecerle. Cueva llegó a Boys para volver a jugar. En el camino está volviendo a sonreír. Y en el Callao, donde la salsa puso ritmo a tantas historias y Kukín dejó una huella difícil de borrar, Aladino acaba de empezar la suya.
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