jueves, septiembre 24

Thiago Kosloski llegó a la selección Sub-20 con una idea que va más allá del resultado, aunque sabiendo que el resultado influenciará drásticamente en la percepción de su trabajo. En junio último, en entrevista con El Comercio, explicó que había encontrado en el futbolista peruano condiciones técnicas, gusto por la pelota y capacidad para asociarse, pero también una deuda en intensidad, fuerza, velocidad y comportamiento sin balón. Su propuesta apunta a conservar aquello que identifica al jugador peruano y agregarle herramientas para competir en otro nivel. Cuatro partidos en los Juegos Suramericanos permiten comprobar cuánto de ese discurso ya aparece en la cancha. Perú perdió 0-2 ante Colombia, venció 2-0 a Chile, derrotó 2-1 a Panamá y cayó 0-1 ante Argentina en una semifinal que se le escapó a los 89 minutos. Hoy, es posible un primer balance y la enumeración de cinco conclusiones a horas del partido con Chile por la medalla de bronce.

Chile fue la actuación que más se acercó a esa idea. Perú presionó mejor, recuperó más arriba y consiguió que el partido se jugara lejos del arco de Fabrisio Mesías. Piero Cari abrió el marcador a los 48 minutos y José María Mellán amplió siete después. Hubo intensidad para recuperar y luego capacidad para aprovechar el espacio. No fue un equipo obsesionado con tener la pelota por tenerla. La utilizó para avanzar y, cuando la perdió, intentó recuperarla rápido. Es probablemente la versión más reconocible del fútbol que Kosloski dice querer instalar.

Panamá ofreció otra lectura. El partido fue más trabado, hubo más disputa física y Perú tuvo que convivir con momentos en los que el rival lo llevó a jugar directo. Jonathan García marcó en el tiempo añadido del primer tiempo y Gerson Castillo puso el 2-0 a los 75 minutos. Panamá descontó y apretó en el cierre, pero Perú sostuvo la ventaja. Esa capacidad para ganar un partido que no siempre pudo controlar también forma parte de la transformación que busca Kosloski. El entrenador insiste en que sus jugadores deben aprender a competir contra rivales diferentes y no depender exclusivamente de la superioridad técnica.

La derrota ante Colombia, en cambio, mostró el punto de partida. Perú perdió 0-2 y tuvo dificultades para controlar el partido. La respuesta posterior fue más importante que el tropiezo inicial. Kosloski había pedido justamente una generación acostumbrada a enfrentarse a rivales de exigencia internacional. En Santa Fe tuvo a Colombia, Chile, Panamá y Argentina en apenas unos días. El torneo terminó demostrando que Perú puede cambiar su comportamiento entre un partido y otro. Lo que todavía no está resuelto es cuánto de esa adaptación responde a una identidad propia y cuánto a las necesidades de cada rival.

La semifinal ante Argentina es el partido que más obliga a revisar el discurso. Kosloski eligió un Perú más conservador. El equipo cerró espacios, retrocedió sus líneas y buscó proteger el centro. Argentina tuvo mayor posesión y llevó el juego hacia el campo peruano. La estrategia defensiva funcionó durante casi todo el encuentro, pero tuvo un precio: cuando Perú recuperaba la pelota, le costaba encontrar una salida y todavía más llegar con gente al área rival. El 0-0 resistió hasta el minuto 89, cuando Santiago Espíndola aprovechó un rebote -producto de un despeje al centro- y marcó el único gol.

Defender ante Argentina no contradice necesariamente la filosofía de Kosloski. Él mismo ha explicado que quiere un equipo capaz de adaptarse al rival. El problema aparece en el paso siguiente. Su propuesta también contempla movilidad con pelota, generación de ventajas y presencia de varios futbolistas en zona ofensiva. Ante Argentina esa parte desapareció casi por completo. Ratoneamos.

Perú consiguió defender, pero no logró transformar sus recuperaciones en ataques sostenidos. La selección resistió más de lo que jugó: jugamos al empate, a los penales, renunciamos a ganar .

Perú cayó 1-0 ante Argentina en semifinales (Crédito: Pedro Monteverde, COP).

/ PEDRO MONTEVERDE

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Fabrisio Mesías fue una de las razones por las que pudo hacerlo. El arquero tuvo intervenciones importantes y sostuvo el empate hasta el tramo final. Para un proyecto que pretende elevar la intensidad y asumir riesgos, tener un guardameta capaz de responder cuando la presión supera a la primera línea defensiva resulta fundamental. Mesías todavía está en formación, pero el torneo dejó una razón concreta para seguir su evolución. También dejó una pregunta: cuánto podrá crecer un arquero de este perfil si empieza a competir regularmente en un contexto de Primera División.

Porque ese es el otro gran asunto que deja Santa Fe. Esta generación todavía no tiene una presencia consolidada en la Liga 1. Piero Cari pertenece a Alianza Lima y fue capitán de Perú; otros integrantes de la convocatoria pertenecen a clubes importantes del campeonato, pero ninguno llega al torneo como un futbolista instalado en la máxima categoría. Kosloski ya había advertido sobre este problema. Para él, entrenar con un plantel profesional no reemplaza la experiencia de jugar partidos. El jugador necesita competir, equivocarse, soportar presión y acumular minutos.

Ahí el mensaje del brasileño apunta directamente hacia los clubes. La selección puede detectar talento, reunirlo en microciclos y llevarlo a torneos internacionales. No puede solucionar por sí sola la falta de minutos durante todo un campeonato. Kosloski ha hablado de profesionalizar las estructuras de formación, mejorar la captación y encontrar perfiles físicos y futbolísticos que permitan al Perú competir en otro escenario. Santa Fe terminó convirtiéndose, involuntariamente, en una demostración de ese diagnóstico.

La lectura tampoco puede hacerse únicamente con los 19 futbolistas que viajaron a Santa Fe. Kosloski no tuvo a varios jugadores que están vinculados con clubes europeos. Felipe Chávez, Marco Andrealli, Rafael Guzmán, Alonzo Vincent, Nicolás Cairo, Alberto Velásquez y Philipp Eisele quedaron fuera de la convocatoria debido a que Odesur no es parte de la FIFA y convocar jugadores de fuera es más difícil.

La ausencia de este grupo es relevante porque el técnico ha insistido en ampliar el universo de observación y en seguir a futbolistas que tienen formación en academias y clubes del extranjero.

Felipe Chávez fue presentado en Magdeburg: el nuevo reto del peruano cedido por Bayern Múnich. Foto: Instagram

Felipe Chávez fue presentado en Magdeburg: el nuevo reto del peruano cedido por Bayern Múnich. Foto: Instagram

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Hay además nombres que ya forman parte de la conversación del proceso aunque no hayan estado en este torneo. Maxloren Castro es el caso más evidente. Kosloski lo señaló como el mejor futbolista que había visto durante sus primeros meses de trabajo y el atacante ya tiene experiencia con la selección mayor. Piero Cari, por su actuación ante Chile y su condición de capitán, aparece entre los jugadores que deberán mantener seguimiento. Mesías también se ganó ese derecho. Mellán, Castillo y García dejaron sus goles. Ninguno tiene asegurado un lugar en la selección adulta, pero todos han añadido argumentos para continuar en el radar.

El objetivo final, en realidad, está más arriba. Kosloski no quiere que esta generación termine simplemente con una medalla o una buena actuación en un torneo juvenil. Su proyecto apunta a que algunos de estos futbolistas lleguen a la selección de Mano Menezes y puedan convertirse en alternativas para el equipo absoluto. Para eso necesitarán algo que Santa Fe todavía no puede proporcionarles: continuidad profesional, competencia internacional y años de evolución.

Todo eso amerita tiempo, justo el factor que le juega en contra.

Y es que el verdadero reto de Kosloski es el Sudamericano Sub 20 que se disputará en enero próximo, torneo donde Perú ha sumado cero puntos en las últimas dos ediciones.

Kosloski ya consiguió que aparezcan algunas de las características que reclama: intensidad para recuperar, capacidad de reacción, mayor disciplina táctica y disposición para competir partidos diferentes. También quedó expuesto lo que todavía falta. Contra Argentina, cuando el rival obligó a Perú a defender durante largos períodos, la selección perdió buena parte de su capacidad ofensiva. Y fuera de la cancha permanece el problema de siempre: muchos de estos futbolistas todavía necesitan jugar más en Primera y otros, como los que están en Europa, deben incorporarse al proceso.

Santa Fe, entonces, es una primera fotografía, aunque aún medio borrosa. La idea de Kosloski no pasa por borrar el fútbol peruano, sino por hacerlo más competitivo. El talento con la pelota sigue siendo el punto de partida. La presión, la movilidad, el físico, la velocidad de ejecución y la capacidad para soportar partidos de alta exigencia son los elementos que intenta agregar (y que posiblemente solo se logre en tiempo récord con la legión extranjera, los eurocausas). Ante Chile se vio buena parte de esa fórmula. Ante Argentina apareció el límite -o las limitaciones-. El siguiente paso será conseguir que el Perú que presiona y compite pueda ser también el Perú que, cuando recupera la pelota, tenga argumentos suficientes para llegar con eficacia al arco contrario.

Solo entonces habremos dado ese primer gran paso: la evidencia del proceso en los resultados.

SOBRE EL AUTOR

Es subeditor de Deporte Total y contenido transversal del diario El Comercio. Fue Jefe de la Zona Deportiva de Grupo El Comercio. Se inició como periodista en el 2009 en diario Correo. Ha sido editor digital, editor general y director periodístico del diario EL BOCÓN, también editor general de diario DEPOR. Enviado especial al Mundial Brasil 2014. Ver más
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